2015-12-17 17:12 FC Barcelona Por: Administrador

James se convierte en el único "intocable" de Florentino



Los fichajes pensados, negociados y ejecutados por Florentino Pérez han sido siempre materia reservada para el grupo de palmeros y mariachis que desde algunos medios de comunicación de Madrid se dedican a hacerle la pelota al presidente al que, como Emilio Butragueño, consideran un ser superior. Neymar es un fenómeno cuando Florentino Pérez quiere ficharlo. Desde el momento en que el jugador prefiere al Barça se convierte en un indeseable. Y así con todos. El grado de apego y cariño que Florentino Pérez muestra por los suyos tiene un barómetro que no falla: Josep Pedrerol y similares en los medios de comunicación madrileños y madridistas. Analizando sus guiones podemos saber que Rafa Benítez ha caído en desgracia, porque le atizan por todos lados, que Cristiano Ronaldo ya puede recibir palos,  porque se ha distanciado de su presidente, o que Benzema tiene la puerta de salida abierta tras sus últimos escándalos. Con Pedrerol sabemos que si atiza a Casillas o a Sergio Ramos es porque desde arriba le dicen que eso es lo que conviene. Y también podemos saber que la niña de los ojos de Florentino Pérez es James Rodríguez. A alguien se le ha ocurrido decir que está gordo y que por eso Benítez no cuenta con él, y la respuesta de Pedrerol y demás pelotas ha sido inmediata. "A James, ni tocarlo", "James, que juegue siempre"... Son las consignas. Son las informaciones que quiere ver y leer Florentino Pérez. Las informaciones que sus fieles servidores están siempre dispuestos a darle. Por eso no se admite que nadie pueda llamar "gordo" a James. Y no lo admite el mismo que llamó "gordo" y "mal profesional" a Suárez porque, según él, no estaba en forma en pleno castigo de cuatro meses de la FIFA. Qué mal lo debe estar pasando Pedrerol viendo al "gordo" Suárez hincharse, pero no de comida, sino de marcar goles, incluido el doblete al Madrid. Son así de tendenciosos en esos lares. Hoy, sin ir más lejos, Pedrerol ha mostrado a su audiencia la rabia que le da que el Barça juegue la final del Mundialito. Hacía apenas hora y media que se había producido la noticia de su victoria en Japón. Pero hoy, para Pedrerol, lo importante era que el agresor de Rajoy había amenazado antes a Javier Tebas. Los dos primeros vídeos, para eso. ¿Y del Barça? La tercera noticia, para el cólico de Messi. Y después, como el que no quiere la cosa, que el Barça jugará la final del Mundialito. Aunque, eso sí, gracias a la inexperiencia del portero chino, muy malo él. Nada que ver con el del Malmoe, que sucumbió ante las virtudes ofensivas de los delanteros blancos y encajó ocho goles como ocho soles. A Pedrerol le molesta que algunos se encarguen de lanzar rumores sobre James. Y lo dice él, que ha hecho de lanzar falsos rumores contra el Barça su profesión. A Pedrerol, es obvio, le molesta lo que le molesta a Florentino Pérez. Su masajeo incondicional a James le delata. Eso y otras muchas cosas. Como el tratamiento de una cena que ha convertido en conjura y en poco menos que la garantía de que este año cae la Undécima. Es como lo de los abrazos. Ve abrazarse a dos jugadores del Madrid y ya da por sentado que se han acabado los problemas. Ha explicado la cena, la entrada, la salida, lo que se ha hablado dentro... como si se tratara de un cumbre de jefes de estado. Y luego han salido los jugadores, les han acercado el micrófono de Jugones y ninguno ha querido hablar. Y eso, para Pedrerol, es información. Como la entrevista a Marcelo con tres preguntas y ni una sola respuesta. Es mejor llenar el programa así, con nada, pero del Real Madrid, que explicar que el Barça está a punto de arrancar el escudo de campeón del mundo de la camiseta del Real Madrid. Eso les tiene consternados. Sólo una derrota en la final ante el River Plate conserguiría que el Mundialito se convierta en algo interesante. Mientras eso no llegue, seguirán los masajes a James en la sala de maquillaje de Josep Pedrerol de la que unos salen guapos y otros feos, según le convenga a Florentino Pérez.

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