2011-08-03 09:08 FC Barcelona Por: Administrador

La cara oculta de Laporta. Capítulo 2



 

 



Colaboración con clubs catalanes

El 27 de mayo de 2003 decía: “Queremos que el Barça vuelva a colaborar con los clubs catalanes y que no se dedique a perjudicarlos”. Dejando al margen la polémica de Saviola con el Espanyol y otros conflictos que convirtieron a Laporta en personaje “non grato” en el club blanquiazul  o la desafortunada imagen dejada en Sant Carles de la Ràpita menospreciando la Copa Catalunya, Guillermo Cabello, presidente del Terrassa en sus primeros años de mandato, podría hablar largo y tendido de las inexistentes ayudas del Barça a los clubs catalanes mientras se iban montando escuelas de fútbol por todo el planeta con el sello y el dinero de los socios del FC Barcelona. 

El milagro económico lo financian los socios



El 29 de mayo de 2003, en plena campaña electoral, Laporta explicaba en La Vanguardia con pelos y señales su plan para cortar la hemorragia económica que asolaba al club en un sólo año a través de un rediseño del ingreso en el que no aparecía por ningún lado un aumento de las cuotas. En cambio hablaba de más entradas por publicidad en la camiseta (12), nuevos patrocinadores (7), derechos de TV (19), alquiler de instalaciones (3), telefonía móvil (4) y otros (3). A la hora de la verdad no hubo más milagro que el que salió del bolsillo de los socios, a quienes se les aplicó un aumento indiscriminado del 40% en los abonos.

La honestidad la inventó él

Uno de los objetivos marcados por la candidatura laportista era “recuperar valores como la honestidad, que en los últimos tiempos ha ido a la baja, pero que nosotros tendremos presente en todas nuestras acciones”. Y así lanzaba sus dudas contra la honorabilidad de los anteriores gestores. Cuando tuvo la oportunidad de demostrar la falta de honradez de Núñez, Gaspart y sus directivas no fue capaz de hacerlo. O no quiso. Lo suyo era tirar la piedra y esconder la mano, dejar caer la sombra de la sospecha y propiciar que la opinión pública piense luego lo que quiera.  La nueva honestidad que llegó al club de su mano se manifestó de muy diversas maneras. Por ejemplo, cuando sonaba el arco de metales en el aeropuerto. Por ejemplo, cuando se mentía conscientemente a la asamblea. Por ejemplo, cuando se invitaba a dimitir a quien desafiaba al presidente opinando lo que no debía. Por ejemplo, cuando se invertía tiempo y dinero en la negociación de un sponsor fantasma y luego no se le daban al socio las explicaciones que merecía. Por ejemplo, cuando se ampliaba la nómina de empleados del club con familiares, amigos, conocidos y hasta novias. Por ejemplo, cuando se anteponían “pesebres” glamourosos a compromisos deportivos del club. Por ejemplo, cuando se desplazaban con el primer equipo directivos que nada tenían que ver con él o cuando amigos y socios del presidente viajaban con el Barça con tratamiento de directivos. O cuando el presidente se iba a Oriente Medio con su suegro y su cuñado haciéndoles pasar por directivos del Barça. O cuando se llenaba el palco de amigotes sin mayor virtud que ser conocidos de... O cuando un puñado de niños de papás “afortunados” aprovechaban para pasarlo en grande jugando bajo los focos del mismísimo Camp Nou una vez acabados los partidos del primer equipo. O cuando el presidente intentaba ejercer de intermediario valiéndose de los contactos establecidos como mandatario del Barça para vender el Mallorca a un grupo uzbeko reportando la operación más de cuatro millones de euros netos como comisión para su bufete. O cuando el director general decidía que había que espiar a cuatro vicepresidentes. O cuando se blindaba al amigo ejecutivo con 852.000 euros por menos de dos años de trabajo… Ese era el nuevo concepto de honestidad que acabaría imponiéndose en los despachos del club.

