2016-03-26 13:03 FC Barcelona Por: Administrador

Desmontando el mito Cruyff (lo que nadie explica) cap. I



Llegó al Barça en 1973 con 26 años, como indiscutible número uno mundial y con tres copas de Europa en su haber. Cinco años más tarde abandonó el Camp Nou con el bagaje de una liga y una copa sobre 14 competiciones disputadas. Fumaba Camel en los descansos de los partidos, impuso el fichaje de Neeskens destruyendo la carrera de Sotil y deshaciendo un equipo campeón, echó a un entrenador, Hennes Weisweiler, para recolocar en su lugar a su amigo Rinus Michels, que había sido despedido un año antes por sus pobres resultados. Su Barça se especializó en derrotas en campo contrario por 1-0, en las que el gran Johan se dedicaba a sacar de banda o a jugar en posiciones retrasadas en lugar de buscar el gol aprovechando el talento natural que Dios le dio para desbordar a los contrarios. Ganó mucho dinero, pero se fue arruinado porque los negocios no le funcionaron. Quería retirarse en el Barça, pero tuvo que arrastrarse unos años por el circo norteamericano en Los Ángeles y Washington, luego volvió a Holanda para traicionar al Ajax, su club, otro club de sus amores, y fichar por el eterno rival, el Feyenord, y aún probó fortuna en el Levante, en Segunda División, en donde cobraba una parte de la taquilla mientras sus compañeros permanecían encerrados en el vestuario porque no les ingresaban sus nóminas. Intervino activamente en las elecciones de 1978 pidiendo el voto para Josep Lluís Núñez mientras aconsejaba no votar a Ariño y luego dijo que mientras Núñez fuera presidente no volvería al Barça. Pero poderoso caballero es don dinero y acabó traicionando a la oposición nuñista, que deseaba utilizarle como reclamo electoral, convirtiéndose en un asalariado de Josep Lluís Núñez. Entre Javier Clemente y Josep Lluis Núñez pusieron a su disposición la columna vertebral de un Dream Team que se encontró hecho y al que él añadió a golpe de talonario a Koeman, Laudrup, Romario y Stoichkov. Con un equipo de película ganó en ocho años como entrenador cuatro Ligas, tres de ellas de carambola en la última jornada, una Copa del Rey, una Recopa y una Copa de Europa. Ostenta también el dudoso honor de ser el entrenador que más títulos ha perdido en la historia del Barça: cuatro Ligas, siete Copas del Rey y seis competiciones europeas. Al final llegó a creerse que la clave de los triunfos estaba en su genio y no en el valor de sus jugadores. No descubrió la verdad hasta que los resultados le echaron del Barça. No era lo mismo jugar con Jordi, Angoy, Escaich, Korneiev, José Mari, Eskurza, Korneiev o Roger que con Romario, Zubizarreta, Julio Salinas, Stoichkov, Laudrup, Goikoetxea o Eusebio. Pasará a la historia por ser el entrenador del mítico Dream Team. Nadie le recordará por fichar a Romerito o por la frivolidad de permitir el debut de Lucendo. En su última etapa, como entorno, ejerció el periodismo como profesión, jugó a golf y lideró su propia fundación. Aconsejó a Laporta, a quien le unieron vínculos profesionales y de amistad, recomendó a sus amigos para ocupar puestos de alta jerarquía en el club y fue el responsable de los éxitos del Barça de Laporta. Para cargar con las culpas de los fracasos ya estaban otros.

¿Quién construyó el Dream Team?

Decía Josep Lluis Núñez en 1998: «Cruyff no puede estar en misa y repicando». Núñez le conocía bien después de ocho años de difícil convivencia. En misa y repicando como jugador, como entrenador y como entorno tanto crítico como palmero. Núñez había dado a entender dos años antes que Johan Cruyff cobraba comisiones por la organización de determinados partidos amistosos de pretemporada y por los fichajes de algunos jugadores: «Tiene que defender que había dinero en caja cuando llegó al Barça para fichar a Bakero, Begiristain, López Rekarte, Valverde, Soler, Aloisio, Eusebio, Serna y Unzué, o aceptar que cuando él entró ya estaban fichados. En tal caso, debería admitir que la plantilla del Dream Team se la diseñó otro. Cuando se fue también había mucho dinero en caja porque, por desgracia, nos ahorramos mucho en primas».

