2011-08-17 09:08 FC Barcelona Por: Administrador

La cara oculta de Laporta. Capítulo 16



Reunión con Ronaldinho en su casa de Sant Cugat

La camisa no les llegaba al cuerpo a Laporta y sus directivos. Temían que Rosell intentara aprovecharse del tirón que se le suponía por el resultado de las encuestas. Y el objetivo prioritario, tras la grieta surgida en la junta, era evitar que la crisis se extendiera al vestuario. Laporta se reunió en su propio domicilio de Sant Cugat con Ronaldinho, Eto´o y Deco con el fin de asegurar su continuidad en el club. El destino es a veces cruel. El Elefant Blau se quejaba de que Núñez tomara las grandes decisiones en el despacho de su empresa. Las modas habían cambiado, pero las decisiones seguían sin adoptarse en las oficinas del club y ahora todo se resolvía en casa del presidente. Hasta El Periódico denunciaba el 17 de octubre de 2005 que “el Barça no ha abandonado aún el modelo presidencialista tan criticado por los componentes de la candidatura ganadora del 2003”. 



Sport también le cuestiona

El 20 de octubre de 2005 un confidencial sin firma aparecido en el diario Sport descubría que “ya hace tiempo que Laporta se ha encerrado en su círculo vicioso y sólo escucha lo que quiere escuchar. Por eso está cometiendo tantos errores y su imagen pública empieza a resentirse a marchas forzadas”. Viniendo la crítica del diario Sport, era como para concederle la máxima credibilidad. Uno se niega a creer que Sport pudiera formar parte de ninguna conspiración o “campaña de erosión” contra el presidente del Barcelona. El confidencial seguía: “Laporta sólo confía ahora en unos pocos. Algunos, recién llegados de la mano del propio Echevarría, para construir estrategias que no llevan a ningún sitio. Entre ellos se encuentra un ex jefe de protocolo de Jordi Pujol. El máximo dirigente azulgrana ha permitido que su cuñado asuma más poder del que se merece (...) Su buena labor como directivo no debe empañar una realidad: Laporta ha mentido a la asamblea de compromisarios para salvarle la cabeza, aunque fuera de forma inconsciente (...) Laporta no se merece tener que soportar este mal trago. Tenía que haber hecho caso a los que saben de qué va esto”. El asunto del cuñado había adquirido una trascendencia tal que hasta Sport se atrevía a censurar los modos de un presidente que entendía que su cargo le daba derecho a hacer lo que le viniera en gana convencido de que los demás se lo aplaudirán todo con entusiasmo. 

Mejor atacando que defendiendo



Ramón Besa se refería el 21 de octubre de 2005 a la crisis originada por las actividades secretas del cuñado del presidente tras la comparecencia de éste ante los medios de comunicación para dar explicaciones: ”Víctima de su exhibicionismo, de un exceso de confianza y de cierta demagogia, el presidente aparece ahora como una persona vulnerable (…) A la que Laporta tiene que defenderse, pierde el carisma y la credibilidad de las que goza como atacante (…) El presidente estuvo blando, irreconocible y tan superado que sólo Gaspart se ha puesto de su lado, cosa que más que un favor es una puñalada”. Hago mías las palabras de Ramón Besa, Laporta siempre fue mucho más convincente al ataque que a la defensiva, posiblemente porque tiene tanta seguridad en sí mismo que permite sin inmutarse que los problemas crezcan hasta un punto en que acaban resultando indefendibles. Luego, como otros antecesores suyos, siempre le quedó el recurso de los fantasmas y las confabulaciones judeomasónicas para tratar de salir airoso de los charcos en los que se metió él solito. “Hay un trasfondo en todo esto que es erosionar nuestro proyecto, hay personas que tienen mucho interés en esto.” Es decir, que el problema no era que su cuñado hubiera sido, o fuera, patrono de la Fundación Nacional Francisco Franco. Tampoco que él mintiera con reiteración y alevosía a la asamblea soberana de compromisarios. Lo realmente grave en este caso era que existieran personas con interés en erosionar su imagen. Aunque en realidad todavía resultaba más absurdo que, sabiendo que le tenían ganas, lo pusiera tan fácil. Y quien hizo del enfrentamiento y el resentimiento el sentido de su vida, se quitaba la piel de elefante para enfundarse la de cordero: “Intentemos mirar adelante, superar enfrentamientos. No es bueno estar instalados en el enfrentamiento y en el resentimiento”. Lo cierto es que el escándalo del cuñado sirvió a algunos para refrescar la memoria con las chapuzas más significativas de sus dos años de gestión. Santi Nolla le recriminaba en Mundo Deportivo: “Con lo de Beckham, las cuotas, la venta de patrimonio, el cuento chino o el caso Echevarria han existido demasiadas medias verdades o medias mentiras. Y no todo vale”. En Estados Unidos los presidentes que mienten dimiten. En el Barça no, porque sólo mentían los de antes. Cuando Laporta no decía la verdad era simplemente por desconocimiento y siempre de forma inconsciente. Tanto, que ni siquiera se reconocía.

