2011-09-06 18:09 FC Barcelona Por: Administrador

La cara oculta de Laporta. Capítulo 39



Sigue la campaña anti-Laporta


Así se expresaba Sport después de saberse que el ordenador personal del presidente había sido sustraído por un desconocido de su propio despacho en las oficinas del club (según la versión oficial). Tanto dinero gastado en seguridad, en escoltas, en tecnología punta, esa que nos explicaba Lluís Mascaró que funcionaba con la huella digital, y resulta que cualquiera podía introducirse en el despacho del presidente sin que nadie se enterara. Ni funcionaba el equipo de fútbol, ni las secciones, ni la cantera, ni el trato con las peñas, ni… ¡la seguridad! Un ejemplo más del descontrol que existía en el club. No hay que olvidar en este punto que el presupuesto del club para seguridad era de 4 millones. Y es que el laportismo lo hizo todo a lo grande.




Pero vendido como “sigue la campaña anti-Laporta”, se le podía dar la vuelta a la noticia convirtiendo al gestor ineficaz en víctima. Nunca más se supo del tema. Nadie utilizó el contenido del ordenador ni la policía dio con el autor del robo. Meses más tarde corrió la versión de que la sustracción no llegó a producirse, que fue una estratagema de Laporta para denunciar cualquier noticia que pudiera surgir contraria a sus intereses ligando su origen al disco duro de su ordenador. Nunca se podrá demostrar. Como tampoco se podrá demostrar la otra versión, la que sostiene que Laporta “perdió” su portátil en su propio entorno familiar de Sant Cugat.

Encuestas desfavorables


El socio había perdido la fe en su presidente y se sentía “embaucado”. Su buena labia no era ya suficiente. Quizá los aficionados no le vieran como a un hipócrita, pero tampoco como a la persona adecuada para empuñar el timón de la nave en el futuro inmediato. Las encuestas de esos días en los medios de comunicación, primeros de mayo de 2008, eran reveladoras. Todas coincidían, punto más, punto menos en torno a un 70-80% de socios, en el deseo de que Laporta presentara la dimisión y dejara vía libre a otros para que arreglaran sus desperfectos.

“¿Quién ha embaucado a quién?”




Emilio Pérez de Rozas dedicaba en Sport su atención a los directivos: “No puedo por menos que imaginármelos durante todos estos meses esperando el milagro “porque, al loro, no estamos tan mal. Todos son culpables. Unos por chulitos, otros por cómplices, otros por silenciosos, otros por agradecidos, otros porque no denunciaron lo que estaba ocurriendo. Perdón, repitiéndose.


Ingla llegó el 7 de noviembre. Y ahí sigue, tomando notas. ¿Saben qué pienso? Que han sido los directivos los que nos han embaucado a nosotros y no nosotros a los socios. Al loro, que nosotros no estamos tan mal. Son ellos, los directivos, los que están fatal. Y ahí siguen”.

"Ya lo ves, Jan, no te quieren”


Eso lo decía Domènec García en una carta abierta dirigida al presidente y publicada en  infoesports.com. “Sí, Jan, ya ves que el barcelonismo no te quiere: pañuelos, pancartas, gritos ... Y todas estas muestras de rechazo en el Palau Blaugrana primero y Camp Nou después no son inducidas, como las que tú organizaste en tu época de Elefant Blau contra el presidente Núñez, cuando te aliaste con lo malo y peor del barcelonismo intransigente y excluyente para provocar una situación artificial.
Ahora los que te piden que lo dejes no necesitan que los empuje a nadie: les sale de dentro porque están hartos de tu persona y de tu presidencia, pues ha gestionado el club como si fuera algo tuyo, cuando es propiedad de todos los socios y ningún socio tiene un pedazo más grande que otro.


