2012-10-02 18:10 FC Barcelona Por: Administrador

La amiguita de Laporta, acusada de blanqueo y sobornos



Pedro Riaño

Gulnara Karimova, hija del presidente de Uzbekistan, ha sido acusada de blanqueo de capital y sobornos. La noticia no tendría mayor relevancia en nuestro ámbito si no fuera porque esta señora de aspecto muy cuidado fue el contacto que utilizó Joan Laporta para introducirse en los círculos de poder de Uzbekistán haciendo servir el rango que le confería su cargo de presidente del FC Barcelona. Laporta no sólo buscó fortuna personal en ese país, también ligó la imagen del FC Barcelona a Uzbekistan, aún sabiendo que se trataba de una dictadura en la que no se respetaban ni se respetan los derechos humanos de sus ciudadanos.



Ha pasado el tiempo y la amiga de Laporta, entonces una respetable señora con residencia en Ginebra y actividades tan nobles como la de representar a su país ante las Naciones Unidas, vuelve al primer plano de la actualidad por las irregularidades, principalmente económicas, que las autoridades suizas han detectado siguiendo su pista, lo que les llevó a congelar sus cuentas millonarias en los bancos de Ginebra. También ha despertado el interés de las autoridades francesas, que investigan la procedencia de diversas propiedades de "lujo asiático" que posee en el país vecino, como un espectacular piso en la zona noble París, un castillo en Groussay o una mansión en Saint Tropez administradas por sus dos agencias inmobiliarias. También se le investiga por blanqueo de capital y corrupción pasiva.

Ahora se ha sabido que una empresa sueca le pagó 225 millones de euros para introducirse en Uzbekistán colocando además a su marido al frente de la sucursal de Londres. Diseñadora de moda, titulada en Harvard y hasta embajadora en España, ha sido también denunciada por las organizaciones humanitarias y ha pasado de ser la artista invitada en las reuniones internacionales del glamour más selecto a simplemente una apestada de la que nadie quiere saber nada. Esta era la amiga de Joan Laporta. Cuando se tiene el dinero por castigo, lo que se persigue es la notoriedad y el reconocimiento público de los demás, algo que ha perdido, como quedó claramente demostrado al ser excluida de la Semana de la Moda de Nueva York. Los sponsors del evento, Mercedes Benz e IMG, exigieron su expulsión de la sala amenazando con retirar sus patrocinios.

Se sabe que aquel desfile coincidía con la cosecha del algodón en Uzbekistán, una actividad que cubren cientos de miles de niños obligados a dejar el colegio para trabajar por su país. Tampoco la elitista marca de joyas Chopard quiere saber nada de ella después de haber mantenido una intensa relación comercial. Ni el cantante Elthon John, que se prestó a participar en alguna de sus suntuosas fiestas y ahora la ignora. Además, ya no tiene acceso a las grandes revistas del glamour, Vogue, Harper's Bazaar o Hello! que han cerrado sus páginas para ella.



HIja de Islam Karimov, presidente vitalicio de Uzbekistán por decisión propia desde 1990, Gulnara comparte una fortuna familiar estimada en 3.000 millones de euros. Uno de los beneficiarios, su hermano, ha sido denunciado por su responsabilidad en la matanza a sangre fría de Andijan, en 2005, en la que murieron centenares de personas, mujeres y niños entre ellos, que fueron  congregados deliberadamente en la plaza central de la ciudad. También se sabe que existen miles de denuncias  contra la familia Karimov por asesinatos, torturas, encarcelamientos inhumanos y penas caprichosas de trabajos forzados sin más fin que el de conservar el poder y multiplicar la fortuna familiar.