“Vendedor de apartamentos”

Más perlas de Núñez en su polémica rueda de prensa del 19 de mayo de 1996: “Cruvff cobra 300 millones de pesetas sin dedicación al club, se va a Andorra a vender apartamentos o inaugurar bancos, y da dos días de fiesta a la plantilla para ir al torneo de golf de Mallorca. En el fútbol base había entrenadores amenazados si cambiaban a Jordi. Hay entrenadores asustados. Iván de la Peña ha podido escaparse del Barça porque Cruyff se negó a pagarle 25 millones de pesetas y Jordi nos pide cinco veces más. Los candidatos que le quieran tendrán que pagarle mucho para que los apoye. Incluso ha habido partidos políticos que han pagado a Cruyff”.  

De la Peña y Jordi

27 de septiembre de 1995 Johan Cruyff ofrecía en Catalunya Radio una muestra de su genio: "Iván de la Peña es un futbolista de técnica mediocre, pero eso no quiere decir que no pueda aprender. Aprenderá rápido para llegar al nivel técnico que yo exijo, que es muy alto (…) De la Peña sólo juega con una pierna, y si juegas con una pierna no puedes tener una técnica perfecta. En este aspecto mi hijo Jordi es más completo porque juega perfectamente con las dos piernas". Era tan completo su hijo que en cuanto voló solito sin la protección de papá encadenó fracaso tras fracaso en el Manchester United, Celta, Alavés, Espanyol y Ucrania. De la Peña, en cambio, sin llegar a lo que se esperaba de él, ha demostrado ser el mejor de una hornada de futbolistas de la cantera a los que Cruyff dio la alternativa y cuyo rendimiento posterior ha sido discreto por no decir mediocre.  

“Yo soy más conocido que el Barça”

"Cuando llegué al Barça, yo era el doble o el triple de conocido en el extranjero que el club, pero ahora se está equilibrando un poco gracias a los últimos éxitos y a la imagen que hemos dado". O lo que es lo mismo, de no haber aterrizado un día Johan Cruyff en el Camp Nou, sólo cuatro indocumentados sabrían de la existencia del Barça. Había que estarle agradecido por compartir su prestigio desinteresadamente, claro, con el FC Barcelona.

 

Contra los contratos largos

"No sirve de nada atar a un futbolista por muchos años con una cláusula alta porque si le obligas a quedarse no rendirá. Yo no tengo ningún miedo de que un jugador se vaya al Madrid o al Valencia". Por eso, seguramente, su asesorado Laporta -afortunadamente sin éxito- trató por todos los medios de convencer a Ronaldinho para que firmara un contrato de por vida.

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“No se ha ido nadie que no quisiéramos”

Respecto a las huidas del Barça de Stoichkov y Laudrup dijo: "Desde que yo estoy aquí no se ha ido ningún jugador que nosotros quisiéramos retener". A Laudrup no le quiso retener y el futbolista danés pasó en un año de firmar un 5-0 del Barça al Madrid a disfrutar de idéntico tanteo en el mismo partido pero en el bando contrario gracias a El Maestro, que consideraba que "Laudrup no estaba mentalmente preparado para seguir con la posibilidad de ser suplente". Y tenía razón, Laudrup no estaba preparado para ser suplente de su hijo, ni de Jose Mari, ni de Korneiev ni de Eskurza. Aún tenía fútbol en sus botas para no perder el tiempo en ningún banquillo. Sí estaba preparado, en cambio, para ser titular y ganar ligas en otro equipo mientras el Barça del genio Johan volvía a las andadas de ejercer el papel de comparsa en sus dos últimos años en el Camp Nou.

