2011-09-06 18:09 FC Barcelona Por: Administrador

La cara oculta de Laporta. Capítulo 38



No somos como su chofer”
Se lo decía Lluís Foix al presidente en las páginas de Mundo Deportivo el 8 de abril de 2008: ”A sus ojos, cualquiera que esté dotado de personalidad y de autonomía representa un peligro que hay que eliminar. Las palabras del president en L'Hospitalet no son las del Kennedy que pretendía ser sino las de un Chávez bolivariano que grita para espantar a los que no piensan como él, a los que no comparten su mesiánica idea del barcelonismo, a los que dice que le quieren mal, a los engañosos, a los que embaucan a los humildes, a los hipócritas, a los que piden un mínimo de transparencia, por ejemplo, sobre los partes médicos de Ronaldinho, a los que pensamos que Cruyff no aporta nada al club desde hace muchos años... Con todo respeto, president Laporta, admita que no somos como su chofer, que tenemos derecho democrático a discrepar, a criticarle, a pensar de otra manera. Usted puede expedir carnets del Barça. Pero no es el amo de la entrega de carnets de barcelonismo permitiéndose calificar de buenos y malos, según le aplaudan o le silben. La grandeza del sentimiento barcelonista es que puede ser de izquierdas o de derechas, nacionalista, rural o urbano, rico o pobre, catalán o no catalán. El Barça no es suyo”.

“No ha fracasado”
Esa era la versión de Lluís Mascaró el 9 de abril de 2008: “Nadie puede decir, todavía, que Laporta ha fracasado como presidente del Barça. Al contrario. Ni siquiera si circunscribimos el análisis al apartado puramente futbolístico. Cinco títulos en cuatro años, con dos Ligas, una Champions y dos Supercopas de España es un balance altamente satisfactorio”…
Y sobre su tonillo histérico en la Trobada de Penyes sostenía Mascaró que Laporta “acabó escenificando una declaración de guerra contra los que considera sus enemigos de siempre: todos aquellos que no han digerido que sea presidente del Barça. El problema es que se equivocó de tono, generalizó y se enzarzó en un innecesario cuerpo a cuerpo con algunos críticos. Varios directivos no compartieron ni el fondo ni la forma del parlamento de Laporta y se lo han hecho saber a lo largo de las últimas 48 horas. Pero el presidente no se arrepiente de lo que dijo, aunque reconoce que exageró en la manera de hacerlo. No cree que la pañolada sea una consecuencia directa de sus palabras ni una censura a su gestión. Asume que se ha equivocado en muchas cosas, pero que está preparado para rectificar”. Qué pesadez, el viejo argumento de “los que no han digerido que sea presidente”. ¿Qué tendría  que ver la digestión de determinados señores con la chulería de Laporta? Laporta no se arrepintió de nada ni rectificó. ¡Faltaría más! Le bastó con no reconocerse en las imágenes y asunto resuelto. Así solucionaba Laporta sus meteduras de pata.

“Al loro con el arrebato de Laporta”
Emilio Pérez de Rozas recordaba al Laporta del programa “59 segons” cuando Pilar Rahola le preguntó si existía “ese Laporta prepotente que han mostrado algunos medios”, “No”, respondió Laporta, “sigo siendo el mismo de siempre. Sigo siendo sencillo, entusiasta y procuro relacionarme bien con los de mi alrededor. Soy respetuoso con todos. Eso sí, tengo más años por dentro que por fuera”.
"El Laporta que se expresó frente a los peñistas no era, desde luego, el Laporta que necesita en estos momentos el club. Pero es, según muchas versiones, el Laporta real, el auténtico, aquel que se ha hecho a sí mismo (…) No parece que un Laporta acosado, crispado, acusador, mitinero y atrevido sea el hombre ideal para afrontar todo lo que ha de hacer su junta en los próximos meses. Porque, desengañémonos, pierdan, ganen uno o dos títulos, lo que ha ocurrido en los últimos dos años ha sido tan fuerte, tanto, que han terminado con el presidente contra las cuerdas, intentando echarle la culpa a los demás de la delicada situación por la que atraviesa la entidad. Porque el problema de Laporta, lo que le saca de quicio, es que casi todo lo que se ha contado sobre el Barça es cierto. Es ahí donde le duele al presidente, que desde que prescindió de la parte más crítica de su ‘círculo virtuoso’, se ha quedado solo con sus amigos y aduladores”. Sólo Guardiola podría poner orden ante tanto desconcierto.

