2012-05-08 15:05 FC Barcelona Por: Administrador

Pep molesta a la "Caverna" por hablar en catalán



Joaquín Ramos Marcos se dedica actualmente a examinar la labor de los árbitros en varios medios de comunicación para después tratar de generar un estado de opinión entre los aficionados a través de sus sentencias. Lógicamente, se trata de incidir sobre la masa dirigiéndola en la dirección que más interese. En este caso se trata de que las jugadas más escandalosas que favorecen al Real Madrid deben ser tapadas con un "no se observa bien",  "no se puede asegurar", etc. Mientras que jugadas parecidas del Barcelona son errores garrafales de los colegiados realizados con el fin de beneficiar al club blaugrana. Esa es la estrategia. Calumnia, que algo queda y cambiar la realidad: no sólo negar que los árbitros favorecen al Madrid, sino darle la vuelta a la tortilla hasta conseguir convencer a la audiencia de que el perjudicado, el Barcelona, es el gran beneficiado.

A eso se dedica Ramos Marcos en diferentes medios. A ejercer el madridismo y el antibarcelonismo. Por eso, muy puesto en su papel de opinador, se ha metido en el charco de criticar abiertamente a Guardiola por emplear en su despedida ante 89.000 amigos en el Camp Nou su idioma, el idioma que le sale del alma, que al parecer no es el mismo del señor Ramos Marcos. Ese idioma es una de las cuatro lenguas oficiales del estados español, aunque este caballero, que parece anclado en 1975, parece que hubiera preferido que se expresara en alemán antes que en una lengua que no entiende, a pesar de ser oficial de España y de enriquecer el patrimonio cultural del estado, su estado.



Quien así se expresa es el mismo que hace veinte años decidía la administración de los penaltis y los goles anulados. Era el mismo que arbitraba los clásicos y los llevaba por la dirección que más le convenía. Viéndole ahora, sin careta, es fácil entender por qué sacaba de quicio a los barcelonistas cuando arbitraba al Barça. Escuchándole ahora se comprende el trato de favor que tuvo el Madrid en su época, y en la de Plaza, y la persecución arbitral que se ejerció contra el Barcelona. Y lo peor de las enseñanzas de Ramos Marcos es que nos ha abierto los ojos, ahora somos capaces de descubrir en determinadas situaciones la intervención de colegiados que pueden ser auténticos hooligans del fútbol, como es su caso.

A Ramos Marcos no le gusta que Pep Guardiola se exprese en su lengua materna ante 89.000 personas encantadas de escucharle en ese idioma. Y al barcelonismo no le gusta lo que dice Ramos Marcos en los medios de comunicación. Y el idioma nos da igual. Aquí sí entendemos el suyo. El problema no es el idioma que emplea sino lo que dice.


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