2013-03-20 21:03 FC Barcelona Por: Administrador

Guardiola y Tito Vilanova se evitan hasta en Nueva York



La relación de Pep Guardiola y Tito Vilanova parece seguir la misma dirección que la que en su momento vivieron Johan Cruyff y Charly Rexach. Dicen que del amor al odio hay un paso. Aquí no se trata de odio, sino de indiferencia. Cruyff y Rexach fueron más que amigos durante su época de jugadores y luego como entrenadores. Cruyff fue despedido del Barça y Charly aceptó quedarse en su lugar como primer entrenador. El holandés no se lo perdonó nunca al catalán y decidió romper relaciones con él. El rencor es una de las "virtudes" de Johan Cruyff.

Con Guardiola y Vilanova estamos asistiendo a una segunda versión del traumático divorcio que separó las vidas de Cruyff y Rerxach. Amigos de la infancia, compañeros de sueños en La Masía, tándem perfecto en los banquillos... Parecía que nada podía interponerse en una amistad a prueba de bomba. Sin embargo, las relaciones entre Guardiola y Tito Vilanova quedaron rotas en el mismo momento en que Pep decidió no seguir en el Barça y Tito aceptó ocupar su lugar. Un problema parecido al vivido por Cruyff y Rexach. A Pep le sentó fatal que su amigo no le dijera que habían contactado con él para ofrecerle el cargo de entrenador. Y le sentó todavía peor que la rueda de prensa de su despedida se convirtiera en el anuncio del nombre del nuevo entrenador del Barcelona, despojándole así de todo el protagonismo. A él, que le gusta tenerlo todo bajo control, le sentó a cuerno quemado asistir a una rueda de prensa en calidad de comparsa y enterarse a la vez de la prensa de las decisiones que había adoptado el club y su amigo del alma.



En el interregno entre uno y otro se produjeron muchos malos entendidos. Demasiados. Y el destino les ha vuelto a unir a miles de kilómetros de Barcelona. En Nueva York. Guardiola de vacaciones. Tito luchando por su propia supervivencia. Ni una imagen, ni una noticia, ni un comentario. Pep se ha despreocupado por completo de su otrora amigo del alma, ni le ha servido de cicerone por la ciudad, ni le ha dedicado sesiones de su inmenso tiempo libre, ni ha aprovechado para aproximarse a él durante los últimos cuarenta días. Tampoco durante las últimas cuarenta noches.

Guardiola ya mostró sus cartas cuando recientemente Sandro Rosell acudió a Nueva York a inaugurar una penya barcelonista. Él aprovechó la presencia del presidente blaugrana en la que ahora es su ciudad para inventarse un compromiso y marcharse bien lejos. Fue una manera de decirle a Rosell que en Nueva York no había espacio para los dos. Y es que Guardiola no sintoniza con la onda Rosell y sí en cambio con Joan Laporta y su entorno encabezado por Johan Cruyff, enemigo declarado del presidente blaugrana. Y Tito, como hizo en su momento Rexach con Núñez, se ha aliado con Rosell, el hombre que no supo retener a Guardiola, el hombre que no goza de sus simpatías, el hombre al que intentará desbancar del trono blaugrana en las elecciones de 2016 participando en ellas a favor de un caballo ganador que no será él.

Lo peor de todo es que en esta lucha de egos, en esta batalla de intereses creados, lo más sano de todo, la amistad que unía a Pep Guardiola con Tito Vilanova, haya pasado a la historia. Cuánto nos hubiera gustado verlos juntos paseando por Centrsal Park hablando de sus cosas, de la familia, del fútbol, de viejos recuerdos... Esa imagen no la veremos porque no se ha producido. Qué pena que los ismos vuelvan a apoderarse del Barcelona.




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