2012-05-05 21:05 FC Barcelona Por: Administrador

Guardiola pone punto y final a su carrera como técnico



El Camp Nou despedirá esta tarde con sentimiento a Pep Guardiola, que se va con un "ahí queda eso": 13 títulos sobre 17 posibles en 4 años. Algo que no ha conseguido antes ningún entrenador. Ni siquiera metiendo el dedo en el ojo a los demás ni insultando. Su legado será imborrable, no sólo por los títulos sino por la forma como llegaron, por la imagen que el club ha dado al mundo durante sus cuatro años de trabajo, por la admiración generada por su filosofía del fútbol, por el fair play demostrado, por el saber estar ante un colega rival capaz incluso de llegar a la agresión física sin caer en la tentación de responder a sus provocaciones.

Pep ha sabido cumplir con su misión sin apartarse de la línea marcada desde el primer día. Y se va con la satisfacción del deber cumplido. Dice que no tiene intención de entrenar la próxima temporada, pese a las mareantes ofertas que ya le han llegado a diferencia de su despedida como jugador, cuando no encontró más destino que el Brescia. Dice que no entrenará a otro equipo y no miente. Porque Pep ya ha dedicido que su experiencia como entrenador empieza y acaba con el FC Barcelona. No tiene intención de arriesgar el prestigio adquirido en cualquier otro escenario, por prestigioso que sea. Pep lo deja. Cerró su etapa en el Camp Nou como recogepelotas, cerró su etapa como futbolista en el Barça y fuera de él y acaba su época de entrenador a los 41 años.



Guardiola ha decidido tomarse un descanso de un par de años para volver al Barça de otra manera. Podría ser de director deportivo, podría ser de ejecutivo de altos vuelos... Podría ser, pero lo que ya ha empezado a moverse es una candidatura. De la misma manera que a Pep se le queda pequeño el oficio de entrenador y tener que perder el tiempo respondiendo a las bravuconadas y necedades de tipos como Mourinho, tampoco la secretaría técnica o un despacho en el club cubren por completo sus necesidades. A Pep sólo le queda experimentar las sensaciones que se producen en el palco, guíar los destinos del club desde los despachos y convertirse en el líder absoluto de una entidad necesitada de un guía en quien confiar, de un referente del que los socios no puedan avergonzarse, como sucedió con Laporta, ni sentirse defraudados, como ocurre con Rosell.

El futuro de Guardiola pasa por la presidencia del Barça. En torno a su persona se empieza a aglutinar un grupo de empresarios solventes  afines a Pep que avalarán la parte que le corresponda para colocarle en el sillón presidencial cuando Sandro Rosell lo deje. Nadie duda que Pep arrasaría en las elecciones, incluso que evitaría una contienda electoral porque nadie, ni el continuismo, se atrevería a enfrentarse a la figura más admirada de la historia del club, a un hombre en el que el socio ve algo más que títulos desde el banquillo, ve liderazgo, dotes de mando, sensatez, energía y educación. De la misma manera que ha sido el entrenador soñado, también es el presidente soñado y el barcelonismo se recuperará del disgusto de la pérdida de esta noche recuperándole para el club desde el puesto de mando. Para ello será necesario reformar los estatutos porque la idea del grupo que se moviliza en torno a Pep es que con él la función presidencial del club sea remunerada y exija plena dedicación, como la que él ha demostrado entrenando al primer equipo.

Pep no tiene intención de seguir en los banquillos porque haga lo que haga en donde sea, el futuro nunca será mejor que su pasado. Sólo puede perder prestigio, nunca ganarlo. Prefiere dejar en el recuerdo sus gestas como innovador de una idea de fútbol en el Barça y evitar que los resultados puedan borrar esa imagen de éxitos que ha dejado en el Camp Nou. Y él, que conoce mejor que nadie al socio del Barça, sabe que caería rendido ante su propuesta presidencial. El socio del Barça sabe que, a diferencia de Rosell, él defendería al club de los ataques y calumnias que llegan desde Madrid y no caería jamás en la tentación de protagonizar lamentables espectáculos como el del que se rociaba de champán en un local público, hacía negocios con Uzbekistán, colocaba a sus amigas en el club o se dedicaba a espiar a sus directivos con el dinero del socio. Pep es otra cosa. Y una vez aprobada la asigntaura del banquillo, lo que más le motiva es dirigir el club desde el palco con el mismo éxito que ha cosechado en el banquillo.



 


Deja tu Comentario