Responsable del éxito

"El club está bien gestionado económicamente pero yo tengo parte de responsabilidad al haber modificado la tradicional política de fichajes". Eso lo decía en su última época como entrenador. En ese momento el gran Johan seguramente no estaba pensando en Romerito, Escaich, Korneiev, Prosinecki, Jose Mari, Eskurza, Kodro o Angoy. Ni tampoco en los 14 fichajes que se encontró hechos cuando llegó al club como entrenador. Siempre tan preocupado por el dinero. Si había dinero, si dejaba de haberlo... Los directivos no podían hacer de técnicos, pero él podía hablar de lo que hiciera falta como si entendiera de todo.  

Suerte que llegó

Dijo en La Vanguardia en sus primeros compases como técnico: "Cuando yo llegué aquí había el motín del Hesperia, cemento en el estadio porque el público no iba al campo y todo el fútbol base era un auténtico desastre, y además los jugadores tenían razón en esta época. Conmigo desde el primer momento el campo se llenó y nosotros jugamos bien". Lo que nunca quiso recordar es cómo echó Núñez mano del talonario para poner en sus manos una plantilla de película siguiendo los consejos de Javier Clemente. Ni el cemento dominaba el Camp Nou cuando él llegó ni éste se llenó desde el primer día con él. La dramática situación dibujada por Cruyff recordaba a la del laportismo de los dos últimos años de Rijkaard: media entrada en el Camp Nou, pañuelos, el fútbol base viviendo la peor época de su historia y el equipo sumido en la autogestión y anarquía más grande que se recuerda con el visto bueno de sus recomendados Txiki Begiristain y Rijkaard y la inoperancia de su protegido presidente.

 

Cuando se fue

"Los que llegaron después de mí tuvieron la suerte de coger el equipo en primera fila, la caja del club llena y podían fichar a cualquiera". Los que llegaron tras su cese encontraron la caja igual que él. Sólo que en lugar de fichar a Aloisio y Romerito, los nuevos prefirieron a Ronaldo Nazario en detrimento de Kodro. Y es que no se podía entender por equipo de primera fila al integrado por jugadores como Angoy, Busquets, Jordi, José Mari, Eskurza, Celades, Roger, Oscar, Moreno, Velamazán, Escaich, Korneiev… Hubo que cambiarlo todo de arriba abajo para que su sustituto, Bobby Robson, lograra tres títulos con un equipo nuevo, como si tal cosa, en el primer año del postcruyffismo.  

Apoyo al Elefant

"Apoyo al Elefant Blau porque como socio quiero explicaciones, la verdad, que no se engañe a la gente. Quiero que este voto de censura sirva para que el Barcelona instituya un control sobre la junta”. Eso lo decía cuando Joan Laporta organizó una moción de censura -que perdió- contra el presidente Núñez. Cruyff no fue más que un socio de conveniencia que se dio de alta en el club con sospechoso y revelador retraso, como tantos otros amigos de Laporta. Esa conveniencia le llevaba a pedir sobre anteriores juntas un control que nunca reclamó con Laporta, ¿quizá porque ya no le importaba que se engañara a la gente? ¿Quizá porque ahora el socio ya no merecía saber la verdad y no precisaba explicaciones? ¿O quizá porque entonces lo que se llevaba era el descontrol? Que los “controladores” Sala i Martin y Magda Oranich acabaran como directivos disfrutando del premio de viajes y comilonas dice bien poco del control externo al que estuvo sometido Laporta. Y ahí Cruyff calló.  

No sabe leer un balance

Y que no me digan que para eso ya está la asamblea de compromisarios. No. A mí me sortean para esa asamblea, yo sé sumar y restar bien, pero no sé leer un balance económico. No tengo ni idea”. Para no tener ni idea, se pasó media vida cuestionando balances que no sabía leer.  