Ya lo ves, Jan, tú mismo eres tu oposición, porque no hay una oposición organizada en estos momentos en el seno del Barça. A la vez eres presidente y tu propio Elefante, porque la gente azulgrana, Jan, te ha tomado la matrícula y la imagen que das es la de un oportunista que sólo ha mirado para su provecho y que gracias a Rosell le salieron bien los tres primeros años. Después, un vacío aliñado con mentiras, un estilo grosero de aprovecharse del club y una gran incapacidad para gestionarlo.
Te quieren presentar un voto de censura porque la gente blaugrana ya está harta de ser engañada y de que creas que el club es tu juguete.

Lo has tenido todo para triunfar, pero te has olvidado del activo más importante del club: sus socios, a los que has menospreciado con mentiras, con persecuciones (como los socios del Palau) y con amenazas. Ya lo ves, Jan, ahora te pagan con la misma moneda ”.

“¡Laporta, quédate!”


Fue el grito de guerra más repetido en el Bernabéu cuando el Barcelona visitó al Real Madrid ya campeón, con pasillo incluido. Ese partido no lo disputaron ni Deco ni Eto´o, que se borraron con dos absurdas tarjetas –especialmente la del camerunés- en el encuentro previo disputado ante el Valencia en el Camp Nou. Según Sport Laporta apostó con un amigo que el Barça ganaría en el Bernabéu por 0-5. Fue un 4-1.

Compartieron palco con el presidente en Madrid Rafa Yuste, el incansable Albert Perrín, Jacint Borràs, otro que se apuntaba a un bombardeo con tal de coger el avión, y Tito Castro. Por cierto, la comida de directivas, en la que Calderón le ofreció todo su apoyo a Laporta, tuvo lugar en la sala de juntas del Real Madrid. Un año la Ciudad Deportiva, otro la sala de juntas…

En la capital no estaban por la tontería de impresionar a sus invitados con el mejor y más caro restaurante de la ciudad, tal y como solía hacer Laporta cuando ejercía de anfitrión empujado por su afán de aparentar y embaucar al prójimo con dinero ajeno.

Nervios en el antepalco


El 12 de mayo de 2008  Sport se hacía eco del sentir generalizado de la afición en el último partido de liga disputado en el Camp Nou: “Laporta y Txiki, dimisión (…) Medio millar de personas acudieron al antepalco e, incluso, muchas se quedaron fuera, en la explanada, puesto que no cabían todas dentro. Los Boixos ya no son los únicos que protestan. Ayer también podían verse niños con globos, abuelos con bastones y padres con jersey Ralph Lauren al cuello. Un grupo heterogéneo con ganas de gritar a aquellos que quieran oír su queja.


Fue una protesta enérgica, pero pacífica. Ni bengalas ni cristales rotos. Fue una manera de disuadir a aquellos que quisieran utilizar la fuerza. No fue el caso ayer. Pero no faltaron cánticos, algunos recurrentes, como “embaucadores” o “al loro” y otros con algo más de mala leche, como “¿dónde está el ordenador?”. Ninguno de ellos seguramente hizo gracia a Joan Laporta, pero mucho menos el que le recordaba que, en las próximas elecciones, el que decidiera continuar con su gestión al frente del club, tendría que vérselas en las urnas con un contrincante de peso (“Rosell, president”).


Este medio millar de socios y aficionados también se acordó de Rijkaard, al que le daban las gracias en una pancarta (“Gracias Frank, Laporta fot el camp”). Otras eran más ingeniosas (“Laporta, vete de compras al Ikea, el Barça no es la república independiente de tu casa”)”.


Y Toni Frieros añadía: “Por tercera vez consecutiva la junta directiva del FC Barcelona, de forma muy particular su presidente, Joan Laporta, tuvo que afrontar la realidad de este club. Miles de pañuelos blancos, silbidos atronadores y toda clase de gritos contra el máximo responsable del club... y los futbolistas… Hacía cinco años que el Camp Nou no se poblaba de tantas pancartas ni que se veían tantos pañuelos blancos en señal de protesta. Un clima de crisis deportiva y también de crisis institucional. Un clima que, cinco años atrás, provocó la dimisión de Joan Gaspart y toda su Junta Directiva, algo que no tiene pinta de que vaya a ocurrir ahora”. Efectivamente, no dimitió Laporta y “toda” su junta. Sólo los pesos pesados.


