2011-08-06 09:08 FC Barcelona Por: Administrador

La cara oculta de Laporta. Capítulo 5



No saben vender

“A jugadores como Geovanni o Christanval tuvimos que darles la baja para ahorrarnos un dinero que nos gravaba la cuenta de explotación. Eran jugadores que no nos producían ningún beneficio y no había forma de que ningún club los comprara”. Tampoco supieron encontrar comprador para Saviola, ni para Rustu... Ni para Eto´o, al que acabaron regalando. Ni supieron sacarle el máximo valor a Riquelme, a Reina, a Luís García o a Gerard o a Fernando Navarro o a Motta, a quien vendieron por un millón de euros y por quien después pagó el Inter 15 al Genoa. A Deco lo traspasaron al Chelsea por menos de lo que pagaron al mismo Chelsea por Gudjhonsen, un suplente de Mourinho. Comprar echando mano de un talonario generoso lo hace cualquiera. Vender, sin embargo, no ha sido nunca la especialidad de esta directiva ni de sus ejecutivos. Para eso hay que saber.



Las fórmulas imaginativas son los socios

Se acercaba la primera asamblea del laportismo y llegaba al socio una espectacular declaración de intenciones a través del conducto Mascaró y el diario Sport, el habitual en estos casos. Se trataba de preparar a la masa social para una mala noticia, el aumento en las cuotas de los abonos: “Ha llegado el momento de que los socios, los aficionados, el país y los jugadores empiecen a plantearse qué pueden hacer ellos por el Barça”. O sea, que la solución a los males del club pasaba entonces porque todo el mundo hiciera algo. ¿No le iban a dedicar ellos los mejores años de sus vidas? Tampoco de eso dijo nada en la campaña electoral, en la que únicamente salían a relucir las maravillosas fórmulas imaginativas que iban a aplicar. De lo que no hablaron jamás fue de elevar los abonos un 40%. El presidente era consciente de que, como los jugadores no iban a plantearse qué podían hacer por el Barça rebajándose las fichas, habría que recurrir al socio por real decreto para salvar la economía. Laporta tenía las ideas muy claras sobre este tema y el 26 de julio manifestaba que "el Barça es el club que tiene los abonos más bajos de Europa y los socios pueden hacer un esfuerzo". Claro que sí. Con el esfuerzo de los socios Laporta podría acabar con esa humillante clasificación en el ranking europeo y el Barça dejaría de ser el más barato.  Y eso lo decía una vez alcanzada la presidencia. Durante las elecciones, ni una palabra. El año anterior Gaspart había subido las cuotas un 5,4%. Y Jordi Majó denunciaba que "cuando te suben un 40% la cuota sin avisar te están maltratando como socio y te están tomando el pelo".

A Casanovas le inspiraba confianza



Josep Maria Casanovas, uno de los grandes creadores de opinión del laportismo, vendía el producto a su manera el 21 de agosto de 2003: “Hace las cosas con transparencia, afrontando los problemas de cara y buscando soluciones que no hipotequen al club. Todo con el objetivo de reconducir al Barça por el buen camino resucitando sus raíces catalanistas. En sus dos cortos meses en el cargo Laporta se está revelando como un presidente popular y mediático, capaz de ilusionar a la afición con sus promesas y gestos. Con cara de galán de cine, talante de profesional competente y maneras de buena persona que inspira confianza...”. ¡Qué bonito! Era una suerte que sus soluciones no hipotecaran al club: largos contratos de los futbolistas, acuerdo sin avalar de TV, pacto con Nike, remodelación del estadio no consensuada con los socios, finiquitos inmorales a sus amigos empleados… Tendría cara de galán de cine y maneras de buena persona, pero sus hechos, comprometiendo el futuro del club y atando de pies y manos la gestión de sus sucesores, dejó de inspirar confianza muy pronto. Nunca hay que dejarse guiar por las apariencias, que suelen engañar y, a veces, embaucar.

Una “herencia muy pesada”

Los resultados del primer equipo no acompañaron en los primeros meses de gestión laportista. El presidente conocía perfectamente las razones. El 5 de diciembre lo argumentaba en La Vanguardia: “Llevamos sólo seis meses y lamentablemente cargamos con una herencia muy pesada”. Se refería a Víctor Valdés, Puyol, Oleguer, Xavi, Iniesta, Motta, Gabri, Cocu, Fernando  Navarro, Saviola y Messi, jugadores que, junto a Ronaldinho, Deco y Eto´o constituirían en un futuro muy próximo la base de los éxitos más sonados del club. La palabra agradecimiento no figuraba en su diccionario. Él necesitaba mancillar el pasado del club para prestigiar su gestión. Y cuando se refería a la herencia hablaba de Christanval, nunca de la base que le permitió construir un equipo campeón.