Crisis Echevarría

Al hilo de los consejos recibidos por Laporta con mayor o menor fortuna en el caso Echevarría, podía leerse en infoesports.com: “Laporta pierde la confianza en su jefe de comunicación (...) Ya hace unos meses que el director de comunicación del FC Barcelona, Jordi Badía, es cuestionado por algunos directivos de la junta de Joan Laporta. Antes de su dimisión, el mismo Sandro Rosell lo calificó en una reunión de "director de desinformación". "Laporta le mantuvo en su puesto a pesar de sus malas relaciones con la mayoría de periodistas deportivos. Pero la semana pasada, en plena crisis Echevarría, el presidente del Barça comprobó que su jefe de prensa estaba en contra de salvar al ahora directivo dimitido. En la rueda de prensa previa a la dimisión de Echevarría, Badía fue un simple espectador, mientras que Toni Rodríguez, socio de Xavier Roig, controlaba toda la operación. Los dos asesores que llevaron la campaña electoral de Laporta ya fueron consultados después de lo que pasó aeropuerto de Barcelona, y nuevamente hace unos días para tratar de resolver la crisis Echevarría. Badía, que ya ha perdido la confianza de Laporta, se enteró de la dimisión de Alejandro Echevarría cuando oyó la noticia a través del programa de Jordi Basté en RAC 1". El asesor, el socio del asesor, el director de comunicación...Un puñado de consejeros a sueldo para fabricar una imagen creíble del presidente y luego se les quedaba en paños menores en el aeropuerto, salía en una película asegurando que se está poniendo como un bacó, les colaba de rondón en la junta a un cuñado franquista o asumía una operación de espionaje contra sus directivos sin enterarse de nada. ¡Dinero tirado! 

Mascaró: el portavoz mediático

Pero Laporta no tenía suficiente con sus asesores oficiales, necesitaba un portavoz extraoficial a quien utilizar para palpar el ambiente antes de tomar una decisión o para justificarla después de haberla adoptado. Se trata de Lluís Mascaró, subdirector y luego director adjunto del diario Sport, un hombre que no tenía inconveniente en afirmar que “por higiene democrática las elecciones deben de ser en el 2006” y luego, aleccionado por su admirado Jan, era capaz de montar una cruzada y perseguir a quien no aceptara los comicios en 2007, excomulgando del barcelonismo a todo aquel que no entendiera la fe blaugrana de acuerdo con la palabra del Señor...presidente.  Después del suceso de los calzoncillos en el aeropuerto y la merma de popularidad causada por el caso Echevarría, Mascaró utilizaba las páginas del diario Sport para anunciar al mundo los planes del señor presidente el 9 de noviembre de 2005: “Hasta la dimisión como directivo de su cuñado Alejandro Echevarría, el presidente había confiado en su carisma personal y en su capacidad de convicción ante un micrófono para salir airoso de todos los conflictos que se le habían presentado. Siempre había conseguido un alto grado de satisfacción ante los socios a pesar de tener a muchos medios de comunicación en contra”. Para Mascaró, en el papel de inquisidor, “medio de comunicación en contra” debía ser todo aquel que no saludara con vítores y fanfarrias cualquier decisión del líder carismático. “Había superado con nota sus tres asambleas de compromisarios, aunque ya en la última cometió un tremendo error al asegurar, categóricamente, que Echevarría “ni ha sido, ni es, ni será patrono de la Fundación Francisco Franco”. "A partir de ese instante, Laporta quedó preso de sus propias palabras. Y más, tras revelarse que su cuñado le había mentido y sí había pertenecido a la fundación franquista”. 