“Quiero explicaciones”

“Hemos tenido cinco años ganando mucho dinero, pero ahora, en año y medio, se ha liquidado todo, porque ya han empezado a pedir nuevas líneas de crédito. ¿Por qué? ¿Dónde ha ido ese dinero? Quiero explicaciones. Yo no quiero que me digan que todo va bien y que salgan los presidentes de las peñas diciendo lo mismo. ¿Cómo pueden saberlo ellos, si yo cuando estaba dentro no sabía si iba bien o iba mal?”. Para no saberlo, tuvieron mérito sus constantes críticas vertidas desde la ignorancia y seguramente al dictado de alguien próximo tan interesado como él en la desestabilización del club. La pena es que con Laporta en la presidencia ya no se planteara “porqués” a los innumerables interrogantes que brindaba la junta de sus amigos. No le gustaba que le dijeran que todo iba bien y en ese momento lo que tocaba era “que no estamos tan mal, hombre”. Y Cruyff, encantado.

 

Pide un control para el presidente

Yo no culpo sólo a Núñez. Son todos. La masa social. A Núñez lo entiendo porque le dejan hacer todo lo que quiere, pero lo que hay que buscar es que el que mande en el Barça sea controlado, no por los que él elija, que hacen lo que él les manda, sino por gente cuyo interés sea el Barcelona". Con su amigo Laporta quien controlaba las cuentas era el "amigo" Sala i Martín, el que se presentó en París con 16 entradas de favor. Y la defensora de los socios, Magda Oranich. ¿Johan Cruyff ya no tenía necesidad de controlar al que mandaba? ¿O quizá es que sólo él y sus amigos tenían la exclusiva del interés sano por el club? ¿Habría olvidado ya todo lo que dijo de Rosell por intentar controlar a un presidente que se desviaba del programa electoral que les unió? No dejaba de resultar paradójico que un persobaje que tardó 23 años en decidirse a darse de alta como socio del Barça se permitiera el lujo de culpar a la masa social de los males del club.  

Fuga de estrellas

"¿Por qué se va Ronaldo si dice que está bien en el Barça? Que no me vengan con el cuento de los managers, que llevo 30 años tratando con ellos”. También estaban bien Laudrup, Stoichkov y Romario y se largaron del Barça para perder de vista a su entrenador.

 

“Viven de mi trabajo con la cantera”

"Me molesta que digan que yo destruí la cantera cuando están viviendo de ese trabajo”. Su trabajo fue su hijo Jordi, Carlos Busquets, Toni Velamazán, Pinilla, Moreno, De la Peña, Roger, Óscar, Celades, Arpón, Sánchez Jara… De la lista de canteranos que él dejó y sobre los que pretendió crear un Dream Team II, ninguno llegó a triunfar, aunque la mayoría sí supo rentabilizar muy bien su supuesta valía. Esa cantera que él dejó tenía muy poco de aprovechable. Pasados unos cuantos años aparecieron los Valdés, Puyol, Xavi, Iniesta, Messi o Bojan fruto del trabajo de otros que vinieron más tarde a arreglar la situación.

Desprecio al presidente

En las elecciones a la presidencia del FC Barcelona del año 2000, las que acabaron con el triunfo de Gaspart y la derrota de Laporta enrolado en el barco de Bassat, Cruyff era el socio número 98.070 y no acudió a la toma de posesión del nuevo presidente. Así explicaba David Torras en El Periódico el encuentro entre Gaspart y Cruyff durante la jornada de votaciones: “Joan Gaspart se abalanzó sobre él (Johan, Joan), le gritó. Y llegó a ponerle la mano en su antebrazo. El holandés se giró, le miró con desprecio y siguió su camino, dejando atrás el primer intento (fallido) del candidato para buscar la unidad que pregona". El presidente del Barça sólo le merecía desprecio... a no ser que fuera su amigo. En esa época no tenía ningún interés por fomentar la unidad social en el club. Al contrario, cuanto mayor fuera la división, mejor para él y sus intereses. Sobre los que abuchearon ese día al holandés, que fueron muchos, Johan lo tenía muy claro, como siempre: "Los míos son de verdad. Los otros están pagados". ¿Estarían también pagados los casi 24.000 que representaban al 60% de la masa social que votaron en contra del estilo del tándem Laporta-Cruyff en 2008? Los buenos son los míos. Los disconformes están pagados. De una lógica aplastante.