En la época de Joan Laporta al frente de la presidencia del FC Barcelona, Gulnara Karimova organizó un sinfín de fiestas a las que asistieron, en busca del talón, lo más florido del mundo de las celebrities internacionales, desde Elton John a Julio Iglesias pasando por Rod Stewart, Sting, Bill Clinton, Vladímir Putin, Óscar de la Renta, Valentino, Cristiano Ronaldo, Lionel Messi y, naturalmente, Joan Laporta en virtud a la consideración que le reportaba su condición de presidente del FC Barcelona. Era la época de esplendor de Gulnara Karimova, la "barbi" uzbeka, el personaje más odiado de su país, formada en Harvard, titulada en Ciencias Políticas, cinturón negro de karate, diseñadora, cantante, presidenta de un equipo de fútbol, el FCBunyodkor,  y mujer de negocios (controla Zeromax, la empresa más poderosa de Uzbekistán, especializada en minería, transporte y algodón). Precisamente con esta empresa tuvo tratos Joan Laporta en su época de presidente del FC Barcelona. Su curriculum explica que es una gran defensora de los derechos humanos en uno e los países más represivos del planeta, en donde su padre, antiguo jefazo del partido comunista soviético, se hizo con el poder en 1991, coincidiendo con la independencia de la República. Desde entonces nadie ha podido con él. Y gracias a la implacable represión que ejerce ha podido enriquecerse él y su familia hasta límites insospechados a través de una especie de mafia paraestatal. Al padre de la amiga de Laporta no le quedan ya oponentes políticos. Han sido asesinados.

Joan Laporta entró en contacto con el mundo de Uzbekistan a través de una relación que le proporcionó el intermediario Bayram Tutumlu. Se llamaba Miraldil Djalalov. Y Laporta desconfiaba de él, fundamentalmente porque no tenía aspecto de millonario y no acabó de convencerle en su primer contacto del restaurante Via Venetto. Entonces no sabía que era el hombre de confianza de Gulnara Karimova. Muy pronto lo supo y supo también quién era Gulnara. Y se arrimó.

Laporta y Karimov congeniaron y llegaron los acuerdos siempre en nombre del FC Barcelona -que viste mucho, en Uzbekistan y en todo el mundo- con ella y con el club que presidía, el Bunyodkor. Laporta hacía negocios con quienes mandaban en Uzbekistan, un país que numerosas denuncias por maltrato a la infancia, mientras paralelamente firmaba contratos con UNICEF para ganarse el cielo, perdonar sus pecados y tranquilizar su conciencia. Laporta firmó en 2008 cinco millones con la señora presidenta a cambio de un stage en Barcelona del Bunyodkor, un amistoso en la ciudad condal y otro en Tashkent. Éste último no se ha disputado por deseo expreso de Sandro Rosell. También intervino Laporta en los viajes de Messi, Puyol e Iniesta a Uzbekistan a razón de un millón de euros por personaje. Y consiguió que fueran Cesc Fàbregas, Cristiano Ronaldo y Rivaldo. Éste último acabó jugando en el equipo de la señora presidenta.

Y gracias a Joan Laporta el FC Barcelona tuvo en esa época el dudoso honor de ser el único club de fútbol de elite que mantenía relaciones con gente tan poco recomendable. Así se entiende que el bufete de abogados Laporta & Arbós, del que es socio el ex presidente blaugrana, intentara comprar el Real Mallorca para vendérselo a Zeromax en 2009. La comisión para Laporta, cuatro millones de euros limpios. Fue un claro ejemplo de la ligereza con la que el ex presidente se tomaba sus actos como cabeza visible del club blaugrana. El tema le valió el rechazo del periodismo español, que entendió que el presidente del FC Barcelona no puede utilizar su cargo para intervenir en negocios de fútbol cuya única finalidad estaba en el lucro personal. 

La cuestión es que Gulnara Karimova, ahora en el ojo del huracán por sus actividades irregulares, fue la conexión que utilizó Laporta para relacionar al más que un club, el club solidario y preocupado por la infancia en el mundo, como lo demuestra su comprromiso con UNICEF, con la tiranía de una familia que gobernaba y gobierna en Uzbekistan, país que ocupa uno de los primeros lugares en el ranking negro de violación de los derechos humanos. Así era Laporta. Cuando tocaba, muy preocupado por los niños. Cuando no tocaba era capaz de sintonizar con quienes abusaban de la infancia en su país.

Se entiende que el ex embajador británico en Uzbekistán dijera entonces: "Estoy absolutamente horrorizado. Es como haberse asociado con Adolf Hitler para promover un equipo de fútbol en Berlín durante los años treinta. Realmente es asombroso, incluso en el mundo loco por el dinero del fútbol, que se tenga los ojos tan cerrados a la moralidad".

A Joan Laporta se le pasó su hora. A Gulnara Kalimov también. Parece que a algunos no les gusta Qatar. Prefieren Uzbekistan y sus barbies.

 



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