Descontrol absoluto
El descontrol en el club llegaba en esa época a cotas tan escandalosas que después de dos días de fiesta concedidos por el entrenador, Zambrotta y Thuram llegaban tarde a un entrenamiento. La autogestión se había convertido en puro cachondeo y el prometido compromiso de los futbolistas brillaba por su ausencia. Esto ocurría poco después de enterrar las últimas esperanzas en la Liga y a pocos días de jugarse el equipo su futuro en la Champions League frente al Manchester United. El panorama blaugrana era tan sombrío que el club debía invertir dinero en una campaña publicitaria para convencer a los socios de que acudieran al Camp Nou para apoyar al equipo en una semifinal de la Champions League. El descontento del barcelonismo con el estilo de su presidente lo constataba el propio Lluís Mascaró en Sport: “El Barça se ha clasificado para las semifinales de la Champions y el entorno blaugrana parece un funeral”.

Incidente con un seguidor
Ocurrió en Manchester, y ante los fotógrafos y las cámaras de televisión. No fue, por tanto, fruto de la imaginación de los que no digieren el laportismo. Un aficionado barcelonista desplazado a Manchester se cruzó con el presidente, paseando por las calles de esa ciudad en las horas previas al Manchester United-Barça que echó por tierra las escasas esperanzas blaugranas de salvar la temporada. El seguidor le echó en cara a su presidente el pobre rendimiento del equipo y le pidió que dimitiera, a lo que Laporta le respondió dándole un golpecito amistoso en la cara. “No me toque usted a mí” le respondió el aficionado. Y Laporta, satisfecho, se giró de nuevo hacia él  y repitió el gesto. El seguidor, refiriéndose a algún problema generado por el viaje, le soltó: “Estafador, sí, sí. Sois unos estafadores”. Laporta, que ya se había alejado, volvió junto al seguidor advirtiéndole en tono amenazador: “No insultes”.
-"¿Y por qué me toca usted? Usted me ha tocado la cara"
-"Yo no te he tocado la cara, no te lo tomes mal, hostia".
Laporta se había apercibido de la presencia de las cámaras y trataba de salvar la situación dignamente. Intentó darle la mano al seguidor, pero éste rechazó el gesto, lo que llevó al presidente a darle una tercera palmada en la cara
“¿Cómo que no me lo tome mal? Están aquí todas las cámaras. Me está  estafando”.
A Laporta le podía ese espíritu provocador y faltón que lleva dentro.

Pierde los nervios en Old Trafford
El presidente estaba muy nervioso. Si era capaz de enzarzarse en una discusión de bajo rasero con un aficionado propio, se puede entender que en el palco de Old Trafford perdiera los papeles y se pusiera a vociferar como un poseso levantándose de su asiento e insultando al árbitro con gestos nada apropiados para un presidente del FC Barcelona de UNICEF. Era la viva imagen del hooligan bebido que estamos acostumbrados a ver entre los aficionados británicos. Mucha invitación al exclusivo Drolma tratando de aparentar imagen de señorío delante de los directivos del Manchester United para luego hacer el ridículo ante las cámaras y a la vista del mundo entero. Como un Pajares cualquiera. Y quería dedicarse a la vida pública. En ese momento no servía para estar en público ni para representarse a sí mismo, y menos para ostentar la representación del club de UNICEF, el del buen rollo. El que no había escatimado viajes a Suiza para pintar algo en la UEFA se quejaba del trato recibido por la UEFA. ¿A qué iba a Suiza?

Se esconde
Consumada la tragedia en Old Trafford, a pesar de que horas antes Laporta había asegurado que se veía en la final de la Champions League, ni el presidente ni se corte de directivos viajeros, a la que ya se había incorporado oficialmente Borràs, dieron la cara, no fuera a ser que a alguien le diera por pensar que en el fracaso del proyecto Laporta por segundo año consecutivo había algún culpable más que los jugadores y el técnico. Viajaban muchos a costa del erario de los socios pero, por lo visto, semejante sacrificio no obligaba a dar la cara por nada.