La afición ha dicho basta. Si la solución es cambiar al entrenador y a los jugadores, bienvenida sea esa solución. Lo malo es que el Camp Nou considera que hay que llegar más arriba para arreglar este desastre, esta penitencia”. Sí, eso era “lo malo”.

El castigo de los socios


Josep Maria Casanovas valoraba la pobre asistencia al Camp Nou en la última jornada de la Liga 2007-08 como un dato muy significativo. Laporta había logrado lo que tanto criticó a sus predecesores en los momentos difíciles: vaciar el Estadi.  “El Camp Nou registró la peor entrada de la temporada en la Liga. Menos de media entrada, menos de 40.000 espectadores, muchos socios decidieron castigar al equipo con su desprecio, con su ausencia.

Más pancartas que nunca en las gradas, en dos líneas claramente diferenciadas, de gratitud hacia Rijkaard y de critica a Laporta Con Rijkaard sucedió una situación bien extraña, los socios le aplaudían cuando salía al borde del campo para dar órdenes y abroncaba a su equipo por el mal juego. Es una gran persona pero en los dos últimos años ha sido un mal entrenador”. Resultaba que el protagonista del libro “El señor de los banquillos”, editado por Sport y bendecido por Laporta apenas un año antes, era un “mal entrenador”. Así es el fútbol.

Indignación selectiva


Y Santi Nolla hablaba de indignación selectiva el 12 de mayo en Mundo Deportivo: “Joan Laporta volvió a acaparar la mayoría de protestas. Ya había sufrido una pañolada en el Palau, antes de que el FC Barcelona conquistara su 18 Copa de Europa de hockey patines, frente al Reus (5-2). La gente del Barça no ha caído en la trampa de que toda la culpa es de los jugadores. Pitó y abroncó al equipo y no paró de silbar a Deco y Eto'o por borrarse para el Bernabéu, pero todo fue selectivo. La afición del Camp Nou coreó: "Barça sí, Laporta no", como uno de los gritos más repetidos.


Quiso dejar muy claro que está en contra de la gestión de dos temporadas nefastas. Y por eso la máxima intensidad de su ira se la dedicó al presidente. Al principio y al final. En la concentración después del partido delante del palco se escucharon los gritos pidiendo su dimisión, a favor de Sandro Rosell y en contra también de Cruyff.


La gente del Barça está harta de que le tomen el pelo. Algunos jugadores no han estado a la altura profesional mínima. Pero la afición supo ayer aplaudir a Messi y Puyol, como ejemplos de compromiso. Rijkaard no acabó implantando la autoridad necesaria, pero la gente del FC Barcelona lo ovacionó a poco que su figura asomó fuera del banquillo, porque está agradecida a su educación y señorío. La indignación fue selectiva.


Apenas fueron 39.000 personas al Camp Nou, después de haber sido humillados en el Bernabéu. Los silbidos a Deco y Eto'o fueron la prueba más evidente de lo que quiere la afición del Barça. Pero todo el mundo fue consciente, y así lo expresó, que los principales responsables estaban en el palco.


No es gratis haber señalado a los jugadores al final de la temporada pasada como los grandes culpables. No es gratis esgrimir el código interno como solución y que la temporada haya sido la peor de la historia en indisciplina. No es gratis la sensación de que Cruyff influye en exceso y de que el secretario técnico Txiki Begiristain no está en los momentos de las responsabilidades, porque hasta el propio presidente lo exculpa en la última rueda de prensa, cuando debería ser el máximo responsable deportivo.


