2011-09-06 13:09 FC Barcelona Por: Administrador

La cara oculta de Laporta. Capítulo 34



Preparando la sucesión
A cinco meses de ser reprobado por los socios en la moción de censura, Joan Laporta vivía feliz en la nube que le había fabricado Pep Guardiola: “El actual modelo de gestionar el club funciona y, por lo tanto, tenemos la voluntad de continuar con una persona que sea de esta junta (…) Existen varios compañeros preparados y uno de ellos podría ser el futuro presidente del Barça”. Laporta empezaba a preparar su sucesión, quería dejarlo todo atado y bien atado para que ningún desalmado pudiera entrar en su despacho con la intención de levantar las alfombras y montarle una acción de responsabilidad civil. Con quien no podría contar es con el candidato mejor situado, Ferran Soriano, que le abandonaría cinco meses después harto de ese modelo de gestión “que funciona”. ¿Se iría también Soriano por falta de madurez y responsabilidad y cegado por el resentimiento, como los demás dimisionarios?

El cierre del Camp Nou
Echando mano de su facilidad para el embaucamiento, Laporta defendió en el programa “59 segundos” su inexplicable apoyo a Ángel Villar porque en las últimas elecciones a la presidencia de la Federación su oponente, Gerardo González, al que Laporta consideraba ultramadridista, iba diciendo por ahí que lo primero que haría si salía elegido era cerrar el Camp Nou. Lo que Laporta no decía es que Villar, su amigo, también era partícipe de ese deseo. El 23 de diciembre de 2003 manifestaba a la COPE: “La sanción se ejecutará de inmediato, ya que por el cargo que ostento estoy obligado a decretarlo de esta manera”. Pero hay más. Si había alguien interesado en renunciar a una estrategia de defensa del club para evitar el cierre, ese era Laporta, que siempre se mostró partidario de cumplir la sanción. Poco después de acceder a la presidencia en 2003 manifestaba: “Teníamos la idea de cumplir la sanción este domingo para cerrar este caso y para demostrar que no tenemos ninguna prisa para ir al palco. Sin embargo, quizá sería muy bueno tener el Estadi lleno el domingo ya que nos jugamos la clasificación para la UEFA". Resumiendo, Laporta no votó a González porque defendía lo mismo que él: el cierre del Camp Nou. Sin embargo, al “ultramadridista” González nunca llegamos a verle enfundado en una camiseta del Real Madrid como a Ángel Villar, el amigo de Laporta, que apareció radiante y feliz vestido merengue a la salida de un restaurante tras un entrañable ágape en compañía de Ramón Calderón. Enrique Cerezo, presidente del Atlético de Madrid, también presente y obsequiado con la camiseta madridista, tuvo al menos la dignidad de no ponérsela ante los fotógrafos que esperaban a la salida.

El socio no decide nada
El 19 de noviembre de 2003 Ferran Soriano anunció que los socios podrían decidir el destino solidario del 0,7% del presupuesto del club que la directiva desviaría a causas benéficas. Más de siete años después, el socio no tenía ni voz ni voto acerca de los diferentes proyectos solidarios puestos en marcha por la directiva con UNICEF o ACNUR de los que era informado en la revista del club como hechos consumados. Algo parecido sucedía con el sorteo entre los socios prometido para cenar con algún jugador o con las excursiones en bicicleta. Demasiadas mentiras.

Ignoran a los dueños del club
Luego el presidente se extrañaría de que los socios secundaran masivamente una moción de censura contra su estilo. Jordi Medina, ex precandidato a la presidencia, hizo llegar a Laporta en diciembre cinco preguntas sobre la remodelación del Camp Nou, el contrato de Nike, el código de disciplina, la querella contra l´Equipe y la deuda de Navarro. El director de Comunicación le respondió que el vicepresidente Godall daría cumplida respuesta a sus interrogantes y tres meses después Medina seguía esperando. Esa era la prepotencia que luego castigarían los dueños del club. ¿Por qué perder un minuto para contestar a un socio que además va de quisquilloso? Se comportaban como si el Barça fuera su propiedad privada.

“Nos toman por tontos”
Maria Antonia Milà, presidenta de la peña de Sant Boi, acusaba a Laporta y su junta en el pelikano porque "nos miran por encima del hombro. Las peñas somos utilizadas porque piensan: estos son tontos, son tan culés que les podemos pedir que hagan lo que queramos y nos lo hacen. Pero como somos tan culés de corazón y no queremos hacer mal, siempre hablamos bien del Barça y de toda su directiva para no hacer daño al club que queremos. Nosotros sí lo queremos de corazón, hacemos kilómetros pagando nosotros, he puesto los mejores años de mi vida, lo he hecho porque quiero al Barça y la palabra querer es demostrarlo (…) Y no demostrarlo haciendo diferencias, porque yo he tenido la ocasión de que mi nieto pueda ir a ver a un jugador al centro del campo y no lo he hecho nunca. Me gustaría que los niños de aquí tuvieran las ventajas que tienen los niños de fuera para bien del merchandising". Las diferencias iban por las lágrimas del niño japonés, que fueron objeto de un trato especial, más especial que el que merecen los niños catalanes cuando se sentían engañados por el equipo de sus amores.

