2011-10-09 23:10 FC Barcelona Por: Administrador

La ampliación y el inútil pelotazo del Miniestadi (IV)



Barcelona, de acuerdo
Y aún quedábamos más tranquilos después de saber, también por Sport, que “Barcelona abre las puertas a recalificar el solar del Miniestadi para pisos”. Si Barcelona estaba de acuerdo, hasta los mal pensados debían dejar de lado las suspicacias y sumarse al fervor popular que supuestamente respaldaba el proyecto. No se podía ir contra Barcelona.

Un estadio parecido a…
Carlos Ferrater, el arquitecto catalán que luchó hasta el final con Norman Foster por la adjudicación de las obras, explicó a Ona Catalana que "nosotros queríamos eliminar la tercera gradería y acercar el estadio a la ciudad, con un techo retráctil, abierto, para que entrara la luz. Tuve la sensación de llegar a la final de la Champions y de perderla en los penaltis con el Chelsea". Él era el Barça y Foster el Chelsea. Luego censuraría la escasa originalidad del proyecto de Foster y su enorme parecido al Allianz Arena de Munich, lo que le convertía en un estadio "más transplantable a cualquier punto del mundo". El propio Franquesa acabaría admitiendo que el proyecto finalista era "urbano y muy elegante, de la familia del Emirates Stadium (Arsenal) y Da Luz (Benfica)”. Es decir, parecido a… Algo que no podía decirse del Camp Nou de siempre, del que ha llenado de orgullo al barcelonismo durante 50 años.



La Asamblea debe opinar
Infoesports.com aclaraba que “la venta del Mini debe ser aprobada por la Asamblea porque supera el 20% del importe total del presupuesto del ejercicio", de acuerdo con el redactado de los estatutos del club en el artículo 17.6. Un detalle que parecía ser ignorado por la directiva, que sólo se atenía a los estatutos cuando le convenía. En este caso, como en tantos otros, era evidente que no le interesaba ceñirse al contenido de la constitución blaugrana y prefería recurrir a la política de hechos consumados.

Soriano y la comodidad
Desde la comodidad de su sillón en el palco del Camp Nou, Ferran Soriano señalaba el 21 de septiembre de 2007 que lo prioritario en la elección del proyecto de Foster no era el diseño sino la comodidad y accesibilidad para los aficionados. “No creo que el objetivo sea que tenga un diseño rompedor sino que sea funcional para los espectadores. Lo importante no es de cara afuera sino que los que vayan a ver el fútbol disfruten de los partidos con la máxima comodidad y accesibilidad y no se mojen”. Efectivamente, a los socios les hubiera encantado que no les fueran con embustes. Si lo que realmente interesaba a la directiva era mejorar la comodidad de los abonados, antes de lanzarse a acometer una obra faraónica como ésta se habría tomado la molestia de mejorar las medidas de los asientos. Porque el abonado del Camp Nou está incómodo y estrecho desde que se le coló de rondón el último modelo de silla. Sin embargo, a Soriano sólo le interesaba la comodidad del abonado para utilizarla como argumento ante la prensa. Él no tenía problemas de visibilidad ni de encaje en su asiento. Palabras, sólo palabras. Lo que en realidad quería Laporta era el diseño, la foto con Foster que diera la vuelta al mundo. Y si los socios habían visto el fútbol incómodos hasta ese momento, podían seguir igual.

