2016-03-24 20:03 FC Barcelona Por: Administrador

El ideario culé de Cruyff: Con Laporta y contra Núñez



Johan Cruyff nunca conoció el significado de la palabra neutralidad. Siempre se mojó. A favor o en contra. Con sus dos grandes amores, el Ajax y el FC Barcelona, mantuvo siempre una relación de luces y sombras, amores y odios. Nunca dejó a nadie indiferente porque siempre estuvo a favor o en contra.

Sus peleas con el Ajax... y el Barça

Con el Ajax acabó peleado con sus dirigentes. En su época de jugador finalizó su carrera en el eterno rival, el Feyenord, por una disputa con el presidente del club de Ámsterdam. Es como si enfadado con Bartomeu Piqué fichara por el Real Madrid. Y luego colaboró con el Ajax como asesor en función de quienes mandaban. Según con quién, colaboraba. Según con quién, no quería saber nada. El recuerdo que dejó como futbolista en el Camp Nou fue el de un genio, un número uno mundial, un futbolista exquisito que, sin embargo, en cinco años sólo ganó una Liga y una Copa mientras estaba más pendiente de dar órdenes a sus compañeros que de asumir personalmente responsabilidades. Hennes Weisweiler, el técnico alemán, quiso meterle en vereda y su respuesta fue inmediata: O él o yo. Y Weisweiler fue cesado. El presidente Montal le cubrió de oro para que nunca se fuera del Barça y llegó a cobrar más que el resto de la plantilla junta. Pero no fue capaz de traducir en títulos los generosos premios que recibió del club.

Núñez soluciona sus problemas con Hacienda

Pero dejó el club de forma prematura coincidiendo con el ascenso de Josep Lluis Núñez al poder y alargando su carrera ocho años más en Estados Unidos Levante y Holanda. En esa época, finales de los setenta, se especuló con que no podía pisar territorio español porque había dejado pendiente una deuda con Hacienda. El presidente Núñez solucionó su problema en 1988 y le convirtió en el entrenador de su Barça a pesar de que en los años previos Cruyff asegurara a todo aquel que quería escucharle que "mientras Núñez sea el presidente yo no volveré al Barça". Pero volvió y lo hizo a lo grande, revolucionando el mundo del fútbol con un Dream Team que previamente le habían construido el propio Núñez y Javier Clemente. Johan le añadió la guinda con Koeman, Laudrup, Stoichkov y luego Romario, a quien no quiso de entrada porque prefirió a Aloisio enfrentándose a la opinión de los directivos de la época.

Del Dream Team al cese traumático

Y llegaron las cuatro ligas seguidas y la primera Copa de Europa en Londres. Pero las relaciones con Núñez nunca fueron buenas. Aguantó ocho años y sólo salió del club cuando el propio Núñez le cesó. Luego llegó una rueda de prensa tempestuosa del presidente en la que sacó todos los trapos sucios de su relación con el técnico. Y Johan nunca le perdonó. Ni a él ni a los seguidores de su obra, léase Joan Gaspart. Cruyff se posicionó entonces en contra de Núñez y a favor del antinuñismo, que en la década de los noventa lideraba Joan Laporta al frente del Elefant Blau. Cruyff apostó por ellos y le llegó el premio en 2003, cuando su amigo Laporta accedió a la presidencia. Las puertas del Barça, que hasta entonces estaban cerradas para él, volvieron a abrirse, sus consejos volvieron a ser escuchados y el club funcionó al son que él marcó, aprovechándose también de esta excelente relación para abrir vías de colaboración y financiación de su fundación a través del FC Barcelona. Laportismo y cruyffismo fueron de la mano. Luego se sumaría un nuevo ismo al lobby de poder culé: el guardiolismo. Los tres fueron siempre de la mano.

La polémica presidencia de honor

Cruyff bendijo a Pep Guardiola como entrenador, la apuesta desesperada de Joan Laporta tras una moción de censura de resultados agrios. Pep era de los suyos. No sólo no renegaba de su ascendencia sino que admitía públicamente ser un "hijo de Cruyff". Pero Laporta no supo articular el continuismo en la gestión del club, los socios dieron la espalda a su candidato en las elecciones y salió Sandro Rosell como presidente. Y Cruyff le dio la espalda volviendo a las trincheras de la oposición. Rosell estaba enfrentado con su amigo Laporta y él tomó partido por su amigo. Rosell dejó en suspenso su condición de "presidente de honor" que le regaló Laporta, dejando el tema en manos de la asamblea, porque este rango no estaba contemplado en los estatutos del club. Y Cruyff optó por devolver la insignia que le acreditaba como presidente de honor tirándola sobre el mostrador de la recepción de las oficinas del club. Luego reclamó el cumplimiento de las obligaciones que el club contrajo con su fundación firmadas por Joan Laporta y las fricciones con Rosell fueron a más. La marcha precipitada del ex presidente y la aparición de Josep Maria Bartomeu, más pactista que Rosell, sirvieron para limar asperezas y acercar de nuevo a Johan Cruyff y su fundación al club.

Se convierte en entorno

Johan Cruyff dedicó los últimos años de su vida a jugar al golf y a potenciar las acciones de su fundaciónLo que no hizo fue dejarse ver por el Camp Nou. Aunque siempre opinó con su lógica aplastante sobre el día a día de la entidad formando parte de ese entorno incendiario que él tanto odió cuando entrenaba. Sus admiradores, que son legión, le recordarán como el creador del Barça actual, como el punto de partida de un Barça ganador que da espectáculo, como el padre de una filosofía de juego que respetaron Rijkaard, Guardiola y ahora Luis Enrique. Pero para sus detractores siempre será el tipo que colocó en el Barça a su hijo, a su yerno y al novio de su hija, el del fichaje de Romerito o el del invento de Lucendo, y el que perdió el mundo de vista pensando que los éxitos del Barça eran suyos y no de los jugadores. En su última temporada, sin estrellas y con un puñado de canteranos, descubrió la cruda realidad, que los éxitos no podían llegar con Kodro, Koerneiev, Prosinecki, Jose Mari, Eskurza y Escaich. Eso ya no era el Dream Team, aunque él siguiera allí. Un día dijo Johan Cruyff: "yo puse al Barça en el mapa. Cuando yo llegué al club nadie en el mundo lo conocía". Es una frase que resume su personalidad. Para la bueno y para lo malo. Descanse en paz.

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