Las gamberradas de otros

Seguía Lluís Mascaró en el diario Sport: “A pesar de la documentación presentada por Lluís del Val, ex directivo de la era Gaspart, Laporta quiso negar la evidencia y, en un fallo estratégico imperdonable, asumió la defensa de su cuñado como algo personal. “Le perdono, le creo y no quiero que dimita”, aseguró en la que ha sido, sin duda, su peor comparecencia ante los medios de comunicación desde que barrió en las elecciones de junio del 2003. El presidente no logró convencer a nadie con sus argumentos porque, sencillamente, no tenía ninguno sólido al que agarrarse. Como él mismo ha asegurado a sus más allegados, el apoyo a Echevarría era una cuestión de fe y un acto de rebeldía ante lo que él consideraba una injusticia”. “Que Laporta decidiera ‘autoinmolarse’ para defender a Echevarría define muy bien el carácter del presidente del Barça. Él sabía que su intervención le iba a provocar un enorme desgaste popular, pero aún así siguió adelante porque consideraba que ése era su deber. Como cuando en el colegio se inculpó de una gamberrada que habían cometido varios compañeros, provocando eso su expulsión e impidiéndole cursar la carrera de medicina, como era su deseo y el de su familia”. Ahora resultaba que según el biógrafo oficial el hurto de un examen y su posterior distribución era “una gamberrada que habían cometido varios compañeros”, entre los que a buen seguro no estaría el jovencito Laporta, claro. ¡Faltaría más! Si sus levantamientos contra Núñez eran recibidos por sus fieles como actos de patriotismo blaugrana, es normal que no se pudiera consentir que la biografía del presidente pudiera quedar manchada por cualquier anécdota inocente y sin importancia. Lo mejor era cargarle la gamberrada a “varios compañeros”. Y como eso, todo. “La primera decisión, tomada en consenso con sus asesores, fue la de rebajar su agenda de forma drástica. Laporta, desde que asumió la presidencia, había mantenido una actividad frenética a nivel institucional. Estaba presente en todos los actos relacionados con el Barça –la primera temporada se recorrió todas las peñas de España– vamos a dejarlo en “unas cuantas”, tampoco es cuestión de exagerar y perder lo que queda de credibilidad- y en la mayoría de los eventos culturales, políticos o sociales que se desarrollaban en la ciudad y en el resto de Catalunya”. Eso sí. A pocos faltó.

Cuatro actos diarios

“Aún así, Laporta todavía mantiene una media de cuatro actos diarios, sin contar los partidos de fútbol “. ¿Ya da de sí el día para cuatro actos? Habría que empezar por definir qué es un acto, porque 1.460 actos al año son muchos actos. "Y es que su dedicación al Barça es a jornada completa. Cuando pronunció aquella frase tan famosa de “vamos a dedicar los mejores años de nuestra vida al club” iba en serio. Laporta llega cada día al Camp Nou alrededor de las once de la mañana. Antes –entre 9 y 10.30– se pasa por su despacho profesional de abogado, que mantiene un nivel de actividad muy elevado gracias a la inestimable colaboración de sus socios. El presidente no acostumbra a dejar las oficinas blaugrana antes de las nueve de la noche, aunque también son frecuentes las cenas vinculadas al club hasta bien entrada la madrugada”. ¿Y los cuatro actos? ¿En qué momento del día tenían lugar? ¿Si el presidente no dejaba las oficinas antes de las nueve, los actos tenían lugar en su interior para mantener el promedio de cuatro? ¿Las cenas eran actos o sólo eran cenas? ¿Las visitas al Drolma eran actos o sólo una forma de sacarle partido a la VISA del club? ¿Los viajes a Uzbekistán eran actos? ¿Y los de Miami? La información de Mascaró dejaba muchos interrogantes en el aire. “Llegó el turno de hacerle comprender que sólo debía hablar cuando era imprescindible. No se trataba de ‘esconderse’ o encerrarse en una urna de cristal, como hacía Núñez, sino de valorar la importancia de sus intervenciones. “Cuando el presidente del Barça hace una rueda de prensa o una entrevista debe ser portada de todos los periódicos”, aseguran sus asesores”. Y ya se sabe, a los asesores hay que hacerles caso. Ellos habían construido la imagen “creíble“ del presidente y sabían mejor que nadie cómo debía dirigirse el club. Laporta lo entendió a su manera y se dedicó a  acaparar portadas con sus constantes salidas de tono. 