Acabar con las prebendas y los privilegios

Más promesas: “Acabaré con las prebendas y los privilegios que han disfrutado directivas anteriores, como en el caso del reparto de entradas para los grandes acontecimientos y que han perjudicado a otros colectivos, como las peñas”. Esta es una cita especialmente sangrante. “Acabaré con las prebendas”. El impulsivo y prometedor Laporta volvió a fallar en la primera oportunidad que se le presentó de cumplir su compromiso. La final de París, por ejemplo. Luego pediría perdón admitiendo que se había equivocado. Pero cuando se acusa a los demás de disfrutar de privilegios y se jura que “acabaré con las prebendas” o “acabaré con el directivo del puro y las entradas”, hay que cumplir, no se puede esconder uno detrás del “lamento lo ocurrido” y “no volverá a pasar” poniendo cara de niño bueno que nunca ha roto un plato. No se puede ir por la vida prometiendo lo que no se puede, se sabe o se quiere cumplir. Eso se le puede pasar por alto a quien antes no ha hecho uso de este argumento para minar la credibilidad de los demás y, de paso, autopromocionarse. Pero quien ha utilizado como arma arrojadiza la tesis de “las prebendas” con las entradas para erosionar la imagen de otros, está obligado a actuar con pies de plomo, hay que exigirle coherencia con su discurso y que cumpla. No tenía excusa para equivocarse. El desconocimiento, en este caso, no era eximente. Él sabía perfectamente lo que hacía cuando decidió la distribución de las entradas de la final de la Champions League y no ignoraba que muchos socios iban a quedarse en tierra para que sus amigos o los amigos de sus amigos pudieran disfrutar del “privilegio” y la “prebenda” de estar en París gracias al nuevo estilo y el nuevo concepto de honestidad imperante en el club. También sabía que estaba engañando a los socios que aguardaban en las colas del RACC durmiendo al raso, a los que se les aseguró un número de entradas que luego fue falso. Si cuando los de antes hacían uso de las prebendas había que denunciarlo, en este caso no había que contemplar con mayor tolerancia a los denunciantes del pasado si abusaban de las malditas “prebendas” y no le daban explicaciones al socio. Pasar por alto tales desmanes suponía caer en la autocomplacencia que tan flaco favor le hizo al club en su momento. Lamentablemente, la "alarma social" que años atrás supo generar Laporta en connivencia con determinados medios de comunicación contra Núñez por mucho menos, no se repitió esta vez. Ahora el primer compromiso de la directiva ya no era el socio. Ahora Laporta ya tenía bula para hacer, corregido y aumentado, lo mismo que censuró a Núiñez ante el aplauso generalizado de los medios cómplices.

 Independencia financiera, política y mediática

En esa época Joan Laporta mostraba su preocupación ante la posibilidad de que el club pudiera llegar a perder su “independencia financiera, política y mediática” si era elegido presidente un candidato que no fuera él. La independencia financiera quedó con él en manos de La Caixa y los ocho bancos que le firmaron el crédito sindicado. La independencia política pasó por alinear al club dentro de las coordenadas del pensamiento nacionalista sin atender a la realidad de que muchos socios del Barça no comparten esa ideología; sin ir más lejos, el club se manifestó públicamente a favor del nuevo Estatut a pesar de que varias fuerzas políticas catalanas, entre ellas ERC, eran contrarias a su redactado. Finalmente, la independencia mediática se consiguió a base de contribuir al silenciamiento de quien no le quiso reír las gracias y a pactar premios –promociones, entradas de los socios para finales europeas, etc.- para los medios que sí estaban dispuestos ovacionarle. Cuesta, por otra parte, entender un Barça independiente mediáticamente después de vender a Mediapro sus derechos televisivos –su alma- por una cantidad millonaria sin exigir a cambio algo tan simple como un aval bancario que garantice su cobro.
  
 

Secciones: todos a la calle

Y Josep Maria Bartomeu, el responsable entonces de las secciones, presentaba a la prensa durante esos días un proyecto racional para los otros deportes profesionales que pasaba por la continuidad de los técnicos de las tres secciones más importantes: Pesic, Rivera y Figueroa. Al segundo año habían desaparecido Bartomeu y los tres entrenadores. Otra prueba de que la unanimidad se obtuvo siempre a partir de la voluntad caprichosa del presidente y su entorno más próximo.

La regeneración ética del Barça

Los directivos renunciaremos a entradas en favor de las peñas (…) A veces el buen nombre del Barcelona se ha visto involucrado en situaciones poco claras con el reparto de entradas, como pasó en la final de la Champions que se jugó en el Camp Nou, por eso tengo que decir que cuando seamos directivos vamos a renunciar a muchas de nuestras prebendas en favor de las peñas, para que tengan más entradas. Este es un objetivo que nos hemos marcado para asegurar la regeneración ética del Barcelona”. No se puede mentir más empleando menos palabras. Si la regeneración ética era ésta, mejor volver a las prebendas de antes, cuando los directivos viajaban a Wembley con 5 entradas. Los que venían a regenerar éticamente al Barça dieron demasiadas lecciones magistrales de cómo puede usarse el club en beneficio propio parapetados detrás de mensajes solidarios que poca relación guardaban con sus actos.  