Si la mejor plantilla de la Liga no funciona es un problema de gestión. No sólo de Rijkaard. No es gratis que Laporta dijera que Frank sólo se iría cuando él quisiera y al final el club lo despidiera. No es gratis decidir en una Comisión Delegada que Guardiola será el sustituto de Rijkaard y filtrarlo, dos semanas antes de que acabara la Liga. No es gratis que Frank se enterara prácticamente por la prensa de la decisión de la Comisión Delegada.


La gente del Barça ha querido dejar claro que no se traga las campañas orquestadas, ni los conceptos mediáticos, que sabe perfectamente quiénes son los responsables y los ha señalado. Los señaló ayer con pancartas, gritos, pañuelos y bronca en el Camp Nou, en el último partido de una temporada de dos vueltas. Porque esta última no se puede valorar aisladamente, es la continuidad de la pasada. Y al final de aquella prometieron que esto cambiaría, que funcionaría. Fallaron, otra vez fallaron y la gente del FC Barcelona, ahora escéptica, ya no cree en los mensajes de cara a la galería, en las palabras mediáticas. No se fía de que los mismos vuelvan a intentarlo, porque les han fallado demasiadas veces”.

El presidente vuelve a esconderse


Tres pañoladas en un día dejaron mudo a Laporta, que en esos momentos no estaba para dar explicaciones. Los medios de comunicación esperaban la convocatoria de una rueda de prensa convocada por el presidente ofrecer su versión sobre la temporada, tal y como sucedió el año anterior. Pero Laporta se las reservaba a TV3 para más adelante. Allí esperaba desenvolverse sin problemas en un marco favorable ante las preguntas de un Xavi Torres más comprometido con esta junta que la mayoría de los integrantes de la plantilla.

¡Viva la transparencia!


El presidente sólo estaba dispuesto a aceptar preguntas de los amigos. Le tocó hablar a Txiki Begiristain, el responsable deportivo: "El mayor castigo que podíamos recibir es que la gente no venga al campo –39.200 espectadores–, porque este absentismo implica que no tienen ganas de ver jugar al Barça, ya que no les gusta lo que hay". La moción de censura era ya inevitable. Dejando las explicaciones para el secretario técnico y Marc Ingla, el directivo responsable, Laporta trataba de limitar la crisis a la parcela deportiva. Y la gente empezaba ya a estar harta de tanta manipulación.


Pero el problema no era exclusivamente deportivo. De hecho, la moción de censura presentada por Oriol Giralt por esas fechas iba más allá de los resultados del primer equipo: negligencia en la gestión deportiva del primer equipo y las secciones, venta de patrimonio, gastos sin justificar de los directivos, inserción de publicidad en la camiseta, desprecio a los socios… Temas todos ellos intrascendentes para la prepotencia del estilo Laporta. Pero al socio no se le podía embaucar más, y quizá por eso, agotado por un exceso de triquiñuelas baratas, optó por desenmascarar a los hipócritas y castigar al presidente con su rechazo mayoritario en las urnas.

En el Drolma con Galliani 


En esa época, finales de mayo, Laporta se reunió con Adriano Galliani, la cabeza visible del Milan, para pactar el futuro de Ronaldinho.

El escenario de la cita, naturalmente, el restaurante Drolma del amigo Fermí Puig, que también sirvió sus exquisiteces a Txiki Begiristain, Ferran Soriano, Marc Ingla y Ernesto Bronchetti, el agente que intermediaba en la operación a pesar de que el laportismo –en realidad fue Rosell- juró que desaparecerían los intermediarios de la faz del Barça, que para eso estaban los directivos. Según informaba Toni Frieros, Galliani se fue a la una menos cuarto y Laporta abandonó el local sobre las dos. ¿Habría habido fiesta?

 

MAÑANA, CAPÍTULO 40

Sobre el compromiso / El gran éxito de la temporada /  El presidente genera malestar / Acumulación de gestos prepotentes / Más reuniones en la UEFA / Hay algo más /

 

 

VER CAPÍTULOS ANTERIORES

 

 

Deja tu Comentario