2012-01-08 19:01 FC Barcelona Por: Administrador

Ferran Soriano, de delfín a golpista (I)



Ferran Soriano, vicepresidente económico, no sólo se convirtió en el número dos de Laporta tras la traumática marcha de Sandro Rosell, sino que se situó en la pole position para liderar la prolongación del laportismo sin Laporta hasta que en 2008, tras la moción de censura de Oriol Giralt, entendió que su continuidad junto a Laporta sólo podría restarle votos de cara a su gran ambición personal depositada en las elecciones de 2010. Si Sandro Rosell fue el encargado de poner en marcha el círculo virtuoso buscando los refuerzos que debían dar vida a un gran equipo en el terreno de juego, Ferran Soriano tenía se ocupó inicialmente de cuadrar los números. Al final acabó tocando todas las teclas hasta que Laporta entendió que había que pararle los pies.
Formaba parte de ese grupo de directivos que le iban a dedicar al club los mejores años de sus vidas. En su caso llegó incluso a destinar la primera temporada de mandato a ejercer como director general abandonando sus actividades profesionales. Luego le daría el relevo a Anna Xicoy, que llegaba al club, después de haber trabajado en Menta,  avalada por Juan Echevarría, suegro del presidente. Y es que se había extendido entre la directiva la convicción de que había que dejar paso a los profesionales una vez el club estuviera encarrilado en la dirección correcta en términos financieros.

No le da cancha a Xicoy
Pero en realidad Soriano continuó acaparando todo el protagonismo de su parcela ante la asamblea y frente los medios de comunicación. Mientras tanto, la ejecutiva Xicoy permanecía en un oscuro segundo plano, lo que confirmaba la teoría de que el plan de potenciar a los profesionales nació para ser aplicado exclusivamente a Sandro Rosell, de quien preocupaba el alza constante de su protagonismo mediático y su aceptación popular reflejada en las encuestas para desasosiego del “establishment”. A Rosell le obligaron a delegar en Txiki las cuestiones de ámbito deportivo, las más golosas. Soriano, sin embargo, ejerció hasta su adiós el papel que se le negó a Rosell. Begiristain era quien informaba en las asambleas y ante la prensa sobre las cuestiones deportivas. Xicoy, en cambio, permanecía oculta en la sombra cediendo todo el primer plano de la gestión económica a su jefe.

Lecciones a la oposición
Ya en la campaña electoral de 2003 Ferran Soriano sacaba a relucir su innata soberbia regalando lecciones de ingeniería financiera a los demás candidatos, a quienes acusaba de no haber hecho los deberes en el tema de la publicidad. Cinco años después se fue del club sin ni siquiera haber empezado los deberes después de mentir al socio con una ligereza pasmosa ofreciendo esperanzas sobre sponsors fantasmas que jamás llegaron a concretarse, de la misma manera que su imaginativo business plan sobre los grandes beneficios que iba a reportar el fichaje de David Beckham quedó en eso, en puro humo. Y humo es lo que fue vendiendo Soriano a lo largo de su trayectoria en el Barça, en la que se benefició de antiguas operaciones firmadas por Núñez que simplemente tuvieron que ser actualizadas de acuerdo con los tiempos que corrían.



Los sobres de Reyna
Poco después de llegar al poder, Ferran Soriano despreciaba los famosos sobres de Enric Reyna en los que se ofrecía un abanico de soluciones para liquidar las deudas del club. “No nos gustó su propuesta de venta de patrimonio”, decía. Luego, amparándose en la engañifa de la “transformación de patrimonio”, se sumó al visto bueno unánime de la directiva para vender los terrenos de Can Rigalt. Había que cuadrar los balances a costa de una de las operaciones más rentables realizadas por Núñez. No gustaba que Reyna propusiera la venta de patrimonio. Pero lo mismo hecho por ellos quedaba más fino, porque no se trataba de una venta, sino de transformación de patrimonio.