 

“Laporta quiere acabar con los mandatos dictatoriales”

El 17 de junio de 2003 El Periódico recogía unas declaraciones de Johan Cruyff a la cadena televisiva holandesa NOS: “Ahora la gente es más crítica, piensa más y pide explicaciones al amo de por qué hace las cosas. Gente como ahora Laporta quiere acabar con los mandatos dictatoriales y por eso hace cinco años que encendió el fuego". Con Laporta, los mandatos se regían a través de la más disciplinada unanimidad marcada por el presidente. El que no estaba unánimemente de acuerdo con el que mandaba tenía que coger la puerta y marcharse. Las dictaduras de antes habían sido sustituidas por democráticos pactos de confidencialidad que evitaban la transparencia y que impedían informar a los socios sobre la gestión o sobre antiguas promesas como la del levantamiento de alfombras. Incluso se recurría al espionaje para tener controlados a los que jugaban en el mismo bando. "Antes el club tenía amo y todo lo que hacía el amo era bueno y se aceptaba”, decía Cruyff. ¿Y con Laporta? ¿Había cambiado algo? Los que con Laporta criticaban, pensaban más y pedían explicaciones al amo, los que encendían el fuego para acabar con los mandatos dictatoriales ¿qué respuesta encontraban? ¿Casposos, resentidos, cavernarios, nostálgicos del pasado? ¿Era esa la manera más democrática de entender la oposición? ¿Era higiénicamente democrático aferrarse al cargo cuando el 60% de los socios te dicen que te vayas? De eso Cruyff nunca dijo nada. Se trataba de su amigo.  

Ya puede volver al Camp Nou

Una vez elegido Laporta presidente, decía Johan Cruyff a La Vanguardia: "Se han liquidado cosas malas y ya tengo motivos para ir al Camp Nou". Durante los ocho años que permaneció en nómina de Núñez, y con las “cosas malas” vigentes, no tuvo ningún inconveniente en ocupar el banquillo del Camp Nou a cambio de dinero. Pero gratis no estaba dispuesto ni a sentarse en la grada. La llegada de Laporta y sus “cosas buenas” le abría las puertas del club en todos los sentidos. Por ejemplo, el Barça de Laporta sí estaba dispuesto a colaborar con su Fundación. Volvía a ser feliz, aunque se le vio poco, muy poco, por el Camp Nou.  

Vuelve como socio 81.046 sobre 106.766

El 23 de agosto de 2003 Cruyff regresaba al palco del Camp Nou por primera vez desde su despido. Ocupó la segunda fila acompañado de su esposa y de uno de los personajes de su famoso y pintoresco séquito: Joan Patsy. Ese día Cruyff, que entró a formar parte de la familia blaugrana como jugador el 13 de agosto de 1973 (30 años antes), era el socio 81.046. En ese momento había 106.766 socios en el club. Un número demasiado alto para quien pretendía ser el gurú del barcelonismo.  

“Ni Núñez ni yo pintamos ya nada”

El 13 de julio de 2003, en una extensa entrevista concedida a La Vanguardia –medio del que cobraba en esa época-, Cruyff afirmaba que "ni Núñez ni yo pintamos ya nada en este club". En lo que se refiere a Núñez el tiempo ha confirmado que acertó. Su caso, sin embargo, fue distinto. Nunca pudo imaginar que pintaría tanto, aconsejando entrenadores, secretarios técnicos… Núñez dejó de pintar por propia iniciativa. Él, con Laporta, se aprestaba a vivir una época dorada como creador de opinión liderando el entorno. Se acabó el nuñismo, y el cruyffismo tomaba el poder, aunque sin mojarse, viendo los toros desde la barrera y, por supuesto, influyendo. Hasta el presidente se atrevió a decir que no renunciaba a los principios del cruyffismo. Gracias a Núñez se acabó la división en el club en 2003. Ahora todos teníamos que ser cruyffistas. Seguíamos viviendo de los ismos, del único ismo que quedaba.

