2014-04-30 17:04 FC Barcelona Por: Administrador

Guardiola empieza a vaciarse del Bayern y se acerca al Barça



Pedro Riaño

La figura de Pep Guardiola genera movilizaciones. Tanto en el Bayern de Múnich como en el Barcelona. En Múnich, Franz Beckenbauer, el gurú del entorno que ejerce el mismo papel que Johan Cruyff en el Barça, ya le ha puesto la cruz a Pep. El Kaiser no acabó de entender el relevo del viejo Heynckes por el joven innovador catalán. El "viejo" lo ganaba todo y llenaba de orgullo al pueblo bávaro. El nuevo no ha estado a la altura de las esperanzas que había levantado y ha conseguido una unanimidad total contra su filosofía de juego.



Beckenbauer estuvo muy duro tras el 1-0 del Bernabéu, censurando el aburrido juego de control del balón que no crea peligro. Ayer se esperaba su reacción con expectación, pero estuvo más comprensivo. Se limitó a decir en Sky Sports que "el Bayern no está bien. Es algo que sabemos desde hace semanas. Desde agosto cuando empezó la temporada hasta hace unas semanas jugaron a máximo nivel y con máxima concentración. Luego iniciaron una fase de debilidad y poca concentración que dura hasta ahora". Beckenbauer no ha citado el apellido Guardiola en su discurso, pero sus intenciones se ven muy claras. Y ha aprovechado para felicitar al Real Madrid por su juego, lo que permite produndizar aún más en la herida de Pep: "hoy volvió a tener otra actuación maravillosa como en la ida, cuando ya pudieron ganar por más. Es el ganador merecido. Se merece jugar la final".

Matthias Sammer, el director deportivo, ha asumido también la inferioridad del Bayern de Pep ante el Real Madrid: "Perdimos hoy ante un gran equipo. El año pasado fuimos campeones. Ahora debemos comportarnos como campeones y aceptar la derrota". Y el presidente Rummenigge ha añadido: "Nos faltó un poco de pasión para traer problemas al rival". Son las reacciones ante la derrota más humillante sufrida por el Bayern Múnich en toda su historia jugando en casa, un revés  que ha escocido y que sirvió para que se oyera en el Allianz Arena una sonora pitada a Guardiola durante el partido.

Pep lo va a pasar mal los próximos días. El Bayern Múnich es un club que está en manos de los ex jugadores, las viejas glorias, que tienen un peso específico muy importante tanto en el gobierno del club como en la creación de estados de opinión en el entorno del equipo. Es como un senado en toda regla en el que participan, cada uno a su manera, Franz Beckenbauer, Karl-Heinz Rummenigge, Uli Hoeness -ahora retirado por un delito de fraude-, Matthias Sammer, Oliver Khan, Klaus Augenthaler, Steffan Efembberg, Paul Breitner y alguno más. Entre ellos existe la opinión generalizada y compartida de que el equipo se ha reforzado con fichajes de lujo en los últimos tiempos: Javi Martínez (40) y Martio Goetze (45 millones), y anoche empezaron el partido en el banquillo. Nadie entiende un gasto de 85 millones para ser condenado al banquillo. Nadie entiende que el equipo renuncie a su filosofía histórica en la que el músculo resta protagonismo al virtuosismo. El juego de toque no gusta en Alemania y son ya muchos los que añoran a Jupp Heynckes.



Guardiola va a vivir un calvario en los próximos días. Un calvario mucho más intenso que las pequeñas diferencias que mantuvo en el Barça con Sandro Rosell y que, según su versión, le vaciaron y le obligaron a hacer las maletas. Pep es paciente y escuchará lo que le dicen, pero cuando la ferocidad de las críticas supere lo que él entiende como asumible, es capaz de liarse la manta a la cabeza y dejarles plantados. Ya lo avisó hace unas semanas: "si no les gusto. nos damos la mano como amigos y me voy tranquilamente".  Al término del partido del Bernabéu, Pep tuvo que soportar en un plató televisivo las insolencias de Oliver Khan cuestionando su sistema y sus cambios. Guardiola le miró asombrado. No está acostumbrado a que nadie le lleve la contraria. Eso nunca pasó en Barcelona, en donde era venerado y ningún periodista se atrevía a poner en duda ninguna de sus decisiones. Pero en Alemania no es un símbolo. Es un entrenador, como otro cualquiera, que ha llegado al Bayern a trabajar a cambio de llenarse los bolsillos. Con él tendrán la misma paciencia que tendrían con cualquier otro.

Pero su paciencia también puede agotarse. Es un matrimonio de conveniencia que está condenado a acabar en divorcio, porque en Alemania no están dispuestos a renunciar a sus principios para someterse a las modas de dudosa eficacia que pueda aportar un iluminado entrenador catalán. Y por eso, porque se ve venir el final infeliz del corto idilio que Pep ha mantenido con el Bayern Múnich, en Barcelona ya se han puesto manos a la obra los cabezas de lista electorales para posicionarse, siempre con Pep a su lado, en las próximas elecciones, que no serán este verano y que deberán esperar a 2010 si los caprichos de la pelotita no obligan a adelantarlas.

Pep volvería encantado al Barcelona una vez conseguido su objetivo de borrarse de la caída del imperio que él dejo en la cima del éxito. El deterioro de esta plantilla salpicará a otros y él podrá volver limpio de pecado dispuesto a crear de la nada un nuevo Barça ganador. Tendrá, además, algo de lo que no dispone en Alemania: un pueblo detrás suyo dispuesto a aceptar sin pestañear sus decisiones porque su áura ha traspasado los límites de su profesión para alcanzar categoría de símbolo de Catalunya. Tiene todo el crédito del mundo. Y, con eso a su favor, Pep se unirá a las huestes de Joan Laporta, Johan Cruyff, Jaume Roures, Sala i Martín y compañía para volver al Barça. Y, seguramente, no como entrenador. Eso está todavía por decidir. Pero en ese grupo hay quien sueña viéndole encabezar la candidatura con Joan Laporta y Johan Cruyff moviendo los hilos en la sombra. Sería, sin duda, una candidatura con muchas opciones de convertirse en ganadora. Aunque también Agustí Benedito podría aspirar a reconducir la situación y captarlo para su causa. Lo que es seguro es que Pep jamás daría su respaldo a una candidatura surgida del sandrismo.

Habrá que ver, sin embargo, el efecto que ha causado entre sus admiradores barcelonistas su humillante derrota de ayer. No fue una derrota cualquiera. Fue ante el Real Madrid y cuando más deseaba el aficionado culé el éxito de su gurú. Pero perdió. Y esa derrota le puede pasar factura en Alemania... y en Catalunya. Pep ha dejado de ser infalibre y muchos acaban de descubrir que es de este mundo.


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