Laporta, el segundo crack mediático

El inicio decepcionante del equipo llevó a más de uno a reclamar la presencia del segundo crack mediático prometido por Laporta en las elecciones. Pero ahí estaba Lluís Mascaró para contener el desánimo desde su atalaya de Sport: “Este nuevo Barça tiene dos cracks mediáticos: Ronaldinho y Laporta”. Luego, cuando en el mercado de invierno el Barça fichó a Davids, Sport se encargó de confirmar que Laporta cumplió su promesa y trajo al segundo crack mediático que había garantizado, aunque seis meses después sería despedido a garrotazos por no comprometerse lo suficiente con el proyecto.

El público vuelve y se va del Camp Nou

El 1 de septiembre de 2003 Laporta presumía en El País porque: “hemos conseguido una cosa esencial, que los barcelonistas vuelvan al estadio”. Los datos posteriores confirmarían que el Barça de la ilusión laportista apenas congregaría en el Camp Nou más aficionados que el del último año de Gaspart, que protagonizó una de las peores temporadas de la historia. Lo que siete años después no fueron capaces de aclarar es por qué no era posible encontrar una fórmula imaginativa para convencer a los 30.000 abonados que sistemáticamente no acudían al Camp Nou -pero estaban al día en los pagos de su abono- de que su proyecto merecía ser visto. Lo cierto es que a medida que fue avanzando su mandato, el cemento en el Camp Nou fue en aumento. Laporta consiguió algo esencial: que los barcelonistas volvieran al estadio y se fueran de él nuevamente. Ni siquiera el Barça del triplete consiguió llenar regularmente el Estadi. Quizá viendo el Camp Nou a media entrada se inspiró para maquinar su costosa ampliación.

Fiestas absurdas

El laportismo aterrizó en el Camp Nou dispuesto a cambiarlo e  inventarlo todo. Por ejemplo, suprimió la tradición de celebrar el aniversario del Camp Nou con sardanas e introdujo las fiestas en los prepartidos. Quisieron inventar la sopa de ajo ofreciendo su espíritu innovador, pero el socio les dio la espalda. La única fiesta que los socios desean está en el terreno de juego y no en tenderetes que pretendían hacer negocio a su costa con precios abusivos. Tuvieron que desistir de su iniciativa. La tradición que sí acabó imponiéndose fue la de los espectaculares ágapes del antepalco en los descansos de los partidos para los amigos, compromisos y vips en general.
Otra innovación que tuvo que ser descartada fue la del anuncio de las alineaciones por megafonía copiando la tradición de los equipos italianos. Es decir, el speaker anunciaba a Víctor y el público respondía: !”Valdés”! Y así sucesivamente. Tampoco cuajó esta iniciativa y tuvieron que volver a las costumbres "trasnochadas" del pasado.

“Nos encontramos un club deshecho”

Eso decía Laporta en El País el 27 de septiembre de 2003. Tan deshecho estaba que fue necesario pedir permiso a la asamblea para lucir publicidad en la camiseta y salvarlo así de la quiebra. Luego no fueron capaces de encontrar un sponsor que aportara más que los socios con el aumento en sus abonos de un 40%, lo cual daba pie a pensar que no estaría tan deshecho el club si no era necesario aplicar esa solución imprescindible.

El Barça solidario

El 20 de noviembre de 2003 se podía leer en La Vanguardia: “Con el lanzamiento del proyecto socis 2004 la entidad ha previsto que el 0,7% del dinero que se consiga con las nuevas cuotas se destinará a proyectos humanitarios y de carácter benéfico. Y que serán los socios los que decidan en asamblea a qué programas y actividades se destinarán esas ganancias...” Y decía Laporta: “El hecho de que destinemos el 0,7% de los ingresos de las cuotas es muy importante y es más relevante aún que serán los socios y socias los que decidirán los proyectos a propuesta de la junta”. En ningún momento se propuso a los socios en la asamblea la elección de los proyectos. Como siempre, el socio se lo encontró todo hecho, sin opción a quejarse. Estaba muy bien que el Barça se convirtiera en una ONG, pero no hubiera estado de más consultar antes la decisión con los dueños de la entidad. Porque al final las iniciativas de la directiva siempre acababan siendo costeadas por los socios. Otra cosa hubiera sido que, por ejemplo, los jugadores, tan identificados con el proyecto de Laporta, hubieran donado el 0,7% de sus ingresos, o que los directivos hubieran hecho lo propio con sus dietas. Pero no, aquí el único que se rascó el bolsillo fue el socio  para que los mismos de siempre aparecieran en la foto aprovechándose de su esfuerzo.

