2011-08-02 09:08 FC Barcelona Por: Administrador

La cara oculta de Laporta. Capítulo 1



Joan Laporta i Estruch, abogado de profesión y socio de un discreto bufete –Laporta&Arbós-, nacido en Barcelona en 1962, casado, separado y con tres hijos, se convirtió en 2003 en el presidente más votado de la historia del FC Barcelona hasta ese momento. Durante años fue la cabeza visible del Elefant Blau, grupo opositor encargado de crispar el ambiente del entorno blaugrana erosionando y desestabilizando a los anteriores presidentes con el fin de preparar la llegada de un nuevo orden. Presentó una moción de censura, y la perdió, contra Josep Lluís Núñez, ante quién se estrelló en todos sus intentos por apartarle del poder utilizando la vía democrática.  Se considera heredero de la generación de su padre espiritual, Armand Carabén. Los Montal, Granados, Vilaseca, Carrasco, Huguet, Borràs… Todos ellos, con una adscripción política nacionalista muy definida, vieron en Laporta a su joven brazo armado vengador en la lucha contra Núñez y el nuñismo. Nunca le perdonaron al constructor su espectacular irrupción en el club ni soportaron verle encadenar mandatos sin apenas oposición. Había que hacer algo y Laporta se encargaría de ejecutar la estrategia.  La militancia de Laporta en la resistencia antinuñista se remonta a 1997, cuando apoyó sin éxito a Ángel Fernández en su aventura electoral contra Núñez. La intentona acabó en fracaso, pero le sirvió para posicionarse convenientemente en la galaxia blaugrana. Poco después fundaría el Elefant Blau con la ayuda de Sebastià Roca. Desde allí fiscalizó la inversión en fichajes, cuestionó la descapitalización de la entidad y sembró la duda sobre una supuesta conversión del club en sociedad anónima deportiva. Se realizaron auditorías externas y se discutieron y cuestionaron los números oficiales de la entidad con afirmaciones que aseguraban, de acuerdo a su contabilidad paralela, la existencia de una deuda que alcanzaba los 14.000 millones de pesetas. El Elefant Blau anunció y promovió una moción de censura apenas tres meses después de que Laporta perdiera las elecciones asociado al candidato Ángel Fernández en una clara demostración de su desprecio por la voluntad mayoritaria de la masa social blaugrana. Laporta perdió la moción ampliamente, pero su protagonismo en el entorno opositor ganó enteros, que de eso se trataba. Si no aceptó el resultado de las urnas en 1997, mucho menos el de la moción de censura, porque la táctica de acoso y derribo contra Núñez no se detuvo ante ningún de resultado democrático. Luego llegarían las denuncias contra el plan ‘Barca 2000’ y cualquier otro tema que admitiera el más mínimo resquicio para generar crítica. Todo el trabajo de desgaste contra Núñez alcanzó la recompensa anhelada y el presidente, harto de un ambiente enrarecido interesadamente y, según otras versiones, acuciado por sus problemas con Hacienda, presentó su dimisión en el año 2000. Una vez conseguido el objetivo de eliminar a Núñez del paisaje blaugrana, Laporta acudió a las primeras elecciones del postnuñismo (junio de 2000) enrolado en el equipo de Lluís Bassat, el candidato de consenso que improvisaron las fuerzas vivas de la oposición. Pero ni siquiera la bendición de Johan Cruyff les sirvió para acceder al poder. Bassat perdió ante Joan Gaspart. Una nueva derrota en las urnas.  Laporta deshizo el Elefant Blau y mantuvo ante el trienio negro de Gaspart una actitud sorprendentemente comprensiva y benevolente que contrastó con la ferocidad que había empleado para fiscalizar cualquier decisión de Núñez. El Barça iba de desastre en desastre y pronto se dieron las condiciones adecuadas para que Laporta se aprestara a preparar su asalto al poder. Cuanto peor le iba al Barça mejor le iba a él y a su proyecto de cambio total. Y un año antes de que Gaspart presentara la dimisión, Laporta ya le había comunicado a Bassat  que volaría en solitario y que no iba a conformarse con menos que con la presidencia.

