2014-03-23 11:03 FC Barcelona Por: Administrador

Figo, el impresentable "embajador" de pacotilla



Pedro Riaño

Luis Figo está en su derecho de no querer hablar con la prensa catalana. Igual que ni la prensa ni los aficionados catalanes ni le han perdonado ni le perdonarán su sucia traición, él tiene todo el derecho del mundo a no perdonar lo que tuvo que oír y leer tras ejercer el papel de Judas cogiendo la bolsa y corriendo a Madrid.



Hasta ahí todo perfecto. Ni Figo volverá a ser feliz pisando suelo catalán ni los barcelonistas recuperarán el respeto y veneración que un día sintieron por él. Las vidas de unos y otros siguen y transcurren de forma paralela, sin tocarse, manteniendo los rencores y el odio mútuo.

Por eso sorprende que Figo, que donde hay dinero pone la mano, haya aceptado el nombramiento de la UEFA para el cargo de "embajador" de la Champions League. Nunca debió aceptar, entre otras razones porque no sirve para prestigiarlo. Un embajador debe generar buen rollo, debe llevarse bien con todo el mundo, debe enaltecer con su persona el prestigio de lo que representa. Y en el caso de Figo no se da ninguna de esas circunstancias. Si Figo no quiere hablar con la prensa catalana -que está en su derecho, faltaría más-, que se dedique a ser embajador del Real Madrid, del Inter o del Polvoritense, pero nunca de la UEFA, que es de todos, también del Barcelona. Un embajador de la UEFA, que debe generar simpatías hacia lo que representa, no puede moverse en base al rencor y el odio que le atenaza.

Si el odio que siente hacia los medios catalanes es superior a sus fuerzas, es que no sirve, es que hace mal su trabajo y tiene que dimitir. La UEFA no puede tener a un "embajador" impresentable que traslada el odio a su trabajo. Si no quiere hablar con la prensa catalana, perfecto. Pero si acepta el cargo de la UEFA está obligado a hablar con todos, incluso con la prensa catalana. Y si la UEFA permite el veto, estará ofreciendo una señal más de que su connivencia con el Real Madrid de Pérez es algo más que una suposición. Si el odio perdura en él, que se deje de embajadas y siga con su veto hacia Catalunya pero en su propio nombre, no en el de la UEFA.



Luis Figo tiene que dimitir. O ser cesado. No sirve para embajador alguien que se mueve por el sectarismo y el rencor. La UEFA no puede nombrar embajador a un sujeto que odia al club que más prestigio le ha dado y más gloria ha conseguido en base a la puesta en práctica del juego limpio. El juego sucio queda reservado para la propia UEFA, que aceptando en su organización a un tipo que juega sucio, se convierte en cómplice del rencor, el odio y la mala educación que destila el tipo en sus actos.

Se entiende que el Madrid pague a traidores y convierta a un tipo como Figo en uno de sus símbolos. Eso va con los valores tradicionales que caracterizan al club madrileño. Normal. Pero la UEFA somos todos. También el FC Barcelona y no hay ninguna necesidad de soportar a un sujeto de comportamiento indeseable. Como madridista, que vete a quien le dé la gana. Como embajador, tiene que estar al servicio de todos. Y si no, que lo deje. ¡Menudo embajador!

 


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