La Caixa deja de ser peligrosa

Durante el periodo electoral la relación del candidato Lluís Bassat con La Caixa a través de Salvador Alemany suponía según Laporta un peligro para la independencia del club. Una vez instalado Laporta en el poder ya no se daba ningún impedimento para ligar los destinos del Barça a los de La Caixa: “Las relaciones con La Caixa son muy buenas, es uno de nuestros sponsors principales y con ella y otros bancos reestructuraremos la deuda”, decía Laporta en noviembre de 2003. La situación era crítica, por eso sostenía el presidente que “la directiva rasca donde sea para obtener dinero”. Rascaba al socio, claro, porque el sponsor prometido no aparecía por ningún lado.

Se olvida de las alfombras

Y comentó el presidente en El Larguero, de la Cadena Ser, que tenía en su poder la documentación que reconocía a los receptores de las comisiones que se pagaron en las contrataciones efectuadas por Joan Gaspart, pero sin dar nombres ni apellidos. Sí los filtró luego a un periódico amigo. Alguna de estas comisiones fueron “a sociedades de las cuales no se puede saber en primera instancia quién está detrás (…) Nos llegamos a plantear no pagar el tercer plazo del fichaje de Geovanni”. Si realmente llegaron a plantearse no hacer ese pago sería porque encontrarían evidencias que lo justificaran. Hoy en día, de todas formas, existen métodos que permiten conocer con exactitud quién está detrás de una sociedad. Solamente hace falta tener voluntad de descubrirlo y ganas de cumplir la promesa de levantar alfombras. Pero, una vez más, se tiraba la piedra y se escondía la mano. “Un buen abogado no puede caer en el error de insinuar cosas que no puede demostrar”, podía leerse en el diario El Crack 10. Se deja caer que han existido comisiones, se especifica, además, que el fichaje de Geovanni se produjo en circunstancias sospechosas, pero no se acaba de rematar el tema y queda todo en el aire. Quizá por eso luego varios socios interpusieron una demanda para conocer el resultado, ocultado al barcelonismo, de la Due Dilligence en la que en principio debían aparecer las pruebas de todos los actos supuestamente fraudulentos realizados por la anterior junta. Tantos años denunciando irregularidades sin datos fiables en la mano y cuando los tuvieron en su poder no se atrevieron a hacerlos públicos. Y eso que Laporta utilizó este argumento como gran baza electoral: "La nuestra es la única candidatura que levantará las alfombras". Claro que también dijo el 27 de septiembre de 2003 que "hay facturas de todo lo que gastó Gaspart". ¿En qué quedamos? ¿No estábamos tan mal?

No hay memoria histórica

A la hora de la verdad, en el momento de presentar las denuncias pertinentes por todo aquello que había criticado Laporta en su etapa de opositor, nada de nada: “Tenemos la voluntad de que si hay operaciones que no están claras, investigarlas y en caso de que encontremos pruebas de irregularidades ejerceríamos las acciones correspondientes (…) Si no hay pruebas hemos de mirar hacia delante y dejarnos de revisar las cosas que son inciertas o dudosas”. Es decir, acabemos con la memoria histórica del Barça. El Elefant Blau denunciaba con tal seguridad que parecía evidente que el club estaba gobernado por malandrines. Sin embargo, una vez en el poder, se trataba de darlo todo por bueno y de dejar las alfombras como estaban a pesar de las promesas. “No es que no se levantaran las alfombras, es que ni siquiera se compró el aspirador”, dijo luego el directivo dimitido Jordi Moix, uno de los más beligerantes con el pasado durante su etapa como miembro del Elefant Blau. Quizá por eso fue luego uno de los más decepcionados.

Mañana, capítulo 6

Respeto por el presidente / Rustu-Beckham, ¿ejemplos de transparencia? / ¿Qué costaron los despidos de ilustres empleados? / Colocar a Stoichkov / Ausencia vergonzosa en la visita de la NBA / Líos en el Palau / Los jugadores y el catalán / Objetivo, un millón de socios / 100 días y aparece Echevarría / Pases de favor y 54.000 euros en canapés / Directivos de café, copa y puro

 

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