2012-02-22 09:02 FC Barcelona Por: Administrador

Guardiola apunta a presidente del Barça



Los amigos de Punto Pelota quisieron aportar anoche su granito de arena al clima de desconcierto y preocupación que año tras año produce en el entorno del FC Barcelona la reticencia de Guardiola a cerrar su renovación cuanto antes. Pep prefiere esperar, que avancen los días para que el tema de su continuidad genere angustia a su alrededor, aunque eso pueda incluso perjudicar la armonía del vestuario. Necesita palpar en el ambiente indicios que le permitan prever cómo será el futuro inmediato en el club.

Cuando renovó el pasado año por estas fechas explicó que esperaba que con su firma los periodistas dejaran de preguntar a los jugadores por la renovación de su entrenador. Pues bien, a día de hoy no se habla de otra cosa con los jugadores y poco parece importarle al míster, pese a los diez puntos que separan a su equipo del Real Madrid. Es cierto que Pep no genera simpatía en la cúpula dirigente del club. Es cierto que Pep es herencia del pasado y que mantiene amistades peligrosas que no gustan ni a Sandro Rosell ni a sus hombres de confianza. Pero se le respeta. Rosell sabe que lo que le queda de mandato será cómodo si Guardiola sigue en el banquillo, pero puede convertirse en un vía crucis si debe buscarle un sustituto. El presidente podría inspirarse en la historia (la marcha de Johan Cruyff) para calibrar lo que puede pasar en el Barça postGuardiola. Es por ello que, aunque no exista un buen feeling entre el entrenador y el presidente, éste sabe que el crédito que se ha ganado a pulso Guardiola le permitiría a él afrontar sin despeinarse cualquier crisis de resultados que pudiera producirse en el futuro siempre y cuando Pep permaneciera a su lado.



Pero Guardiola está valorando si ha llegado ya el momento de dejar que Sandro Rosell navegue en solitario, que gestione el futuro de una plantilla que no puede ganar en el futuro más de lo que ha ganado en el pasado. Guardiola está analizando si debe salir ahora del club o esperar a que Rosell alcance el ecuador de su mandato para dejarle solo. Cuando eso ocurra, sea este verano o el próximo, Pep se enfrentará a dos retos.

Por un lado, una vez vivida la experiencia italiana como futbolista, probar en la Premier inglesa. A Pep le encantaría trabajar en Inglaterra, pero sólo lo haría para entrenar a un grande. Por ahí no tiene ahora los problemas que se encontró como futbolista, cuando ninguno de los grandes se interesó por él. Arsenal, Chelsea y Manchester United tienen sus puertas abiertas para él. Esta es la opción que más seduce a Pep.

Pero existe otra posibilidad que va madurando y tomando forma en el futuro inmediato del técnico blaugrana. Pep podría tomarse uno, dos o tres años sabáticos para preparar su asalto al poder en las elecciones de 2016, a las que no se presentará Sandro Rosell pero sí un candidato continuista que saldrá de la junta actual (la cosa está en Faus y Vilarrubí). Pep, que ya fue protagonista en las elecciones de 2003 navegando en la candidatura de Lluis Bassat como secretario técnico, abandonaría el banquillo para sentarse en el trono de la presidencia del club. Para ello, sería la cabeza visible de un auténtico "reagrupament" barcelonista en el que Pep intentaría aglutinar a las fuerzas vivas del barcelonismo de todos los sectores, aunque, evidentemente, bajo las directrices que marcarían Johan Cruyff y Joan Laporta, lo que descartaría al candidato continuista y a otros, como Agustí Benedito, que piensan acudir a las urnas luchando en solitario y bien alejado del apellido Laporta, aunque eso supongo enfrentarse al "simbol" y nuevo "gurú" del barcelonismo, Pep Guardiola.



La cabeza de Guardiola da para mucho más que para plantear el partido del domingo ante el Atlético de Madrid. Nada es porque sí en su conducta. Tiene que estudiar detenidamente el calendario para mover ficha. Primero fútbol inglés y luego regreso al Barça para salvarlo del previsible caos al que puede conducirlo Sandro Rosell sin él en el banquillo. Lo que es seguro es que Guardiola no vivirá como protagonista el desmoronamiento de una plantilla campeona. Antes se habrá ido.  Además, ahora mismo sabe que si renueva por el Barça una temporada más, no le quedará tiempo material para afrontar la aventura inglesa antes de volver. Eso es lo que le hace dudar. No puede equivocarse, tiene que mover ficha con mucho cuidado y con la seguridad de que acierta en lo que no deja de ser su carrera hacia la presidencia del FC Barcelona.


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