No levantan las alfombras
Estamos haciendo un ejercicio de transparencia que ninguna otra junta ha hecho antes”, decía Soriano a poco de aterrizar en los despachos del Camp Nou. La modestia nunca fue su fuerte. Y, eso sí, siempre sacando pecho. Es fácil entender la excelente sintonía que mantuvo en los primeros años de mandato con el presidente. Como ellos no había nadie. Ese tono de altivez fue una constante en su trayectoria desde la convicción de que sin ellos el club se habría visto abocado a la ruina más absoluta, porque sólo ellos y nadie mas que ellos podían sacarlo de la miseria.
Lo primero que hizo Soriano al llegar al club fue deshacerse alegremente, con beneficio contable cero, de una serie de jugadores pendientes de amortización (Christanval, Geovanni, Rochemback, De Boer, Mendieta, Sorín, Alfonso, Dani, Andersson y Enke), cargándole a la gestión de Gaspart una deuda que no le correspondía. Esa fue una de las fórmulas mágicas para liquidar la primera temporada con déficit cero. La deuda heredada se infló de la noche a la mañana en 63, 8 millones, hasta llegar a 169,4 millones. Así sería más fácil vender luego como un éxito la obtención del déficit cero cuando en realidad no se había hecho más que eliminar sin ingreso alguno cargas de jugadores que ya no interesaban y a los que no supieron buscarle un rendimiento económico con una venta provechosa. Ante eso Gaspart no sólo aceptó la jugada sino que incluso decidió mostrarse como el más fervoroso de los laportistas abrazándose a él en cuanto veía una cámara delante. Daba la sensación de que la junta, en señal de agradecimiento, echaba tierra sobre la famosa Due Dilligence que debía servir para levantar las prometidas alfombras del pasado. Gaspart no sería investigado a cambio de cargar gratuitamente con el exceso de peso de la mochila económica que dejó en herencia a Laporta.

La Due Dilligence
Curiosamente, no se levantó ninguna alfombra, aunque Soriano asegurara que “si vemos alguna irregularidad lo denunciaremos”. Pese a las demandas por vía judicial cursadas por varios socios sobre este asunto, la Due Dilligence de aquella época sigue siendo tema tabú a día de hoy. “No podemos hacer públicas informaciones confidenciales sobre los contratos de los jugadores”, sostenía Soriano para justificar el oscurantismo. Sin embargo, había jugadores y jugadores. Si se trataba de Javier Saviola, por ejemplo, al que había que darle un escarmiento por no plegarse a la voluntad de la directiva, no había ningún problema para filtrar a los medios afines la fotocopia de su contrato, en donde aparecían con pelos y señales todas las cláusulas y emolumentos, incluido su número de cuenta bancaria. En este caso, claro, la filtración se convertía en una gran exclusiva periodística del sagaz informador. Ese era el periodismo de investigación que tanto gustaba a Laporta.



Ni una palabra sobre la subida de abonos
En los últimos días de la campaña electoral que le abrió las puertas del club, Soriano afirmaba ufano en La Vanguardia que “disminuiremos los gastos reduciendo la masa salarial de los jugadores y de los ejecutivos”. La masa salarial de los futbolistas subió por las nubes y la nómina de empleados se triplicó con respecto a la anterior junta. Poco después afirmaba en El Periódico: “La deuda es insostenible. Se han de equilibrar ingresos y gastos y tenemos un plan para hacerlo el primer año”. Ni una palabra, claro está, de la mágica fórmula de la subida despiadada de un 40% en las cuotas de los abonados. Ese era un plan mediáticamente impopular que convenía mantener en secreto, no fuera a ser que un error de transparencia mal entendida les impidiera acceder al poder.

Los ingresos más altos de la historia
Ferran Soriano tuvo desde el primer momento una especial obsesión por demostrar el constante crecimiento del club gracias a su brillante gestión. Se atrevía incluso a sostener demagógicamente que “este año hemos tenido los ingresos más altos de la historia del club”, como si los ingresos de 2006 pudieran ser comparables a los de Llaudet en la década de los sesenta. No decía nada, en cambio, sobre los gastos, también los más altos de la historia. Y le encantaba compararse con los demás clubs grandes de Europa. Para ello utilizaba una clasificación de riqueza elaborada por la compañía auditora “Deloitte and Touch” en la que en lugar preferente del cuadro de honor podía aparecer, por ejemplo, el Leeds United, un club que debía en 2004 135 millones de euros a sus acreedores y que vivía al borde de la bancarrota. Pero él recurría a la lista constantemente para recordar que “tenemos a tiro al Manchester” o que “hemos superado a la Juventus”. De que el Real Madrid siguió siempre por delante en la clasificación de balances nunca se dio por enterado.

