2011-10-28 21:10 FC Barcelona Por: Administrador

La ampliación y el inútil pelotazo del Miniestadi (IX)



Los políticos responden
ICV-EUiA era el socio del gobierno municipal que entorpecía la firma del acuerdo por su postura diametralmente contraria a la voluntad de Joan Laporta y sus “cómplices”. Había que lograr un pacto con CiU para desbloquear la situación. Y el entendimiento llegó tras una entrevista mantenida por Xavier Trias con el presidente blaugrana. Jordi Hereu, por su parte, también conseguiría el visto bueno de Esquerra Republicana a través de Jordi Portabella para modificar el Plan General Mertropolitano. Lo más novedoso del acuerdo era que por primera vez el FC Barcelona establecía una compensación urbanística por la pérdida de superficie de equipamientos ocasionada por la reordenación en el Miniestadi. El club cedería unos terrenos situados en Montcada i Reixac. El ecosocialista Gomà dijo sobre ello que «se actúa más a favor de un privado, aunque sea el Barça, que del municipio». El líder municipal del PP, Alberto Fernández, rechazó igualmente el plan al considerar que se había hecho «con precipitación y nocturnidad y de espaldas a los vecinos». Pero tanto Hereu como Laporta aseguraron que “la mayoría de los vecinos están de acuerdo con la propuesta”. Por consiguiente, no había que hacer caso de la oposición que pudiera plantear una inapreciable minoría ruidosa. En ese momento de felicidad, Joan Laporta, que hacía unos pocos días había asegurado que había perdido la fe en los políticos, de pronto la recobró. Así es Laporta. “Se puede perder la fe en algunos momentos, pero después se recupera”, dijo. Claro que sí. La fe es cambiante. Junto al permiso para remodelar el Camp Nou, el club también obtuvo luz verde para iniciar el proyecto del nuevo Palau. El coste de las obras, 72 millones.

No salen los números
El acuerdo se estableció en base a una serie de condiciones que el FC Barcelona estaba obligado a satisfacer: la cesión de 53.000 metros cuadrados del suelo y techo destinado a vivienda protegida, la construcción de un centro cívico, la urbanización de las calles del Campus Sur y del resto de suelos modificados en el Plan General Metropolitano. También debía aportar el club 30 millones para la compra de los terrenos de Montcada i Reixac destinados a equipamientos deportivos. Dando por bueno en un piadoso ejercicio de fe que el coste de la obra de Foster no excediera de 240 millones de euros, había que añadir los 30 de los terrenos de Montcada, los 72 del coste del Nuevo Palau y los 5 en concepto de gastos de urbanización de la zona. No salían los números, ya que el propio Joan Oliver había anunciado unas plusvalías que se moverían entre 150 y 200 millones.

Reivindación “histórica”
Lo dijo Laporta en la asamblea general de compromisarios que tuvo lugar en agosto de 2009. Allí el presidente que se declaró manifiestamente en contra del proyecto Barça 2000 y afirmó que la recalificación del Mini era una “reivindicación histórica”. Y tan histórica. El Pelikano recordaba por esas fechas que “contra ese proyecto Barça 2000 el actual presidente Joan Laporta y algunos miembros del Elefant Blau, como Albert Perrín y Jordi Moix, se manifestaron en contra junto a los vecinos de Les Corts exigiendo su retirada, un objetivo que finalmente consiguieron con los mismos argumentos que ahora mantienen los vecinos, ahora con el añadido de que se construirán 1.600 pisos y que no se ha realizado un plan de movilidad que garantice o mejore la vialidad de un barrio que ya sufre un gran estrés circulatorio”. El tema, ciertamente, tenía su “historia”.

Les Corts, en pie de guerra
El 15 de septiembre de 2009 los vecinos iniciaban el contrataque después del pacto firmado por el Ayuntamiento con el FC Barcelona en periodo prevacacional, justo antes de las vacaciones de agosto, cuando cualquier signo de rechazo podía quedar minimizado. Los vecinos no perdieron el tiempo durante el mes de agosto y prepararon una estrategia de manifestaciones contra la recalificación de los terrenos del Miniestadi. Los líderes vecinales recogieron alrededor de 10.000 firmas contrarias al acuerdo para demostrarle al alcalde y al presidente del FC Barcelona que “la mayoría” no estaba de acuerdo con el proyecto. Incluso se inició la venta de pancartas con el lema “Equipaments al Ministadi, sí i Pisos al Miniestadi, no”

El PP aporta un toque de cordura
El 9 de octubre de 2009 Alberto Fernández Díaz, presidente del Partido Popular en el Ayuntamiento de Barcelona, solicitó el aplazamiento del proyecto de recalificación de los terrenos del Miniestadi atendiendo a una medida de prudencia que se fundamentaba en la excepcional  situación electoral que iba a vivir el  FC Barcelona a lo largo de toda la temporada. El líder del PP parecía ser el único que tenía conciencia de que Sandro Rosell, el opositor con más números para ganar las elecciones de 2010, era absolutamente contrario al tema. Fernández proponía esperar para evitar la posibilidad de que el nuevo presidente se echara para atrás después de firmado el acuerdo.
Fernández proponía que “se detenga la transformación del Miniestadi hasta que se celebren las elecciones” como “medida de prudencia y de sentido común”. Todo quedaba a la espera de que Laporta atara bien atado el futuro del club garantizando el triunfo de una junta afín que atendiera todos los proyectos que dejó colgando. Éste, sin duda, era el de mayor calado. Pero no supo vertebrar una candidatura continuista ganadora capaz de culminar todos sus objetivos.