“Iban de farol”
Lo decía Josep Capdevila en la web de Sport refiriéndose a Laporta, Txiki y Rijkaard: “Se ha cumplido todo lo que los embaucadores, pesimistas, antibarcelonistas y demás llevaban días pronosticando. Todos, menos tres personajes que se mantenían firmes en su discurso de que el equipo estaba haciendo méritos para ganarlo todo. Ellos eran Joan Laporta, Txiki Begiristain y Frank Rijkaard.
Su problema era que, usando un símil del poker, iban de farol. Todo eso de "me veo en la final", "me veo en Moscú", etc, etc, era un gran farol. La suerte es que, a diferencia de algunos jugadores profesionales de poker, a esos se les veía de lejos que iban de farol. A Laporta se lo notamos el día de la Trobada de Peñas. Ese día se le cayeron las cartas a la mesa y todos pudimos ver de qué iba”.

“¡Laporta, dimisión!”
Buena parte de los 4.000 aficionados desplazados a Manchester le hicieron ver a Laporta su disgusto en el mismo Old Trafford con gritos de “Laporta, dimisión” y “Barça sí. Laporta no”. Aquello fue la avanzadilla de lo que vendría después.

Encadena otro fracaso
La valoración en Mundo Deportivo no se detenía en los jugadores y el técnico. Josep M. Artells escribía el 30 de abril: “Los palmeros de Laporta recomendaban amnesia total si sonaba la flauta en Old Trafford. Pero Laporta y su alegre muchachada han acabado por abocar al Barça en el precipicio. Son dos años transitando por un negro túnel, con la afición maltratada por tanta prepotencia e ineficacia y está por ver cómo se dibuja el futuro. Hasta el último momento han intentado disfrazar su inacción y los errores cometidos. Instalados en el pensamiento único desde la marcha de Rosell, nadie de la directiva se atreve a contradecir a un presidente sin discurso y errático en el manejo de la nave”.

Esquerra Republicana cierra filas
Al día siguiente de la eliminación de la Champions League el secretario general de Esquerra Republicana, Joan Puigcercós, salió en defensa del amigo que había orientado la nave blaugrana a posiciones próximas a sus intereses. En rueda de prensa concedida en el Parlament, dijo: "Yo confío en la directiva del Barça. En estos momentos que mucha gente considera que esto no va, yo considero que esta directiva ha hecho un gran trabajo (...) Seguramente hay que renovar muchas cosas, pero yo siempre he defendido el señor Laporta y lo sigo defendiendo. Es un gran presidente por el Barça”. Tanto le había defendido que hasta puso a su disposición las bases del partido para ayudarle a ganar las elecciones.

Conspiraciones, amenazas, detectives, robos…
Lo decía Lluís Mascaró echando mano de su repetitivo discurso el 25 de abril en el diario Sport: “Lamentable. Sigue la campaña contra Laporta. Los personajes siniestros que nunca han aceptado que sea el presidente del Barça no cejarán en su empeño de hacerle la vida imposible hasta el último día de su mandato. Conspiraciones, amenazas de muerte, seguimiento con detectives y ahora robo de su ordenador personal. Esto no es un juego de niños, sino una guerra sucia sin cuartel. ¡Qué despreciables pueden llegar a ser las personas que tienen fines tan ruines!”. De todo eso, de actitudes despreciables y fines ruines, Núñez podría explicarle muchas batallitas a Mascaró y en ellas no quedaría muy bien parado su amigo Joan Laporta, cuya cuestionable cultura democrática le creó evidentes problemas de digestión para aceptar que el socio prefiriera a otros antes que a él. Es de suponer, por otra parte, que Mascaró también considerará como “despreciables” a quienes desde el club se dedicaron a “fines ruines” echando mano de detectives para espiar a los propios vicepresidentes de la entidad. Ni siquiera los “buenos”, los que estaban dentro, se salvaban de la guerra sucia.

MAÑANA, CAPÍTULO 39



Sigue la campaña anti-Laporta / Encuestas desfavorables / "Ya lo ves, Jan, no te quieren” / “¡Laporta, quédate!” / Nervios en el antepalco  / El castigo de los socios / Indignación selectiva / El presidente vuelve a esconderse / ¡Viva la transparencia!/ En el Drolma con Galliani /

 

 



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