“No haremos fichajes-parche”
Otra constante en la trayectoria de Ferran Soriano en el Barça fue su predisposición a convertirse en la imagen y la voz del club. Para todo tenía opinión y hablar más de la cuenta de lo que no dominaba le jugó más de una mala pasada. Una muestra: 11 de diciembre de 2003. Soriano declaraba a La Vanguardia: “No estamos dispuestos a realizar fichajes-parche en diciembre”. Horas más tarde Laporta presentaba su fichaje-parche, Edgar Davids, y regalaba al mundo su célebre frase “que n´aprenguin”. ¿A quién iba dirigida? ¿A su vicepresidente económico, quizá? El “fichaje-parche”, tocado por la varita mágica de Laporta, se convirtió  automáticamente en “fichaje mediático”.

Posicionamiento en el mercado turco
Otra muestra que raya la comicidad. La Vanguardia explicaba el 20 de junio de 2003: "Soriano piensa que esa imagen que transmite Rustu es un activo que hay que aprovechar. Es por eso que le han recomendado que ni piense en cortarse la cabellera y en suavizar su aspecto de toda la vida por venir a jugar al Barcelona. Al contrario, le han sugerido que lo potencie para vender mejor el producto. En esta línea el propio Soriano explica que Rustu es un jugador de gran carácter que ya les ha comunicado su intención de integrarse a la cultura azulgrana e incluso asistir a clase para aprender catalán". Y añadía Soriano: “Además, nos posicionaremos en el mercado turco”. Siempre dispuesto a descubrir la sopa de ajo, Soriano volvía a meterse él solito en un charco. El activo de Rustu no fue aprovechado ni deportiva ni económicamente. Ni aprendió catalán ni castellano. Ni se integró en el vestuario ni mucho menos en la sociedad catalana. Aún se recuerda la anécdota que explica cómo Rijkaard tuvo que esperar 24 horas para hablar con él porque su intérprete no se encontraba en la ciudad. Buen ejemplo de integración. Por supuesto, del posicionamiento del club en el mercado turco nada se supo nunca. Humo, puro humo.

Patrocinador el primer año
Cosas de Soriano, que por esas fechas también se lanzaba a decir que “esperamos encontrar el partner correcto para que este mismo año llevemos publicidad en la camiseta”. Lo esperaban. Sólo lo esperaban. Laporta cerró su segundo mandato sin haber encontrado ese partner. Siete años duró la broma del sponsor de pago, porque incluso lo siguieron buscando sin éxito con UNICEF ya presente en las camisetas.

Cuatro tipos de contrato
Podía leerse a Soriano en Sport el 25 de julio de 2003: “Habrá cuatro tipos de contrato: el de los cracks, el de los jugadores excelentes, el de los muy buenos y el de formación. En tres años toda la plantilla estará recogida en estos criterios”. En tres años, Ronaldinho, que tenía contrato de crack cuando llegó, vio mejorados tres veces sus ingresos. Algo parecido sucedió con Messi y con otros jugadores, como Eto´o o Deco. O sea, que de los cuatro contratos iniciales pasamos a cinco, seis, siete, ocho…¿nueve? Poco más o menos, lo mismo que sucede en el resto de los clubs gestionados por simples mortales que no se benefician de la inspiración divina. De lo que no hablaba Soriano es del tipo de contrato que tendrían aquellos jugadores, tipo Maxi López, Albertini, Gudjhonsen, Henry, Thuram, Zambrotta, Hleb, Cáceres, Henrique o Keirrison, que ni eran cracks, ni eran excelentes, ni eran muy buenos ni estaban en formación; eran futbolistas que, simplemente, no tenían nivel para estar en el FC Barcelona.

La pesada mochila
El Periódico del 23 de octubre de 2003 abría sus páginas a los lamentos de Ferran Soriano: “Hemos recogido una mochila que pesa demasiado y que no nos deja caminar”. Y eso que en julio estaba encantado cuando decía que “el club está ordenado, hasta ahora no nos hemos encontrado sorpresas porque durante las elecciones ya hicimos un amplio análisis de la situación”. El problema para Soriano era que la mochila incluía pagos fraccionados, como el de los fichajes de Bodiroga, Saviola, Overmars o Riquelme, similares a los que se encontró la directiva de Rosell cuando Laporta abandonó el cargo. Acuerdos con jugadores, con Nike y con Mediapro. De lo que no hablaba Soriano es de que en esa mochila también estaban los Valdés, Puyol, Xavi, Iniesta o Messi, que serían la base de los éxitos futuros, o un equipo de baloncesto campeón de liga, de copa y de la Euroliga. Eso a él no le interesaba.