La web no informa
Los medios oficiales del club, la web, Barça TV, la revista o el boletín distribuido en el Camp Nou no consideraron oportuno informar sobre los diferentes reveses judiciales de Laporta, lo que da pie a pensar que más que medios del club lo fueron del presidente. ¿Quizá porque Laporta confundía el club con su persona? ¿Quizá porque pensaba que el Barça era suyo? Lo cierto es que la imputación de Joan Laporta en un posible delito de injurias no fue noticia en la web del club. El asunto adquiría tintes de comicidad cuando la web informaba sobre la presentación de un recurso ante el Tribunal Supremo por una sentencia de la Audiencia Provincial contraria a la junta de la que jamás se informó con anterioridad.

Para Laporta no hay pañoladas
El 16 de febrero de 2008, después de cesar a Dusko Ivanovic como entrenador del equipo de baloncesto, Laporta acudió al Palau para presidir un encuentro de liga europea que enfrentaba al Barça con el Unicaja. El presidente se llevó una pañolada y una bronca monumental, con gritos de “fuera, fuera”. El hecho no fue noticia para la web del club. Laporta siempre había presumido de que las pañoladas eran cosa del pasado. Por tanto, si iban dirigidas a él, mejor silenciarlas en otro claro ejemplo de transparencia.

Otro feo al baloncesto
El 28 de febrero de 2008 Joan Laporta tenía un compromiso en el Palau Blaugrana. El Barça se jugaba su continuidad en la Euroliga de basket ante el Lottomatica Roma de Bodiroga. A la misma hora, el que ha dedicado los mejores años de su vida a dar lustre a su apellido, tenía otro compromiso. Le habían invitado en ESADE a una conferencia con un sugerente título, “De la presidencia, en 2003, a la victoria, dos ligas y una Champions, en 2006”. El acto además acababa con una cena. El presidente optó por el baño y masaje antes que arriesgarse a recibir la bronca del Palau. Con actuaciones como ésta Laporta no podía esperar que sus contadas apariciones en el palco del Palau fueran recibidas con gritos de júbilo.

Viaje profesional a Nueva York
Explicaba Lluís Mascaró en Sport que “el presidente del Barça sigue trabajando activamente en su despacho profesional de abogado, al que le dedica, al menos, dos horas diarias y diversos viajes mensuales. Próximamente tiene que trasladarse a Nueva York para entrevistarse con un importante cliente”. Entre viaje y viaje del que le iba a dedicar al club los mejores años de su vida, el Barça se iba hundiendo en la autocomplacencia y el descontrol absoluto por segundo año consecutivo, pero el presidente tenía que mirar también por su interés. Su reinado tenía fecha de caducidad y había que labrarse un porvenir antes de que fuera tarde. Y en esa línea hay que entender sus continuos viajes a Suiza para asistir a diferentes reuniones de la UEFA, FIFA, G-14 o Asociación de Clubs, a las que suelen acudir normalmente ejecutivos profesionales o directivos, pero a Laporta no le gustaba delegar ni en el tema de los viajes ni en el de la ostentación de cargo.

Buen rollo con Kuwait
Días antes Laporta había acudido como invitado de honor a la cita con el embajador de Kuwait en España, Adil Hamad M. Al Ayyar, con motivo de la fiesta nacional de dicho país. A Adil Hamad se le había visto por el palco del Camp Nou en calidad de invitado VIP, ese rango social que puso de moda Gaspart y con el que Laporta prometió acabar. No es de extrañar que con amigos así el Barça se comprometiera a jugar un bolo de fin de temporada contra el equipo local, el Kazma Sporting Club. El primer equipo podía perderlo todo, pero también podía ser utilizado para apuntalar las relaciones personales de Laporta de cara al futuro. El bolo no se jugó, claro.



MAÑANA, CAPÍTULO 35

Desidia con Ramallets y el Santboià / Al Palau, no. A Roma, sí / Demagogia barata  / La culpa es de los jugadores / ¿Y ahora qué, señor Laporta? / El presidente baja al vestuario / Viaje al desastre / Cemento en el Camp Nou

 




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