2011-08-12 09:08 FC Barcelona Por: Administrador

La cara oculta de Laporta. Capítulo 11



Le preocupan los sentimientos

En la misma entrevista concedida al diario Sport el presidente concluía que había que “encontrar un equilibrio entre la gestión empresarial y la gestión de los sentimientos que representa el Barça y creo que lo estamos consiguiendo”. Por eso en las finales de París y Roma los directivos se preocuparon tantísimo por los sentimientos de los socios-propietarios del club, que decidieron apoderarse de 30 entradas por cabeza sólo para sus amigos, familiares y compromisos. Así gestionaba los sentimientos el laportismo. Con gran equilibrio, eso sí.

Intentan desestabilizarle



“Tengo todavía la ilusión para seguir dirigiendo el club, pero tantos intentos de desestabilización me afectan”. Quien le dedicó a la desestabilización los años previos a los mejores de su vida se sentía ahora afectado ante la posibilidad de que otros pudieran desestabilizarle a él y creía firmemente que sus opositores tenían la misma mala uva que gastó él en el pasado. Y aunque veía fantasmas por todas partes, no acababan de cumplirse sus fantasías. Y ninguno de los potenciales desestabilizadores fue con él lo suficientemente cruel como para compararle con Franco, Hitler o Pinochet. Y motivos no faltaban. Esas cosas correspondían al pasado reciente más casposo del club, ese pasado en el que él disfrutó de un papel estelar de protagonista. Afortunadamente, ese estilo intolerante, crispante y fanático ya estaba superado y ahora la oposición, aunque le afectara al presidente, se comportaba con otros modales. Es cierto, la herida estaba cerrada porque las protestas ahora tenían otro tono. Ya nadie saltaba al ruedo con el hacha de guerra en la mano.

“Nadie se quiere ir”

Explicaba Joan Laporta en Sport: “Hoy en día es difícil pensar que haya jugadores que quieran irse del Barça. Más bien todo lo contrario. Es muy difícil que llegue un club y convenza a un jugador del Barca para irse. Y si alguno no está contento en el Barca... seguro que nos entenderíamos”. Evidentemente, si a alguno se le ocurría marchar, él tenía el remedio infalible: subirle la ficha y asunto zanjado. Es la receta que empleó en el pasado Agustí Montal, su admirado referente, para retener al futbolista Johan Cruyff en el club.



Complicidad mediática

Además, un amplio sector mediático mostraba su mejor predisposición a colaborar en la justificación de aumentos injustificables. Por ejemplo, Sport: Su tarea principal (de Laporta) consistirá en poner al día contratos como el de Ronaldinho, Eto´o o Xavi, que han quedado desfasados debido a su gran rendimiento”. Qué fácil era impartir justicia administrando el dinero ajeno. Lamentablemente, la historia demuestra que cuando un futbolista que fue ayudado por los medios de comunicación a mejorar su ficha no rinde lo que se esperaba de él, luego nadie lamentará que cobre demasiado. A no ser que se trate de un tema político, como el de Saviola, en cuyo caso Sport, que le editó un libro para su gloria y grandeza, y los demás medios afines ya se encargarán de hacer el coro necesario para crucificarle a él, a su representante y al portero de su casa. Lo cierto es que detrás del compromiso de los jugadores con el club se escondía otro de la directiva, comprometida en cubrirles de oro un año después. Y para cumplir la promesa, claro, había que buscar financiación. Por ejemplo, subir un 40% las cuotas de los abonados, malvender a Riquelme o a Reina y deshacerse de patrimonio, un tercio de Can Rigalt.

Zenden dejó más que Riquelme

Un dato muy gráfico. Laporta vendió a Riquelme por menos de lo que sacó Gaspart por Zenden. Y el Villarreal pagó por Riquelme una cifra similar a lo que desembolsó el FC Barcelona por Maxi López, un futbolista que no sirvió ni para estar en el banquillo.