Ahora no se atreven
Luís Mendiola describía en El Periódico la cruda realidad el 22 de enero de 2010: “La recalificación del Miniestadi saldrá adelante con un techo mucho más bajo del que pretendía la junta azulgrana en su proyecto inicial (…) ?La rebaja en el suelo edificable y la actual situación económica inclinan al club a aparcar temporalmente el proyecto de reforma del estadio y en su lugar tirar adelante la construcción de un nuevo pabellón, la edificación de un hotel y la creación de una zona comercial en la zona próxima a las actuales oficinas y al Palau (…) La reforma del Camp Nou parece ahora mismo una idea irrealizable por razones económicas (…) El desembolso hoy por hoy se antoja desorbitado: en torno a los 250 millones de euros presupuestados inicialmente para unas obras que podrían durar entre año y medio y dos años (…) ?Los números que maneja el club con la recalificación del Mini están muy lejos de poder cubrir la obra. En una previsión inicial, el Barcelona considera que podría ingresar en torno a los 130 millones de euros, una cifra muy inferior a la plusvalía de cerca de 400 millones prevista inicialmente, con la que se pretendía cubrir la ampliación del Camp Nou y la construcción del nuevo Palau (…) La opción que maneja ahora mismo la junta de Laporta es priorizar la edificación del nuevo pabellón, del hotel y de la zona comercial, cuyo coste podría situarse en torno a esos 130 millones. La junta no descarta definitivamente la reforma del Camp Nou ideada por Foster. Pero valora si puede llevarse a cabo solo en su cubierta exterior”. Primero vendieron la piel del oso anunciando al ganador del concurso. Luego llegó “el tío Paco” con la rebaja.

El socio deberá rascarse el bolsillo
Y el 28 de enero trascendió que los trámites previstos para la recalificación del Miniestadi se alargarían un mínimo de cuatro años. El cuarto teniente de alcalde de Urbanismo, Ramón García Bragado (PSC), cifraba en 13 años el cumplimiento de los trámites y la finalización de las obras. Es decir, que aún suponiendo que Sandro Rosell renovara su mandato, no vería concluido el proyecto. Lo más preocupante es que según estimaciones del propio ayuntamiento, el FC Barcelona obtendría un beneficio de 67 millones para construir un nuevo Palau y afrontar el proyecto Foster. O lo que es lo mismo, el capricho faraónico de Laporta no podría abordarse sin obligar a los socios a rascarse el bolsillo, como siempre, para hacer frente a unos gastos que sólo en lo referido a la remodelación del Camp Nou ya se sabía que iban a superar los 300 millones.

Laporta pone de acuerdo a PSC y CiU
Y eso que el capricho de la directiva logró poner de acuerdo a las dos fuerzas políticas más importantes de Cataluña, PSC y CiU en la modificación del Plan General Metropolitano para que Laporta pudiera hacer realidad su viejo sueño inmobiliario. ICV votó en contra, y PP y ERC se abstuvieron en la votación. Mientras los políticos tomaban decisiones trascendentes sobre el futuro del Barça, los socios, auténticos propietarios del club, eran ninguneados. Nunca antes el Barça estuvo tan sometido a los designios de la política. Laporta seguía insistiendo en que desde la directiva no se hacía política mientras los políticos tomaban decisiones, de acuerdo con la directiva, a espaldas de los socios, a quienes no se les consultó… por si acaso. Podía leerse en El Pelikano: “La aprobación del plan inicial de la reforma del Miniestadi puede suponer la operación de mayor riesgo financiero del Barça de toda su historia y posiblemente una carga a la que difícilmente pueda hacer frente en los años venideros sin la venta de más patrimonio o inversiones en forma de derramas sociales”. Y el socio, en la higuera.
Laporta nunca explicó qué necesidad tenía de hipotecar al futuro presidente con una obra faraónica en el Camp Nou que ni fue consultada a los dueños del club, ni gozaba del respaldo de los vecinos  ni se presentaba como necesaria y urgente habida cuenta el excelente estado que presenta el recinto más emblemático del Barça. Sólo la necesidad de cuadrar el balance final vendiendo el Miniestadi puede justificar el absurdo interés por cambiar un Camp Nou que sólo pide a gritos una mejora, nunca una transformación en otro estadio.
El nuevo presidente, Sandro Rosell, fue elegido de manera abrumadora en las urnas haciendo constar en su programa electoral su negativa a afrontar el proyecto Foster y su deseo de frenar el pelotazo del Miniestadi. El sueño faraónico de Laporta pasó a mejor vida con Rosell.

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