2012-02-01 08:02 FC Barcelona Por: Administrador

Guardiola consigue enfadar a Rosell



Si por Sandro Rosell fuera, Guardiola habría firmado en julio de 2010 un contrato por seis años, el tiempo que dura su mandato presidencial. No hubiera habido problemas de tipo económico porque le ponían al técnico un talón en blanco para que él decidiera y escribiera ahí la cifra que quería cobrar. Pero Rosell sigue a estas alturas sin poder hacer suyo a Guardiola, que es más laportista y cruyffista que rosellista. Y en este momento delicado de la temporada volvemos a estar por tercer año consecutivo más pendientes de la renovación de Guardiola que de la propia marcha del equipo.

A Pep Guardiola no le importa lo que le ha llegado de su presidente, que va comentando entre sus allegados que no es normal que el entrenador imponga la continuidad de determinados jugadores (Alves, Abidal, Cuenca, Pinto...), porque no los quiere distraidos en la fase final de la temporada y deben apuntalar la continuidad del proyecto en el futuro, y que, curiosamente, él dé largas a su situación contractual sembrando la confusión en su propio vestuario. Se da la circunstancia de que en anteriores temporadas Guardiola ha afirmado en el momento de renovar su contrato con el Barcelona que con la firma se cerraban las especulaciones y que así ya no le preguntarían más por el tema y que la plantilla podría trabajar tranquila sabiendo que seguirían juntos al menos un año más. Volvemos a estar en la misma situación que se ha dado por estas fechas en los últimos tres años, pero con la diferencia de que esta vez no es el Barcelona quien manda en la Liga sino el equipo que necesita recortar puntos al líder para revalidar el título. Guardiola sabe que sus jugadores están esperando una respuesta suya, pero él no se la da, y los resultados negativos se van encadenando mientras el Madrid se aleja. Y esta vez parece que al técnico le traen sin cuidado las especulaciones y la tranquilidad de su plantilla, algo importantísimo en años anteriores.



Al presidente no le pasa por alto que Guardiola es consciente de la situación y sabe que una firma de manera inmediata podría servir de revulsivo a unos jugadores que ven dudar a su técnico y que esperan acontecimientos sobre su futuro, algo que se aleja del catecismo de Guardiola, que quiere a sus hombres concentrados al cien por cien en lo que sucede en el terreno de juego.

El Plan B también depende de Guardiola

La segunda parte de la historia es que el suspense con el que Guardiola castiga a la directiva supone que hay que poner en marcha un plan B por si al técnico de Santpedor le da por marchar de manera repentina. El Barça no puede quedarse en blanco sin capacidad de reacción. Si se da esta circunstancia, a Sandro Rosell ya le han convencido para que se olvide de Scolaris y similares brasileños de dudosa aceptación entre la afición según las encuestas que maneja el club, Se pretende evitar que el adiós de Guardiola genere un trauma entre la afición, como sucedió con Johan Cruyff, y la idea de esta directiva es que sea el propio Pep el que designe a su sucesor, lo que significaría que de cara a la afición el nuevo técnico gozaría del crédito otorgado por Pep. De esta manera Rosell pretende asegurarse una coartada ante los socios. Si se tuercen los resultados con el nuevo entrenador, la culpa no será ni del presidente ni de la directiva, sino de Pep Guardiola, que fue quien decidió la identidad de su sustituto. De esta manera pretende gestionar el postguardiolismo Sandro Rosell. Sin una idea muy definida sobre el relevo en el banquillo, pero con un gran paragüas que le protegerá de cualquier tormenta. Marcelo Bielsa, el técnico del Athletic se vislumbra como el protagonista elegido por Pep para afrontar su relevo en el banquillo del Camp Nou.



Pero el plan B de momento está aparcado ante la seguridad de que Guardiola acabará renovando por el Barcelona, aunque cada día que pasa suponga un atentado más al equilibrio nervioso de un presidente que tiene claro, clarísimo, que el bajón del equipo tiene mucho que ver con las dudas del líder del vestuario. Si él no tiene claro su compromiso con el club, ¿con qué fuerza moral puede exigir implicación a sus jugadores? Rosell está convencido de que el anuncio de la renovación de Pep significaría una garantía de que el Barcelona va a ganar todos los partidos que restan y va a ser campeón de Liga. Es el revulsivo que esperan, el mejor fichaje del mercado de invierno.


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