Su catecismo

Seis años en las trincheras de la oposición permitieron a Joan Laporta preparar a conciencia su catecismo de cabecera. Bien asesorado por un competente equipo de expertos capitaneados por Xavier Roig, se aprendió disciplinadamente su papel y lo interpretó a las mil maravillas en la contienda electoral repitiendo machaconamente expresiones innovadoras, aunque no originales, como la de su eslogan “Primer el Barça”, copiado de RAC-1, o la del “Círculo virtuoso”, “La primera línea mediática mundial”, “Los mejores años de nuestras vidas”, “tolerancia cero a la violencia” o “Catalanismo integrador y transversal”. Luego, interpretándose a sí mismo y saltándose el guión, daría celebridad a otras frases como la de “M´estic posant com un bacó”, “Que n´aprenguin”, “Que no estamos tan mal, hombre”, “No em toquis” o “¡Al loro!”, que acabarían calando entre los aficionados. 



Concepto sectario del Barça

El 14 de mayo de 2003 Joan Laporta presentaba su candidatura a la presidencia del FC Barcelona en su sede del hotel Majestic. En el discurso de inauguración de campaña dijo: “Si volviera a nacer me gustaría ser Guardiola, porque lo más grande es ser catalán, jugar en el Barça, ganar la copa de Europa, cuatro ligas y que te entrene Johan Cruyff”. Toda una declaración de principios que dejaba al descubierto su parcial e interesado enfoque de la realidad blaugrana. Guardiola ganó seis ligas con el Barcelona como jugador, pero dos de ellas las logró sin Cruyff en el banquillo. En su particular revisión de la historia esas dos ligas no contaban. Le traicionó el subconsciente en su concepto sectario del Barça. 

Garantía de cambio

Nosotros sí somos garantía de cambio seguro”, afirmaba orgulloso en su primera conferencia de prensa como precandidato. El cambio consistiría en apoyar a Ángel Villar en la Federación, abrazarse a Gaspart, ocultar información al socio amparándose en vergonzosas cláusulas de confidencialidad, vender patrimonio, aumentar desproporcionadamente la nómina de empleados con familiares, amigos, amigas y conocidos, desmantelar la sección de baloncesto, a la que incluso se le cambiaría el nombre para dejar de llamarse FC Barcelona, relacionar al Barça con Franco, sustraerle a los propietarios del club entradas que eran suyas para ofrecerlas a sus compromisos particulares, recurrir a las comisiones para realizar fichajes, invitar a los viajes a los amigos, ampliar los pases VIP en el palco, faltarle el respeto a las peñas, quedarse en calzoncillos en un aeropuerto, maltratar en plena vía pública a un empleado, enzarzarse en una pelea callejera con un ex empleado, hacer uso de jets privados para realizar viajes sin justificar, espiar a sus propios directivos… En eso iba a consistir su cambio. 



Sin directivos anteriores … hasta que llegó Murtra

En nuestro grupo no figura ninguna persona vinculada a directivas anteriores. Con todo el respeto, no creo que tengan nada que ofrecer (…) Hemos de acabar con el continuismo”. Efectivamente, en aquel grupo no había nadie vinculado a directivas anteriores. Luego, una vez conseguido el poder, no le importó faltar a su palabra incorporando a un vicepresidente de Núñez a su junta por la puerta de atrás. Lo que diferenciaba a Evarist Murtra del resto de gestores del pasado era que éste, al menos, era amigo. Los otros no. Por eso eran indignos de figurar en su junta. La amistad y la pertenencia al club de fans de Carabén eran valores de mucho peso capaces de justificar el incumplimiento de cualquier promesa electoral, porque los amigos estaban por encima de todo, incluso del “Primer el Barça”.  