¿Camp Nou antiguo?
El 21 de septiembre Toni Frieros ponía en marcha la teoría de la justificación del aparato propagandístico entre vítores, aplausos y fanfarrias: “Si yo fuera socio del Barça, que no lo soy, me llenaría de orgullo y satisfacción que la Junta Directiva del FC Barcelona, como hizo en su día la de Josep Lluís Núñez, haya tenido la ilusión y la idea de pensar en lavarle la cara al Camp Nou y hacerlo con una obra que ayudará a que el Estadi sea, más que nunca, un referente para la ciudad. El Camp Nou se ha quedado viejo, anticuado, hasta cierto punto incómodo. Convertirlo en un espacio moderno, atractivo, de gran belleza arquitectónica y aprovechar para reordenar una inmensa zona de Barcelona que necesita una transformación radical me parece, incluso, de gente valiente y adelantada a su tiempo”. ¿Es que quizá el Estadi había dejado de ser alguna vez un referente para la ciudad? ¿Quién había decidido que el Camp Nou se había quedado viejo, anticuado y hasta cierto punto incómodo? ¿La implacable UEFA, quizá, la que le había otorgado el rango de estadio cinco estrellas, algo al alcance de muy pocos recintos? Toni Frieros no era socio ni conocía, al parecer, las incomodidades que Laporta regaló a los dueños del club estrechando sus asientos. Eso sí es una cuestión de incomodidad, y de eso no se hablaba en el proyecto de Foster, que aspiraba a ampliar el aforo y no a reducirlo mejorando el confort de los socios. La comodidad servía de adorno teórico para justificar el proyecto, pero en la práctica era lo que menos contaba dentro del maremagnum de millones que se iban a mover. ¿Quién había decidido que el proyecto de Foster era atractivo, moderno y bello? ¿Quién había resuelto que el de Mitjans había dejado de serlo? ¿Qué tendría que ver el pelotazo del Camp Nou ligado a la venta del Miniestadi con gente valiente o adelantada a su tiempo? ¿Habrá que ser valientes y echar abajo la Sagrada Familia porque no es un monumento del siglo XXI? ¿Será necesario cubrir de mosaicos el Barri Gotic para adecuarlo a los tiempos que corren? La demagogia con este tema estaba a la orden del día.
Frieros recurría al Real Madrid, el referente de siempre, para validar el pelotazo de Laporta: “El Real Madrid se gastó una fortuna en modernizar el Santiago Bernabéu por dentro, pero no modificó su exterior ni sus aledaños. Lo que ahora propone el FC Barcelona es de sentido común: estar a la altura de los tiempos aprovechando los avances tecnológicos de la arquitectura moderna, que permite obrar milagros donde antes sólo se podía trabajar con hierro y hormigón”. Que el Madrid no modificara el exterior del Bernabéu –que sus motivos tendría- era motivo suficiente como para que el Barcelona le diera una lección de “sentido común”. “Estar a la altura de los tiempos” era para Sport renunciar a un estadio modélico, aunque incómodo, para cambiarlo por otro igual de incómodo, pero forrado de colorines y marcado por límites claustrofóbicos con una cubierta que nadie había pedido. “Estoy absolutamente convencido de que en 2011, cuando se acaben las obras, los socios y seguidores del Barça, los vecinos de Les Corts y por extensión todos los barceloneses, estarán orgullosos de la transformación del Camp Nou”. Pues si el señor Frieros estaba tan absolutamente convencido de lo que van a opinar “todos los barceloneses”, adelante con los faroles. Y a las minorías, aunque también sea mucho suponer que los detractores sean minoría, ni agua. Así se escribe la historia del talante democrático del círculo virtuoso. “Enemigos los habrá siempre, aunque sólo sea por el simple placer de llevar la contraria. Pero el nuevo Camp Nou no hay que verlo únicamente como una obra de Joan Laporta y sus directivos. Hay que contemplarlo como un hito para la historia de la entidad, que es la que queda. Y ahí todos deben ir a una...”. Este artículo merecía, como mínimo, un jamón. “No es una obra de Joan Laporta, es un hito para la historia de la entidad”. Y al que no esté de acuerdo lo excomulgamos del barcelonismo y le convertimos en “enemigo” por tener la desfachatez de “llevar la contraria”. No sé si puede decirse que este proyecto no era de Joan Laporta, de lo que sí estoy seguro es de que no se trataba de una iniciativa del barcelonismo desde el momento en que no fue consultado para ser llevado a la práctica.
 

¿Cómo se financiará?
Seguramente Domènec García era para Toni Frieros un enemigo del Barça por cuestionarse detalles que para él pasaban desapercibidos quizá por su obsesivo interés en loar el “hito histórico” con calurosos aplausos. Decía García en infoesports.com el 26 de septiembre de 2007: ”Ahora, que expliquen cómo se financiará. No soy partidario de que el Barça se entrampe y quede hipotecada su economía como sucedió en los años 60, cuando el Barça tuvo dos estadios, el Camp Nou y el de Les Corts, durante ocho años. En 1965 se vendió Les Corts y el Barça salió de la crisis económica que la ahogaba. Después, como se sabe, entre Montal y Carabén, lo volvieron a arruinar. Por eso los socios debemos saber antes de nada si la megalomanía de Laporta (curiosamente un admirador de Carabén) lo llevará a tocar el presupuesto ordinario para pagar la obra o bien lo hará con un presupuesto aparte. Vender todo el patrimonio (Can Rigalt y Miniestadi) sólo alcanzará para pagar una tercera parte, pues, según expertos, difícilmente sacarán más de 120 millones a lo sumo. ¿Cómo se pagará el resto, que no bajará de 130 millones más? Si dicen que se ganarán unas 6.000 localidades, habría que usar el método que permitió realizar la ampliación del Camp Nou sin traumas económicos. Es decir, dividir el coste (pongamos generosamente 320 millones) por el número de nuevos abonados y eso dice que cada localidad (sin tener que vender el patrimonio) costará 50.000 euros. Ventilando todo el patrimonio saldría a unos 33.000 euros cada uno ".



La opinión de las encuestas
La Vanguardia realizaba el 25 de septiembre una encuesta entre sus lectores. Sobre 2.236 respuestas al 63% le gustaba la nueva maqueta.  Era una encuesta realizada después de un constante bombardeo de ilusión generado por la propia directiva a través de sus voceros más afines, que, como en el caso de Anton M. Espadaler, llegaron incluso a cuestionar la existencia de la tercera gradería quizá porque su paternidad correspondía a Josep Lluís Núñez, aunque ya viniera dada en el proyecto original. El 37% de contrarios al proyecto era una cifra inapreciable para una directiva que se regía por y para las mayorías. No hacía falta, por tanto, legitimar el proceso con una consulta popular. La opinión de los “enemigos del proyecto”, como decía Frieros, no merecía que se perdiera un minuto con ellos. Y el rodillo laportista seguía funcionando seguro de sus fuerzas y ajeno a la sensación que empezaba a instalarse entre la masa social de que algo había que hacer para desactivar el estilo Laporta, un estilo que día a día iba ganando adeptos para la causa de los desencantados.

MAÑANA, PRÓXIMO CAPÍTULO

La ampliación y el inútil pelotazo del Miniestadi (V)

Éxito sin precedentes / Así respiraba Laporta en 1999 / Que Núñez se explique / El Barça asume riesgos El proyecto Barça 2000 / Un estadio más pijo / 35 millones, la minuta de Foster/ La cuota de Lateral / Comité de cuentas claras

 

 

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