2013-07-25 11:07 FC Barcelona Por: Administrador

Frío y tenso. Así se comportó Pep con los que fueron los suyos



Pedro Riaño

Por supuesto, Pep Guardiola fue muy educado con la expedición del FC Barcelona. Muy educado y nada cariñoso. Normal, a fin de cuentas a Pep nada le liga al FC Barcelona y ahora es un profesional que se debe a un club, el Bayern de Múnich, que está llamado a competir con el Barcelona por la Champions League.



Pero se supone, o al menos el barcelonismo así lo entiende, que el Barça no es para Guardiola un simple ex equipo. Se suponía que, independientemente de dónde trabaje, el Barça es su club, su club de toda la vida. Y la mayor parte de los respresentantes del Barça ayer en el césped y en el banquillo son suyos, gente que él ha colocado ahí y con los que ha compartido los mejores y más gloriosos años de su vida.

Las luchas intestinas por el poder en el Barça, que han colocado a Pep en la trinchera de Laporta y apuntando su munición contra Rosell, le han alejado del pedestal en el que le tenía expuesto el barcelonismo. Si defraudó a todos con su rueda de prensa fuera de lugar como técnico del Bayern  para despotricar contra Rosell y Tito, tampoco convenció su actuación de ayer en Múnich saludando friamente a Jordi Roura y a los jugadores del Barcelona como si se trataran de Mourinho y el Real Madrid. Nada que ver con la complicidad que mostró en todo momento Thiago con sus ex. Pisiblemente a Pep ya no le quedan complicidades en el Barça.

Pep intentó no coincidir con el staff técnico blaugrana, saltó al terreno de juego segundos antes de iniciarse el partido y se limitó a ofrecer su mano uno por uno a los presentes allí. Con prisas y sin calor.



Guardiola ha perdido el feeling con el Barça y el Barça empieza a perderlo con él. Seguramente porque este no es su Barça, ni el de sus amigos.


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