El pecado de Martínez Rovira

Curiosa la andanada que le soltó el transparente Laporta al candidato Josep Martínez Rovira, que antes le había acusado de “presentarse con piel de cordero encima de la piel de elefante que dividió al Barça”. La respuesta, fulminante: ”El que ha desestabilizado eres tú porque has formado parte de una de las peores directivas de la historia y eres corresponsable”. La  presencia de Martínez Rovira en la junta de Gaspart fue poco menos que testimonial porque apenas perteneció a ella unos meses. Por su parte, su amigo Murtra, navegando entonces en el barco de Bassat, también disfrutó del honor (¿dudoso?) de ser directivo con Núñez y corresponsable de su gestión, lo que no impidió a Laporta acogerle tres años después entre los suyos. Y tan mal no debió hacerlo la directiva de Gaspart cuando no mereció la crítica de Laporta ni dio motivos para que quien vino detrás levantara las alfombras.

Su idea de la democracia

Prometo la democratización del club”. Eso consistiría en mentir a los compromisarios en la asamblea y someterse a la constitución de la entidad, los estatutos, sólo en función de su propio interés. También debe entenderse por democratización del club estigmatizar a quien no pensara como él dentro de la junta hasta obligarle a dimitir por disidente y desleal o someter a espionaje a sus propios directivos. O expulsar de la masa social a quien le buscara las cosquillas con argumentos. O decidir por su cuenta y riesgo, y sin informar a nadie, que el club debía convertirse en una ONG que paga en lugar de cobrar por lucir publicidad en la camiseta. La democratización de Laporta se basó en imponer su criterio sin consultar al socio-propietario decisiones trascendentes como la venta de patrimonio o la transformación y ampliación de un Camp Nou que no se llenaba o la creación de un equipo en Miami. Daba la sensación de que la consulta no era necesaria porque Laporta, cual mesías redentor, hacía las cosas por el bien del club y él ya sabía lo que el socio precisaba sin necesidad de preguntárselo. Por ejemplo, fijar la fecha de las elecciones unilateralmente cuando más le convenía a él saltándose el redactado de los estatutos del club. Todo por el el socio, pero sin el socio. Ésa era su interpretación de la democracia.

Los mejores años

No buscamos ni una jubilación dorada ni una plataforma de notoriedad: estamos dispuestos a dar por el Barça los mejores años de nuestras vidas”. Le faltó añadir: “y a cobrárnoslo con entradas si llegamos a una final de la Champions, y a recorrer el mundo estableciendo relaciones con gente importante, montando nuevos negocios, llenando el álbum de fotos gracias al Barça y abriéndonos hueco en el mapa político catalán aún a costa de indisponer al club con medio mundo”. Una de las constantes del presidente Laporta fue precisamente su afán de notoriedad, su fijación por relacionarse con personajes influyentes y poderosos y su afición por los aviones y los hoteles. 

”No venderemos patrimonio”

“Existen fórmulas creativas que no obligarán a vender patrimonio a corto plazo”, manifestaba en mayo de 2003. La primera fórmula que se le ocurrió fue aumentar la cuota de los abonados un 40%. Y la creatividad de la medida no debió ser tan feliz cuando luego tuvo que vender parte de ese patrimonio que prometió conservar. Y eso que Alfons Godall, que iba entonces de hombre fuerte y responsable del área económica, aseguraba en ese mismo acto de presentación de la candidatura que “queremos conseguir un nuevo impulso sin vender ni un metro cuadrado de patrimonio”. El impulso daba para muy poco si no se ponía a la venta el patrimonio heredado en Can Rigalt.   

¿Fichajes baratos?

Decía el 18 de mayo de 2003: “No ficharemos jugadores muy caros para tenerlos en el banquillo”. En ese momento no podía imaginar que un día un tal Maxi López llegaría a su Barça por una cantidad similar a la que el club sacó por una estrella de prestigio mundial como Riquelme. En lo que sí acertó es en que Maxi López no estuvo mucho en el banquillo. Pasó más tiempo viendo los partidos directamente en la grada o desde casa. En ese momento tampoco podía sospechar que pasados los años llegaría al club un jugador como Thuram para vegetar en el banquillo cobrando una ficha de 9 millones de euros anuales. Total: 18 millones a cambio de cero títulos y nulo rendimiento. Un plan de jubilación en toda regla. Laporta pondría luego de moda la adquisición de futbolistas caros (Martín Cáceres, Hleb, Henrique y Keirrison) para cederlos de forma inmediata. Así no habría que tenerlos en el banquillo y podria cumplir su promesa.