Incidentes en TV3

  Es sabido que Laporta no acudía a ninguna entrevista si antes no tenía la absoluta certeza de que las preguntas iban a ser de su agrado. A Mònica Terribas se le ocurrió saltarse el protocolo y preguntarle lo que le tenía que preguntar en referencia a su cuñado en su programa La nit al dia. El presidente abandonó los estudios de TV3 alterado y fuera de sí, con la sensación de que había sido agredido en campo contrario y no reconfortado en el agradable calor de hogar que le proporcionaban habitualmente sus medios afines. Los informadores catalanes no ignoraban que, si no había jabón, el presidente no concedía entrevistas. No hay más que ver lo que fue saliendo en los medios para confirmarlo. El 30 de octubre de 2005 Sport publicaba una adivinanza de Joan Vehils, entonces su director de comunicación: “¿Qué incidentes tuvo Laporta con la periodista de TV3 Mònica Terribas antes de que ésta le entrevistara?” Qué pena que sólo se atreviera a plantear la adivinanza y que los lectores se quedaran con las ganas de saber en qué consistieron esos incidentes que, por lo visto, existieron. ¿Se hubiera enfadado Laporta y su aparato de propaganda si Sport llega a explicar lo que sabía, con patadas a las puertas incluidas? 

Encuestas internas contrarias

La prueba de que todo no valía podía leerse en El Crack 10 del 24 de octubre de 2005: “Al socio no le gusta el estilo de Laporta (…) Así lo refleja una encuesta hecha el sábado antes del Barça-Osasuna. Un total de 1.341 encuestados creen que el presidente debería dimitir, 394 opinaron que no y 95 no contestaron. A más de medio millar de socios les gustaría que el próximo mandatario fuera Rosell, 841 se decantaron por Núñez, 133 por Laporta, 99 por Bassat y 194 tienen otras preferencias”. El presidente más votado de la historia tenía ante el electorado serios problemas de credibilidad en base a su cada vez más completa colección de polémicas, y eso que los títulos iban llegando. 

Reunión en La Jonquera: más parientes que directivos

Lejos de replantearse su doctrina y de rebajar su dosis de soberbia y prepotencia, Laporta respondía con más provocaciones. Leído en Sport, el 29 de octubre de 2005: “La junta se reúne en la Jonquera (…) Había mas parientes que directivos (…) Laporta presidió una minijunta en el que una vez debió ser el comedor de casa de su bisabuelo (…) Entre las dimisiones y los que no pudieron acudir, Laporta presidió una junta con solamente 9 directivos sentados alrededor de la mesa de “su casa”. De esto a hacer del Barça un cortijo particular sólo hay un paso. En Mundo Deportivo se podía leer a Xavier Cambra, el portavoz, justificando el carácter itinerante de las juntas: “La directiva mantiene su intención de territorializar nuestro trabajo. Así creemos que hacemos el Barça más abierto y cercano a Cataluña”. Es decir, nos llevamos al primer equipo de stage a Dinamarca, Suiza, Escocia o Inglaterra porque en Cataluña no hay un solo lugar digno de acogerlo, pero si Cataluña quiere estar cerca del Barça, ahí estamos nosotros, los directivos, dispuestos a ofrecer espectáculo recorriendo la geografía catalana con paripés de juntas de quorum discutible. Así al menos parece que lo veía el presidente, que estaba convencido de que el pueblo podía disfrutar con él tanto o más que con Ronaldinho o Messi: “Este país hace mucho por el Barça y celebrar este tipo de actos es una forma de devolver al país parte de lo mucho que recibimos”.

Jonquerenc de honor

El Crack 10 le encontró a la visita a La Jonquera ciertas reminiscencias franquistas: “La estancia del grupo de directivos en La Jonquera se convirtió en una jornada de exaltación a Laporta en la que solamente faltaron los niños arremolinados a un lado y otro de la acera de la calle principal de La Jonquera agitando banderas de papel con los colores blaugrana y coreando su nombre”. Conclusión final: el alcalde de La Jonquera despidió al presidente del Barça con una recepción en la que le nombró “jonquerenc d´Honor”. Misión cumplida. Se confirmaba que Laporta y sus amigos estaban disfrutando de los mejores años de sus vidas a costa del Barça. ¿O alguien puede imaginar que Laporta podría haber sido distinguido como “jonquerenc de honor” sin ser presidente del Barça? Meses después la junta itinerante se trasladaría a Sant Cugat. Todo quedaba en casa.

Mañana, capítulo 17

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