2012-05-19 09:05 FC Barcelona Por: Administrador

Guardiola se pone la camiseta de Laporta para jugar contra Rosell



Sólo ha hecho falta que Pep Guardiola confirmara su marcha para que se disparen las alarmas y el FC Barcelona entre en  estado de ebullición. Da la sensación de que, una vez fuera de la foto Guardiola, se abre la veda y la licencia para matar después de cuatro años abolida la pena de muerte en el Camp Nou. Y se oyen voces críticas: "El Barça vuelve a las andadas, no han tratado bien a Pep". ¿Pero quién ha vuelto a las andadas? ¿Quién ha maltratado a Pep?

Sandro Rosell se equivoca habitualmente mucho, muchísimo -y aquí sí explicamos sus errores-, pero ha estado impecable en la despedida de Guardiola. Le ha mantenido todos los caprichos que le concedió Laporta, le ha ofrecido un cheque en blanco para seguir, le ha pedido de rodillas en público y en privado que continúe y ha esperado a conocer su decisión hasta que a él le ha dado la gana, ha agotado con él todos los calificativos halagadores, le ha convertido en mito irrepetible, le organizó una despedida entrañable y un fin de fiesta cariñoso en el Camp Nou poniendo todos los medios para que pudiera decir adiós como si fuera Superman. ¿Qué más quería Guardiola? ¿Qué más tenía que hacer Rosell para no verse traicionado después con una puñalada en la espalda?



Guardiola se va dejando la impresión de que ha sido maltratado. Si lo que pretendía era dejar sentado que Rosell no tenía más ambición que sacárselo de encima, enhorabuena, lo ha conseguido. Parece que está enfadadísimo porque el presidente anunció a Tito Vilanova en la comparecencia de su despedida y le restó protagonismo a él. ¿Y qué? Eso no justifica la clara voluntad de iniciar un proceso de descomposición en el club utilizando filtraciones interesadas. Guardiola se sacó el curso de entrenador con la intención de ejercer esta profesión. Cinco años después dice que se ha vaciado y que se va. Afortunado él que puede hacerlo. Aunque los 41 años no parecen edad para sentirse vacío, especialmente cuando trabajas en casa, te ganas bien la vida, triunfas y cuentas con el reconocimiento unanime de todo tu entorno. También se vació su barcelonismo en el año 2.000, cuando decidió abandonar el Barcelona como futbolista con la carta de libertad en el bolsillo y luego siguió arrastrándose seis años dando tumbos por el mundo en tres paises diferentes. Guardiola, que sabe lo que su figura representa para el barcelonismo, se va, deja a su fiel y numerosa legión de admiradores tirados y todos aplaudimos. Porque Guardiola puede haberse vaciado, pero la historia del fútbol ni conoce, ni ha conocido ni conocerá a un técnico capaz de generar una mayor unanimidad favorable en torno a su persona. Ni una crítica, ni un reproche. Todo un pueblo a su lado. Pero se va. Está harto quizá de tanto halago.

Y en la hora del adiós él, que tanto cuidado ha puesto siempre en su relación con los medios de comunicación, suelta a un vocero afín una historia para no dormir con la clara intención de que la vomite y tiemblen los cimientos del Camp Nou: "Si tú y tus amigos me jodéis, a mí o a los míos, hablaré todo lo que tenga que hablar y ya sabes que querrán escucharme". El club ha respondido con una querella. Guardiola con el silencio. Sólo se sabe, a través del vocero, que lo dicho dicho está y es cierto, aunque con una observación que el propio Pep ha querido matizar: él no emplea el verbo "joder" en su vocabulario, es más fino que todo eso. O lo que es lo mismo, el Barça se querella y él bendice el fondo y sólo añade una corrección de forma. O lo que es lo mismo, Guardiola se pone la camiseta de Laporta y se alinea en un equipo que hasta 2016 no tiene más estrategia que bombardear todo lo que haga el presidente del FC Barcelona.

Pep Guardiola está obligado a dar una explicación. Tiene que dar razones de por qué alguien tan cuidadoso como él se ha dejado utilizar así. El barcelonismo merece esta explicación. Los barcelonistas tienen que saber si Pep es del Barça o es de Laporta. Que se defina. Porque nada en él se produce por casualidad. Por eso, si ha decidido rebajarse al nivel de Mourinho para tirar de un Paramés cualquiera utilizándole para expresar lo que él no se atreve a decir, es porque el paso está calculado y meditado. La realidad es que Pep ha permitido que su amigo Joan Laporta le utlice como arma arrojadiza contra el presidente del Barcelona y si se ha dejado manipular seguro que existe una buena causa que lo justifica. Sobre todo por el momento en que llega, a pocos días de la final de Copa. Guardiola, al que tanto le molesta que cuestiones extradeportivas alteren la paz del vestuario y del club, no ha tenido ahora inconveniente en abrirle la puerta a los suyos (Laporta, Cruyff y lo que cuelga de ellos) para que entren, disparen y saquen rendimiento a su viejo lema paquidérmico: "Cuanto peor, mejor".



Esta vez Guardiola le ha fallado a lo que Laporta utilizó como slogan, que no como guía de sus pasos: "Primer el Barça". Si lo primero es el Barça, está de más la carnaza que Pep le ha proporcionado a los enemigos de Rosell a una semana de la Copa. Acostumbrados a interpretar sus declaraciones habitualmente ambiguas, esta vez se le ha entendido todo sin abrir la boca. Aunque es triste que, con tanto silencio oficial por su parte, tengamos que enterarnos a estas alturas a través de su tonto útil de que su estancia en el Barça de Rosell ha sido un infierno causado por el odio que el presidente le tiene a sus amigos Laporta, Cruyff y Txiki Begiristain.

Guardiola ha hecho mucho y bien por el Barça y tendrá siempre el reconocimiento de todo el barcelonismo a su trabajo, a su capacidad y a su entrega. Por eso sorprende este final tan chapucero en un hombre que a día de hoy cuenta con el respaldo popular para conseguir lo que se proponga. Lo que sea: presidente del Barça, presidente de La Caixa o Abad de Montserrat. Incluso si él quisiera, podría ser hasta La Moreneta. Es posible que todo se deba a una partida de estrategia con el presidente planteada a largo plazo. Es posible. Pero el Barça no se merece este "después de mí el diluvio".

Pep ha callado hasta ahora mientras hablan y hablan sus amigos, quizá porque si no hablaran del Barça nadie les escucharía. Y su silencio ha hecho daño. A la directiva y al club, que vuelve a las andadas después de que él encendiera la mecha. Ni el Barça merece este ambiente previo a la final de Copa ni Tito Vilanova heredar un polvorín. Que hable. Que hable y que lo explique todo, sin discursos ambiguos. Que explique si es verdad que su final en el Barça ha llegado entre amenazas y qué interés tiene en que sus amigos filtren a la prensa lo que para muchos ha venido a ser un "se abre la veda". Su silencio es muy explícito en un momento en que el madridismo se relame porque en el Barça se tiran los trastos a la cabeza. Aunque en realidad una parte tira y la otra recibe.

 

 


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