“Si no viene Ronaldinho no pasa nada”

Desde el primer momento Johan Cruyff dejó claro que Ronaldinho no era santo de su devoción. Cuando su fichaje estaba a punto de consumarse, dejaba caer el 11 de julio de 2003 en El Periódico que “si uno duda, no tiene que venir. Para venir al Barça no hay que convencer a nadie. Si no viene Ronaldinho, no jugaremos con 10. Pondremos a otro”. A Prosinecki, por ejemplo.

 “Figo se fue porque cobraba poco”

"Figo se fue porque era el numero uno y cobraba como si fuera el séptimo". Otra intoxicación, made in Johan, de quien sabe que a Figo se le revisó su contrato cinco veces en los cinco años que vistió de azulgrana. Una cosa es que no fuera el mejor pagado –tampoco era el mejor, ya que Rivaldo y Ronaldo estaban en un escalón superior- y otra que fuera el séptimo. Calumnia, que algo queda. Establecido el nuevo orden a gusto de sus criterios y con su bendición, jugadores como Henry o Thuram pasaron a cobrar tres veces más que Iniesta o Xavi sin la titularidad asegurada.

 

Franco y los electores de Laporta

"En la sociedad catalana hay una gran diferencia entre la gente que ha crecido y estudiado en la época de Franco y después de Franco. El desarrollo personal de la gente en sí, su forma de pensar, es diferente y esto se ha notado a la hora de votar". Los que eligieron a Laporta con su voto fueron mayoritariamente socios que crecieron y estudiaron en la época de Franco. Pura cuestión de estadística. Otra equivocación del genio.  

Mala fecha de elecciones

"Las elecciones deberían haberse hecho en marzo, como era lo lógico; hacerlas en junio es absurdo. La gente sabía que hacer las elecciones en junio perjudicaba al club, pero se hizo. No es excusa que hubiera una junta gestora. Hay quien dice que lo había pensado el presidente, pero...¿el presidente sabe más que nosotros? No, desde luego que no”. Por supuesto, no ha nacido un humano que supiera más que él, ni siquiera el presidente. Para que sus palabras merecieran credibilidad y pudieran ser tomadas en serio se echó en falta su censura al calendario electoral planteado por su amigo Laporta para agosto de 2006 utilizando al amiguete Sala i Martín como brazo ejecutor. ¿No perjudicó esa fecha al club? ¿Por qué no dijo nada entonces? El Maestro era así. Cambiante.

 

“En el Barça no hay transiciones”

"En el Barça no hay años de transición. Siempre hay que salir a ganar. Nunca hay que dar excusas antes de tiempo". Hubiera estado bien que le hubiese transmitido ese mensaje a Laporta como gestor de la sección de baloncesto, cuyo presupuesto estuvo siempre entre los más altos de Europa y que llevaba en transición desde el mismo momento en que se puso a gestionarla. De todas formas, El Maestro a veces no se aclaraba y cambiaba de opinión como Sala i Martín de chaqueta. El 12 de febrero de 2007 escribió en La Vanguardia: "Tengo clara una cosa: hay momentos de transición. Y éste es uno de estos momentos". Así era el gran Johan, un hombre de firmes convicciones.  

“Siempre buscando enemigos en los últimos años”

"Nosotros aquí siempre hemos tenido problemas con todos en los últimos años. Siempre buscando enemigos…Y en este sentido tanto Rijkaard como Laporta son ideales para crear un ambiente positivo". Teniendo en su bando a Johan Cruyff era difícil que le salieran enemigos peores a Joan Laporta. Y más, el “ambiente positivo” creado por Laporta y Rijkaard en los dos últimos años de éste dio para cero títulos sobre seis, y todo gracias al buen rollo de la autogestión que acabó derivando en anarquía y descontrol del vestuario. Cuando eso ocurrió, claro, la culpa fue de los jugadores, de quienes no se acordaba en la época de vacas gordas. Por otra parte, el ambiente positivo que generaba Laporta le supuso la deserción de 15 de sus directivos.