Accesibilidad al Camp Nou

Decía Laporta por esas fechas que había desarrollado “un programa de accesibilidad al estadio con el objeto de facilitar la movilidad de la gente mayor y derribar barreras arquitectónicas”. Y en un anuncio electoral podía leerse: “Facilitaremos la accesibilidad y resolveremos el aparcamiento después de un concurso de ideas con los mejores arquitectos y diseñadores. Modernizaremos los servicios a fondo, con guardería para facilitar que las parejas jóvenes vengan al campo, restaurantes con estilos de cocina variados y otras instalaciones que generen más recursos del turismo”. A día de hoy no existe conocimiento del maravilloso programa que estaba “desarrollando” para facilitar la accesibilidad, no se supo nada del concurso de ideas para resolver el problema del aparcamiento ni de los restaurantes para los turistas... Una muestra más de lo fácil que es prometer, obtener los resultados inmediatos deseados del socio entusiasmado y dejar que el tiempo borre las buenas intenciones sin que nadie se preocupe por exigir su cumplimiento. 

El “cantante” Sorín

Sorin quizá tendría futuro en el Barça como cantante”, aseguraba irónicamente el candidato Laporta. Una excelente manera de rentabilizar el patrimonio de la plantilla. No es extraño que luego el laportismo tuviera tantísimas dificultades para vender jugadores (no confundir con patrimonio). ¿Quién le compraría luego al Barça un cantante a precio de lateral? Tres años después el “cantante”, ya fuera del Barça, fue el capitán de la selección argentina en el Mundial de Alemania al que, por cierto, Maxi López, un fichaje “excelente” de Laporta, no acudió ni como corista.

Primero los fichajes, luego el entrenador

El 6 de junio de 2003 el candidato Laporta anunciaba el fichaje de Reçber Rustu, considerado como “excelente”. Las “excelencias” del portero turco no merecen mayor comentario, aunque resulte curioso también que se contrate a un jugador sin tener atado al entrenador. Todo un ejemplo de coherencia. Quizá Guus Hiddink, el favorito de Laporta –y de Johan Cruyff-, diera su visto bueno a la compra de Rustu. Sin embargo, a la hora de la verdad una ridícula oferta económica obligó a Hiddink a darle la espalda a ese maravilloso proyecto ante el que, según el presidente, todos quedaban maravillados y caían rendidos. Luego Laporta afirmaría a los cuatro vientos, faltando a la verdad, que Rijkaard siempre fue su primera opción, negando así la infructuosa entrevista que Rosell y Txiki mantuvieron con Hiddink en el hotel Carlton de Cannes.   

El fiasco de Rustu

A propósito del fichaje de Rustu, decía Laporta en La Vanguardia: “No jugaremos con el dinero del Barça (…) Calculamos que en unos seis meses podrá jugar como comunitario”. Pues sí, jugaron con el dinero del Barça y nos vendieron gato por liebre, excelente por nefasto si hay que juzgarlo por su pésimo rendimiento y no por el apodo presidencial. Por supuesto que en seis meses no jugó como comunitario, mientras su paisano Nihat lo lograba sin problemas en la Real Sociedad. Posiblemente se debiera a que el eficiente Alejandro Echevarría no ejercía todavía a pleno rendimiento por esas fechas. Sin embargo, los servicios jurídicos del club quedaron con este caso, como en tantos otros, retratados por su ineficacia. El 6 de enero de 2004, en El Periódico, Laporta daba una muestra más de su coherencia: “Rustu me parece un portero extraordinario y tiene todo nuestro apoyo”. Apenas cinco meses después fue despedido del Camp Nou y enviado al Fenerbahçe, su club de origen, en calidad de cedido. Ni siquiera las buenas palabras sirvieron para vender bien el producto. Con Rustu también demostró esta directiva que no fue capaz de encontrar compradores para las “joyas” inservibles de su plantilla.

Mañana, Capítulo 3

El socio no ejerce de propietario / El socio no elige a sus administradores /  Un Consell de Notables inútil  / Nulo conocimiento del basket  / Basaba su fuerza en la cohesión del grupo / Justificando al Elefant Blau / Él no hace trampas / Auditoría a fondo / Familia poco culé / El sabor de la venganza /  “M´estic posant com un bacó”  / Restaurantes sólo para vips

 

VER CAPÍTULOS ANTERIORES

 



Deja tu Comentario