Retoque de contratos

Luego justificaría Laporta con esa gracia que Dios le ha dado el espectacular incremento de las nóminas de alguno de sus futbolistas: “Se trata de jugadores que cuando les fichamos les pedimos que nos ayudaran y se ajustaron a las condiciones que les ofrecimos –decía en El Periódico-. Les dijimos que cuando pudiéramos el club sería justo con ellos. Es evidente que ahora podemos y hemos de respetar aquel compromiso. No se trata de ser generosos. Se trata de ser justos y recompensar una actitud muy positiva y comprensiva que ellos tuvieron con la entidad. Cuando administras dinero de otros no puede haber generosidad, lo que ha de haber es justicia”. Y ya puestos, transparencia, explicando las cosas como son y no como a uno le gustaría que fuesen. Mientras Laporta razonaba su sentido de la justicia, Eto´o reclamaba públicamente una mejora económica de su contrato tras un primer año de éxitos en el Camp Nou. Respuesta del presidente en El Periódico: “Tiene razón. Nos comprometimos. Aceptó unas condiciones para ayudarnos y ahora que él ha cumplido es justo que el club revise las condiciones de su contrato. Los demás lo entenderán porque se trata de mejoras que en ningún caso se salen de lo que es correcto y lógico en el mercado”. Los demás lo entendieron tanto que Valdés salió a reclamar lo suyo, ante la decepción del secretario técnico, y hubo que mejorar los contratos de varios jugadores más. “Nuestra economía está saneada y podemos cumplir nuestra promesa a los jugadores que les garantizamos una mejora”. Poco a poco iba conociéndose la verdad y aquellos fichajes tan baratos que se firmaron con cifras tan modestas se convertían de la noche a la mañana en los futbolistas con los contratos más elevados del fútbol mundial. ¿A dónde se iban a ir las estrellas blaugranas? ¿Dónde les iban a pagar más? Años más tarde el club intentó deshacerse de Eto´o y no encontró comprador. Nadie estaba dispuesto a pagarle la ficha anual que exigía: 10 millones de euros. Finalmente el Barça lo tuvo que regalar como torna de Ibrahimovic. A Deco prácticamente se lo dejaron gratis al Chelsea y Ronaldinho fue malvendido al Milan.

Un proyecto de vida. De buena vida

Leído en Sport el 8 de mayo de 2005: “Laporta, que llegó ayer de China para asistir a la final de la copa de Europa de balonmano en el Palau, acudirá hoy por la mañana al GP de España de Formula 1 y, para llegar a tiempo para ver el Valencia-Barça, un helicóptero le trasladará a El Prat para coger el avión a Valencia de las 16.30”. ¿Era necesaria su presencia en el Gran Premio de España de Fórmula 1? ¿Hacía falta contratar un helicóptero para llevarle luego al aeropuerto? ¿Todo esto era para festejar el “éxito“ de horas antes en Pekín con el sponsor chino, negociaciones fracasadas que a día de hoy aún están sujetas a una cláusula de confidencialidad? Una cosa es representar dignamente al club en donde sea necesario y otra abusar del cargo para estar en todas las fiestas. ¿No podía delegar o su obsesión por salir en la foto se lo impedía? ¿Qué se escondía detrás de su interés por la Fórmula 1? Había que sacarle brillo a la tarjeta institucional... Y es que ni él mismo negaba que le iba eso de sacar a pasear el cargo. Lo decía en Mundo Deportivo: “Subir a la Gran Muralla China como presidente del Barcelona, con la camiseta del Barça y la bandera catalana me ha llenado de satisfacción”. Luego, en la película –autorizada por Laporta- “FC Barcelona Confidencial” quedaba retratado cuando planteaba a la junta la posibilidad de que el primer equipo realizara una gira por Sudáfrica porque “me haría mucha ilusión saludar a Nelson Mandela”. Luego sabríamos por Sport, en noviembre de 2007, que aprovechaba sus incontables viajes para mejorar su hándicap de golf. En los mejores años de su vida también entraba el golf. No está mal como proyecto de vida.

Abrazo a Gaspart

El 21 de mayo de 2005 los medios de comunicación ofrecían una imagen impensable apenas unos meses atrás: Gaspart abrazado a Laporta mientras le hacía entrega de la llave de oro de Barcelona. Sport descubría que Gaspart dijo en dicho acto que le gustaba Laporta “porque le recordaba a Núñez”. Quizá se quedó corto, dado que Laporta ya había superado con creces el carácter presidencialista de Núñez dirigiendo el club. Gaspart ya sabía lo que decía. Hasta un asombrado Sergi Pàmies se restregaba los ojos en El País: “Parecía que Laporta tenía más cosas en común con Gaspart que con Rosell”. No iba desencaminado. Superada la prueba de las alfombras y restituido el honor de Gaspart, el enemigo cambiaba de apellido. Gaspart se sinceraba el 15 de julio en Sport: “Yo nunca criticaré a Laporta (…) Él siempre ha sido muy respetuoso conmigo, nunca me ha criticado. Con él sólo he pactado mi barcelonismo”. Poca memoria demostraba tener Gaspart... ¿O quizá buscaba el descrédito de Laporta uniendo su apellido al suyo y escenificando el abrazo del oso?

Avisos a Rosell

Seguía explicando El País: “El despliegue está siendo utilizado para fortalecer el liderazgo de Laporta al frente de una junta que, mirando hacia otra parte, aprende a defender ideas que hasta ayer habría rechazado (véase el contrato de 10 años a Ronaldinho). Con motivos o sin ellos el presidente no deja de hacerle notar a Rosell lo harto que está de su protagonismo y por eso desvía los focos hacia quien más lo merecen: el equipo, Rijkaard y la afición. No obstante, siempre que puede añade la coletilla de Carabén y Cruyff. Nada es inocente”. Así empezaba a fraguarse la estrategia. Rosell estaba siendo invitado a marchar.