Perdió el pleito con Núñez

El 19 de septiembre de 2003 podía leerse en El Periódico, "Cruyff espera que el Barça retire un pleito contra él (…) Núñez le acusó de vender información y de cobrar por partidos de pretemporada y Cruyff le respondió llamándole "tirano sin alma" y que "debería estar entre las fieras". Cruyff demandó a Núñez y al club, y Núñez y el club hicieron lo mismo con él. La Audiencia condenó a los dos a rectificar sus frases y además a Cruyff le ordenaba que se hiciera cargo de todos los gastos que implicaba la sentencia y rectificación de Núñez. Seguramente el juez no tenía ni idea, debió pensar El Maestro  

No exige a Rijkaard

"A Laporta, Txiki y Rijkaard no les voy a exigir que sean campeones de liga. Yo no lo fui hasta mi tercer año como técnico del Barcelona". Podían, pues, estar tranquilos. Si Johan no exigía, el entorno estaría calmado. Si el genio tardó tres años, adelantarse a ese plazo podía significar por parte de los demás mortales una falta de respeto. Guardiola, en cambio, no necesitó ni tres ni dos. Tampoco él los necesitó para llegar al Camp Nou como futbolista y arrasar en su primera temporada.

El equipo es la herencia de un pasado lleno de errores

El 20 de octubre de 2003 rizaba el rizo de la incoherencia, siempre en La Vanguardia, su periódico entonces: "El equipo de hoy es mayoritariamente herencia de este pasado lleno de errores. Y por más que estemos deseando lo contrario, lo que se ha hecho mal durante cuatro o cinco años no se arregla en cuatro o cinco meses". Luego el Barça arrasaría en la segunda vuelta con el equipo de la herencia plagada de errores, que de hecho sería la base del nuevo gran Barça: Valdés, Puyol, Oleguer, Motta, Iniesta, Xavi, Cocu, Saviola… No parecía tan mala herencia. Hasta los genios se equivocan, porque lo que se había hecho mal en cuatro o cinco años Rijkaard y Ronaldinho lo solucionaron en tres meses.  

“Dejémosles trabajar”

"Todos los nuevos que han entrado en el Barça son gente honesta, dejémosles trabajar”. Se refería a los directivos amigos suyos. A éstos, que eran de los suyos, había que dejarles trabajar, a diferencia de lo que había que hacer con los del antes, a quienes había que poner palos en las ruedas. Seguramente, en este caso, lo que quiso decir es: “dejemos trabajar a todos menos a Sandro Rosell”, que igual no era “gente honesta”. Al menos, eso es lo que pareció después.  

Visitas al vestuario

El 3 de enero de 2004 Sport se hacía eco de una polémica en la que Cruyff se vio envuelto al trascender sus continuas visitas al vestuario del Camp Nou: "Bajaré cuando quiera al vestuario. No hay ninguna polémica en mis visitas al vestuario. Y si la hay, es que alguno la busca. Si bajo al vestuario y lo digo es porque no tengo nada que esconder y bajaré siempre que quiera hacerlo". Claro, como Pedro por su casa. Eso quedaba muy claro: hará lo que quiera siempre que quiera. Años atrás, cuando él mandaba en ese vestuario, nadie podía profanarlo. Ahí sólo mandaba él. Años después, seguía mandando. De hecho, los que debían mandar estaban en nómina del club gracias a él. ¡A ver quién era el guapo que le impedía hacer uso de la incoherencia y le prohibía pisar un territorio que debería estarle prohibido! “Sí, he bajado al vestuario, pero nunca en día de partido. He bajado al vestuario entre semana y sólo dos veces, porque allí tengo un montón de amigos: Eusebio, Unzué, Rijkaard y Txiki… Y si alguno cree que por bajar dos, tres, cinco veces a un vestuario se arreglan las cosas, que me explique el secreto, porque yo no lo sé". Cruyff quería poner de moda visitar a los amigos precisamente en el vestuario, como si el vestuario fuera un bar. Lo que no se entendía era su manía por cerrar a cal y canto las puertas de ese espacio en su época de entrenador si, como dice, allí no se arreglan las cosas. A Cruyff nunca le costó pasar del blanco al negro. Era así. Tampoco dijo nada cuando un Laporta desesperado entró en el vestuario para ofrecer una prima extra por ganar al Valencia. No le dio resultado y el equipo no alcanzó la final de Copa.  