Jugadores que marquen diferencias

Sólo se ficharán jugadores que marquen las diferencias, porque la cantera será la base del equipo”. Efectivamente, la cantera heredada en la “pesada mochila” fue la base del equipo y salvo las operaciones de Ronaldinho, Deco y Márquez, negociadas por Rosell, y la incorporación de Eto´o, capricho personal de Laporta gestionado por el dimitido Faus, los Albertini, Maxi López, Sylvinho, Van Bommel, Ezquerro, Gudjhonsen, Thuram, Zambrotta, Henry, Cáceres, Hleb y compañía poca diferencia marcaron. Además de Messi, a quien Rijkaard ya se encontró listo para debutar, sólo Bojan, y luego, con Guardiola, Busquets y Pedro dieron el salto al primer equipo de forma estable durante el laportismo mientras el rendimiento de los equipos inferiores se fue deteriorando lamentablemente con el paso del tiempo. 

Calumnia, que algo queda… a Bassat

A un abogado meticuloso como él, que mide sus palabras y, sobre todo, las de los demás, no le importaba en plena campaña electoral lanzar improbables bravuconadas. Lo de improbables es porque no se podían probar. “Si gana Bassat, mandará Florentino”. Lo decía por Miquel Roca i Junyent y Salvador Alemany, que viajaban en el barco del publicista. Luego Roca trabajó para él con nula fortuna en el tema de la fecha de los comicios de 2006 y a Bassat no se le ocurrió relacionar ese compromiso profesional con el Real Madrid. Aquel Laporta candidato no se mostraba ya despiadado como en su etapa de opositor, pero era capaz de decir lo que hiciera falta con tal de sumar puntos en la escasa intención de voto que se le presumía cuando se inició la carrera electoral: “No queremos que el Barça esté dirigido por los intereses del presidente del Madrid a través de sociedades interpuestas (…) Bassat vincula el Barça a intereses financieros y políticos y los socios perderán el control de las decisiones del club”. Un mensaje catastrofista recurriendo al miedo que igual servía para Núñez que para Bassat seis años después o luego para Oriol Giralt y Sandro Rosell. Nada se podía probar, pero funcionaba. Calumnia, que algo queda. Y cualquiera diría que con él el socio tuvo algún peso en las decisiones del club. Por no tener, no tuvo ni las entradas que le correspondían para las finales de París y Roma. Además, ese estilo agresivo, que luego tan poco le gustaría en boca de otros y referido a su persona, le garantizaba espacio en las portadas de los diarios. Ese era su talante, el que le llevó a anunciar poco menos que el fin del mundo porque estaba convencido de que un día Núñez convertiría al Barça en sociedad anónima. Ninguna base sólida para justificar su versión, pero el tema era populista. Eso era lo importante. El exceso verbal del candidato Laporta contra Bassat y su cuestionada independencia financiera obligó a La Caixa a salir al paso con una nota pública que desmentía sus acusaciones poniendo a salvo su imagen de los ataques. Luego, Laporta, como tenía pensado hacer Bassat, se lanzó en brazos de La Caixa para hacer frente al endeudamiento del club.  

Mañana, Capítulo 2

Colaboración con clubs catalanes / El milagro económico lo financian los socios / La honestidad la inventó él / Acabar con las prebendas y los privilegios/ Independencia financiera, política y mediática  El milagro económico lo financian los socios / Secciones: todos a la calle / La regeneración ética del Barça / Accesibilidad al Camp Nou /  El “cantante” Sorín /  Primero los fichajes, luego el entrenador /  El fiasco de Rustu

 

 


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