2013-01-23 21:01 FC Barcelona Por: Administrador

Golpe de estado en el Real Madrid. ¡Mandan los jugadores!



Ha llamado mucho la atención que Jose Mourinho, un hombre metódico y detallista al que le gusta tenerlo todo controlado, no haya estado presente en la reunión que han mantenido los capitanes españoles del Real Madrid con su presidente, Florentino Pérez. Es un signo de la incompatibilidad evidente que existe entre las dos partes. Los jugadores han tomado las riendas y le han garantizado al presidente un futuro mejor, que incluye la conquista de La Décima, a cambio de su cuota de poder para hacer las cosas a su manera. Mourinho seguirá siendo el entrenador, el que manda, pero las directrices las marcarán ellos. Un golpe de estado en toda regla, Un disparo directo al centro del orgullo del técnico portugués.

El acuerdo al que han llegado los jugadores con el presidente blanco es que Mourinho se va a dedicar a hacer las alineaciones y poco más. Lo que debía ser un secreto, ha empezado a filtrarse a los medios (anoche lo descubría la Cadena Ser) y ya es vox populi. La autogestión de los jugadores se adueña del Real Madrid. Los modos y maneras serán marcados por los jugadores. Mourinho decidirá las alineaciones, los cambios y todo lo que concierna estrictamente a la función del técnico. Nada más. Luego, en el campo, estarán ellos, no el entrenador, y ahí serán ellos, y no el entrenador, quienes deberán sacar las castañas del fuego al Real Madrid.



Jose Mourinho está tocado y casi hundido. Esperando a que Florentino Pérez llame a su puerta para invitarle a marchar con un maletín de 20 millones de euros. Y mientras llega ese día, seguirá escondido por la vergüenza que le produce una situación que no es nueva para él. La vivió en el Barcelona hace quince años, cuando ejercía de segundo entrenador de Bobby Robson. Entonces, los jugadores se le amotinaron el técnico inglés por entender que sus métodos anticuados conducían al equipo al fracaso y que había que retomar el modelo de Johan Cruyff para salvar la temporada. Pep Guardiola, entonces el capitán del equipo, asumió la batuta secundado por Luís Enrique y Luis Figo, los pesos pesados de aquel vestuario. El Barça perdió la Liga por los pelos, pero ganó la Supercopa, la Copa y la Recopa de Europa.

Lo de ahora tiene más que ver con las formas que con el fondo. Los jugadores quieren cambiarle la imagen a un equipo al que Mourinho ha convertido en antipático. Los abucheos de la propia afición del Real Madrid han hecho mella en el técnico, al que se le ha agriado todavía más el carácter. Ha decidido dar un paso atrás y contemplar los acontecimientos con mayor perspectiva, sin saltar al ruedo. Y está molesto con sus jugadores. Se siente traicionado y ve en Casillas los mismos tics que apreció en Pep Guardiola cuando arengaba a sus compañeros en el vestuario del Camp Noumientras Bobby Robson asentía y él callaba.

Mourinho sabe que ya no tiene ascendencia sobre esta plantilla, como tampoco la tenía su maestro Robson en el Barça. Negarán la autogestión porque, efectivamente, las alineaciones, cambios y decisiones tácticas seguirán siendo suyas. Pero le han movido los muebles a Mourinho. Ya no es "The Special One". Su poder es de este mundo y es vulnerable. Tanto, que está en manos de sus jugadores. No contaba con reencontrarse en el vestuario del Bernabéu con el espíritu de Guardiola, del Guardiola futbolista que ya mandaba en el Barça cuando él era traductor/ayudante/auxiliar del entrenador.





 
 
 
 

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