Laporta le abre las puertas

Laporta dejaba las cosas claras por si alguien aún tenía dudas: "El Barça es su casa y puede venir cuando quiera. Siempre es positivo que el equipo pueda contar con sus conocimientos, que además le pueden ir muy bien a Txiki y Rijkaard y ayudar a mejorar la situación deportiva del equipo". ¿No habíamos quedado en que en el vestuario no se arreglaban las cosas?

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Y Txiki le da la bienvenida

El 6 de enero de 2004 Begiristain admitía en El País que Cruyff había bajado ya tres veces al vestuario. "Que alguien como él venga es normal, lo raro es que antes no pudiera hacerlo". De bien nacidos es ser agradecidos. Ese día Txiki se ganó el jornal.

 

Equipo, descompensado…

Y una vez tomada la posesión de su hogar, muy pronto empezó a lanzarle chinitas a Sandro Rosell, el vicepresidente deportivo,una figura que le incomodaba: "El equipo está descompensado". Claro, no lo había construido él ni sus recomendados. Rosell era un tropiezo y le molestaba y había que minar su imagen y credibilidad que en ese momento estaba por las nubes tras el fichaje de Ronaldinho.  

…y desequilibrado

El 14 de enero de 2004 volvía a insistir en que el equipo no estaba compensado y Rijkaard salía a su encuentro: "desde el primer día supe que el equipo no estaba equilibrado". Eso ocurría por dejar los fichajes en manos de un directivo, Rosell, que empezaba ya a estar con la mosca detrás de la oreja ante la actitud del cuadro técnico y su asesor espiritual. De ese desequilibrio nacieron dos ligas y la Champions League. Luego, ya sin Rosell y con plenos poderes para Txiki, dos años de travesía en el desierto a la espera de la llegada de Guardiola para arreglar el desaguisado.  

Fichaje de Davids

Poco después decía Cruyff sobre Davids, el improvisado fichaje de invierno de 2004: "Tiene una mentalidad y carácter que le pueden venir muy bien al equipo. Lo que él puede aportar es lo que le hace falta al Barça, y si se pudiera incorporar, yo lo haría". Dicho y hecho. En dos días estaba fichado y, como el propio presidente admitió, “que n´aprenguin”.  

El toque de Migueli

El 11 de enero de 2004 Cruyff, ya felizmente acostumbrado a la palmadita y “lo que tú digas”, recibía de un auténtico mito viviente del club, Migueli, un serio toque en TV3: "Cruyff siempre habla de barcelonismo. Si habla tanto, ¿por qué no arregla el club? Lo que pasa es que tira la piedra y esconde la mano. En los 104 años de historia del club parece que sólo haya existido el Dream Team, cuando por aquí han pasado jugadores como Biosca, Maradona o Kubala, mucha gente de gran calidad y sentimiento. Su barcelonismo es de bolsillo”. Migueli dudaba del amor de Cruyff por el Barça, "como también de su amor por el fútbol, que no tenía. Dice que el dinero no es lo más importante, pero después de retirarse aquí se fue al Levante. Yo sólo estuve un año en el Dream Team de Cruyff y él no debe creer conveniente que yo esté ahora en el club". Dicho por Migueli, el futbolista que en más ocasiones había defendido la camiseta del club en ese momento, la acusación de amiguismo y dirigismo sobre Cruyff en el Barça adquiría un tono realmente solemne.                  

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