2014-04-29 16:04 FC Barcelona Por: Administrador

Funeral por Tito: ¿Y Johan Cruyff? Ni está ni se le espera



Joan Tubau

Es así de triste, pero es lo que hay. Está más cerca de Tito Vilanova Emilio Butragueño que Johan Cruyff. Las fuerzas vivas del barcelonismo se dieron cita ayer en la catedral de Barcelona. Hasta se pudo hacer la foto imposible: los siete presidentes del Barça vivos, juntos. Allí estaba Núñez compartiendo banco con Laporta. Rosell, codo con codo con Laporta. Juntos y revueltos porque el momento merecía la pena. Allí estaban todos. Todos menos Johan Cruyff, el tipo que aspira a ser presidente de honor del FC Barcelona y que carece de la más elemental sensibilidad para formar parte de la masa, como uno más, en el último adiós a Tito.



Y es que a Johan Cruyff no les gustan las aglomeraciones en las que el protagonista no es él. Es el primero que se pone en la cola cuando hay que recaudar fondos para su Fundación a costa del bolsillo de los socios. Y es el último cuando se trata de vivir el barcelonismo de verdad, con compromiso. Es capaz de coger un vuelo en El Prat rumbo a Amsterdam una hora antes de que se juegue en el Camp Nou un Barça-Madrid. Es capaz de huir a Kuala Lumpur para poder decir luego que no vio el 3-4 del Bernabéu. Es capaz de decir, sin ruborizarse, que "en un Barça-Ajax, yo voy con el Ajax". Y aún así. se siente ofendido porque los estatutos del club no reconocen la figura de presidente de honor que se inventó Laporta para nombrarle a él a dedo.

Una persona que es incapaz de mostrar su sensibilidad barcelonista despidiendo a Tito Vilanova en su funeral, ni merece ser contemplado como aspirante a presidente de honor ni merece el título de barcelonista a secas. Seguirá enredando, moviendo la cola y generando desestabilización con la esperanza de colocar a sus amigos de nuevo en el poder. Pero su influencia no es más grande en el Barça que la de Beckenbuaer en el Bayern. Allí su amigo Guardiola sufre a su Cruyff particular. Aquí le toca al entrenador, al presidente y al equipo de turno. Sucede que ya no engaña a nadie. Él mismo se retrata con su propio comportamiento. Lo de anoche en la catedral era un acto para barcelonistas. Y ahí no estaba Cruyff. Sí estaba Butragueño, un señor.

¡Menudo presidente de honor! Sobre todo de honor.




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