Camerún y el UB Barça

El 25 de mayo de 2005 El Periódico desvelaba que “Laporta aprovechará en junio un partido de Eto´o en Yaoundé para viajar y escoger los terrenos para una escuela de fútbol en Camerún (…) El proyecto humanitario pretende ofrecer cobertura escolar, sanitaria y socio psicológica a más de 100 niños y sus respectivas familias. A través de la Fundación el club pretende implicar a diversas organizaciones, como la Fundación Umbele, la fundación Barcelona SIDA 2002 o la Johan Cruyff Foundation”. Eso sí, que no falte Cruyff. Y tenía que ir el presidente en persona. Ni su prima hermana ni el responsable de la Fundación debían tener suficientes galones como para gestionar el tema por su cuenta. Y uno se congratula de que el Fútbol Club Barcelona, un club de fútbol con secciones polideportivas y con finalidades exclusivamente deportivas, se convierta en una ONG y pueda llegar a solucionar la vida de 100 niños cameruneses. Sin embargo, cuando el Barça dedica su tiempo y sus medios a barrer la casa de los demás, hay que suponer que es porque la suya está impecable. Pero luego, sin necesidad de rascar mucho, se podía descubrir que el UB Barça, el equipo femenino de baloncesto que llevaba el nombre del Barça, que utilizaba sus instalaciones y que defendía los colores y el escudo del club (igual que el Winterthur, luego AXA y después Regal) no podía defender su título de campeón de la Liga española en la Euroliga porque su presupuesto no daba para más. Y, claro, como la Fundación del club y el filántropo Laporta estaban más pendientes de los niños de Camerún que de lo que les sucedía a sus chicas, éstas tuvieron que renunciar a la competición, dedicarse a la oración y esperar a que se les apareciera la virgen para resolver sus miserias. La solución pasó por acabar desligándose del FC Barcelona, que tenía asuntos más importantes por los que preocuparse. Pero antes, el 8 de junio, Joan Laporta protagonizaba un nuevo capítulo en su obsesión por acaparar medallas haciéndose una foto con el UB Barça, brillante campeón de liga. “El presidente blaugrana agradeció a jugadores y técnicos el esfuerzo realizado para lograr el título”, podía leerse en los periódicos. Más que agradecimiento, el cuerpo técnico y las jugadoras hubieran preferido recibir ayuda económica (era un problema de 200.000 euros) para poder participar en la Euroliga defendiendo el título. Esa foto no debió gustarle tanto a Laporta, que no dudó en dejarlas tiradas mientras dedicaba su generosidad a mejorar las fichas de futbolistas con contratos en vigor o a arreglar las carencias del tercer mundo, que eran tantas que hasta tapaban las propias del FC Barcelona.

Primeras dimisiones

El estilo presidencialista de Laporta se cobraba en 2005 las primeras bajas en apenas dos años de mandato: Jordi Monés, Josep Maria Bartomeu, Jordi Moix y Sandro Rosell. Poco después se iría Xavier Faus, molesto por el exceso de protagonismo de Soriano e Ingla y por su marginación en el desdichado asunto del sponsor chino. Luego, por otras causas, marcharía Alejandro Echevarría. Aquel equipo unido, aquel gobierno mancomunado saltó por los aires hecho trizas. Otra promesa electoral incumplida. Las votaciones en la junta siempre acababan igual, ganando la propuesta de Laporta, fuera cual fuera, por 13 a 4. Los 13, conocidos como palmeros, siempre votaban lo mismo, y los 4, también llamados sectarios, no daban su brazo a torcer. La convivencia era imposible, Rosell acabó dimitiendo y arrastrando a los otros tres, uno de ellos, Jordi Moix, antiguo miembro del Elefant Blau y hombre clave en la estrategia de Laporta para erosionar la figura de Josep Lluís Núñez. Cómo debía estar el panorama para que un fiel de Laporta no aguantara más y no encontrara otra solución que la de salir por piernas de esa junta de pensamiento único. Monés pertenecía al grupo de los “Pinyols”, de marcado cariz catalanista, Bartomeu llegó al club de la mano de Rosell, y Faus fue nombrado por Laporta a dedo. Las tres facciones de la directiva estaban representadas en las dimisiones. No se trataba, por tanto, de una confabulación partidista y conjunta en contra del presidente. Los hechos y la disconformidad respecto al estilo y las formas de Laporta les llevó a unirse.

Mañana, capítulo XII

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