Marcamos el camino a los demás”
"El Barça se está convirtiendo en pionero en España y Europa en una reestructuración económica seria y sostenible”, decía en El Periódico en enero de 2004.  Los demás hasta ese momento, por lo visto, no eran ni serios ni sostenibles. Estaban esperando a que llegara Soriano para enterarse de qué iba la película del negocio del fútbol. Un auténtico canto a la modestia: conmigo se hizo la luz. Y para demostrarlo, otra perla aparecida en Sport por esas fechas: "Estamos marcando el camino en la gestión de la industria futbolística que en los próximos dos años seguirán el resto de los clubs". La suerte la habían tenido los demás por haber encontrado la luz que les iba a iluminar y guiar. Lo que no quedó claro es si lo que se trataba de implantar era la autogestión en el vestuario o la autocomplacencia entre técnicos y directivos, que de eso hubo, y mucho, durante su estancia en el club.

“El mercado está deprimido”
El 28 de enero de 2004 Soriano decidía por su cuenta y riesgo que “el mercado está deprimido. El precio del jugador estrella está cayendo, pero pocos clubs podrán fichar como nosotros”. Ese mismo día el Sevilla desestimaba la oferta del Barcelona de 15 millones de euros por Reyes y traspasaba al jugador al Arsenal por 30. El mercado estaría deprimido, pero el Arsenal parecía eufórico ofreciendo cifras fuera del alcance del Barcelona en esa época. Le volvió a fallar el olfato a Soriano que, una vez más, se equivocó con otra de sus solemnes sentencias de andar por casa. El mesías redentor e innovador de las finanzas aún no lo sabía todo sobre este negocio.

“Los otros hacen trampas”
Más Soriano en estado puro. Informaba El Periódico en enero de 2004 que “la asistencia al campo ha bajado un 6% respecto al año pasado (797.000 por 747.000 en la primera vuelta)”. Es decir, que las entradas en el Camp Nou en la peor temporada de Gaspart fueron mejores que las del primer año del ilusionante Laporta. Eso no lo podía encajar bien Soriano, que, por supuesto, tenía su explicación lógica. Los otros hacían trampas. Sólo así, por lo visto, era posible mejorar sus números. “Es una cifra con trampa, ya que se calculaba la asistencia añadiendo un 20% a las cifras que daban los tornos. Este año el método es más fiable, ya que se ha reducido el fraude. Por eso calculamos que la asistencia ha aumentado en 13.000 personas por partido”. Una excelente manera de manipular la información en beneficio propio. De 3.300 menos pasamos a 13.000 más porque ésa es la voluntad de Soriano o… “por la gracia de Dios”. Ni 12.000 ni 14.000. 13.000. Ni un 18% ni un 22% de trampa. Un 20%. Sorprende, sin embargo, la facilidad con la que Soriano recurría a las palabras “trampa” y “fraude” referidas al anterior equipo gestor y el nulo interés que mostró la directiva de Laporta, la suya,  por cumplir su promesa de levantar las alfombras de verdad y poner al descubierto todas esas trampas y fraudes que pudieran haberse cometido en el pasado. Para Soriano las trampas sólo existían con la boca pequeña. El socio habría agradecido, y mucho, que, de haber existido trampas y fraudes, la directiva de la transparencia lo hubiera denunciado tal y como prometió cuando utilizó esta baza de forma implacable para buscar votos. No basta con hablar de trampas, hay que probarlas. Y si Gaspart hizo trampas con lo tornos, era obligación de Soriano denunciarlo y probarlo… o callarse.

MAÑANA, PRÓXIMO CAPÍTULO

Ferran Soriano, de delfín a golpista (II)

Jugar a las cinco de la tarde /Fracaso del Seient LliureAumento de abonos /Hasta presume de gastar más en seguridad / Eliminada la reventa y el fraude electoral / Le cambian los colores y el nombre al club / Sponsor por 15 millones / No pierden dinero. Dejan de ingresar / El desprecio de Henry /  Revisión de contratos / Renovaciones descontroladas / El perjuicio de las giras /

 

 

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