2011-08-09 09:08 FC Barcelona Por: Administrador

La cara oculta de Laporta. Capítulo 8



Que no se escape Ronaldinho

Sport justificaba así el primer viaje brasileño del presidente: “Laporta viaja a Brasil para hablar con Ronaldinho.... e informarle de los movimientos que el club está realizando en el mercado de fichajes”. Es decir, que después de tenerle un año en el Camp Nou, el presidente necesitaba cruzar el charco para hablar con él y contarle sus planes. Pero, por lo visto, el viaje presidencial estaba más que justificado. Al parecer, peligraba la continuidad del astro brasileño, el mismo del que se decía que estaba tan comprometido con el proyecto y que además vino al Barça perdiendo dinero. Lluís Mascaró lo explicaba con todo lujo de detalles en Sport: ”Hoy Laporta viaja a Brasil para hablar con Ronaldinho. Con su capacidad de convicción no tengo ninguna duda de que conseguirá arrancarle un sí definitivo a su continuidad en el Barça por muchas temporadas más. Y es que tenemos un gran presidente: los socios no se equivocaron apostando masivamente por él”. Cualquier excusa era buena para sacar a pasear al “gran presidente”. Esta, sin embargo, no lo era. Teniendo en cuenta que Ronaldinho era íntimo amigo de Sandro Rosell y que el club contaba con un secretario técnico, ¿qué diablos pintaba el presidente y su capacidad de convicción en Brasil? ¿O es que quizá Ronaldinho no estaba tan convencido como se nos había vendido y era preciso garantizar su continuidad con argumentos económicos de mucho peso? Resultaba de lo más grotesco que el presidente tuviera que cruzar el océano Atlántico con el fin de convencer a un futbolista para que cumpliera el contrato que había firmado sólo unos meses antes. Sin embargo, los periódicos informaban el 5 de junio de que “Laporta vuelve de Brasil sin la rúbrica del nuevo contrato de Ronaldinho”. ¿A qué fue, entonces? ¿Dónde quedó la capacidad de convicción del “gran presidente“?



Ronaldinho y el Chelsea

Ese mismo día El Periódico hablaba de una oferta del Chelsea por la estrella brasileña. Según la información, Roman Abramovich estaba dispuesto a pagar 70 millones de euros por el jugador. El Chelsea se gastó en la época de Jose Mourinho auténticas fortunas en futbolistas, pero ninguno de ellos se ajustaba a las características de Ronaldinho o de lo que puede entenderse por un súper crack. Su último gran fichaje allí, Schevchenko, está a años luz de este concepto y no lo pidió él, se lo impuso Abramovich y significó su final como técnico del Chelsea. En realidad se trataba de buscar respaldo mediático para justificar un considerable retoque al alza del contrato de Ronaldinho bajo el amparo de un supuesto interés de otros clubs.

Notición: ¡Ronaldinho se queda!



Con un contrato en vigor firmado diez meses atrás, los periódicos ponían en boca de Laporta: “Ronaldinho estará en la presentación el 12 de julio”, como si la noticia tuviera algo de sensacional. “Tenemos el convencimiento de que Ronaldinho se queda (…) Por las conversaciones que hemos mantenido, estamos tranquilos. Y los culés pueden estar tranquilos”. ¿Y por qué iban a estar intranquilos? ¿No tenía contrato en vigor? ¿No habíamos quedado en que Ronaldinho había fichado por el Barça perdiendo dinero y atraído por el maravilloso proyecto de su excelso presidente? ¿Por qué iba a querer irse? ¿Sería por dinero? ¿O es que quizá también en el Barça de Laporta, como en los demás clubs, los futbolistas jugaban por dinero y no por unos fantásticos ideales? El aparato propagandístico de Laporta había taladrado tanto con lo del proyecto engrescador que el socio ya empezaba a creérselo. Era una nueva dosis de realismo. La nueva realidad era la realidad de toda a vida: el crack seguiría contento en el Barça sólo si le pagaban más.

Problemas laborales

Por esas fechas el comité de empresa del club denunciaba  públicamente el goteo constante de despidos sin causa objetiva justificada y lamentaba que no estuviera firmado el convenio que debía haber entrado en vigor el 1 de enero.
En abril de 2004 Mundo Deportivo se hacía eco del malestar existente entre los empleados del club por los nuevos métodos de la directiva. Las quejas se argumentaban en tres apartados
1.-“Por el goteo constante de despidos de trabajadores que llevaban muchos años desarrollando su trabajo en el club, sin causa conocida (…) Consideramos que este goteo únicamente es imputable a la falta de confianza de la actual Junta Directiva hacia el colectivo de los trabajadores “antiguos”, reflejada en estos despidos improcedentes así como en el significativo aumento de contratación de nuevo personal que viene a ocupar cargos de relevancia y en la relegación de otros trabajadores con años de experiencia y solvencia contrastada”.
2.-“Por la falta de respuesta a la carta dirigida a la presidencia del club, que recogiendo el acuerdo de la Asamblea de Trabajadores celebrada el pasado día 9 de marzo, solicitaba formalmente que se aplicara el incremento del IPC correspondiente al año 2003 en nuestras nóminas”.
3.-“Porque desde las pasadas elecciones en el club, no se ha producido ningún contacto formal entre el presidente del FC Barcelona y la Representación Legal de los Trabajadores para hacer una cosa tan sencilla como es intercambiar opiniones sobre cuestiones que afectan a los empleados. Es cierto que la primera solicitud de reunión fue efectuada por la presidencia del club el 1 de julio de 2003, pero nunca se ha podido llevar a cabo por problemas de agenda, a pesar de las diversas peticiones posteriores hechas por este Comité. Teniendo en cuenta la predisposición del presidente para entrevistarse y reunirse con entidades de todo tipo (deportivas, sociales, cívicas, médicas, solidarias…), la ausencia de esta reunión con los trabajadores de la entidad que representa pone de manifiesto una falta de sensibilidad y respeto que esperamos sea reconsiderada”. Casi un año después de acceder a la presidencia no había encontrado el momento para preocuparse por los problemas de los empleados que dependían de él.
El 7 de enero de 2005 Sport denunciaría que ”el Barça deja sin panera a los empleados del club, pero no a la secretaría técnica”. Faltaría más.

Mobbing en el Barça

Jaume Langa, durante muchos años fisioterapeuta del primer equipo, interpuso  una demanda contra el club presidido por Joan Laporta por eliminarle del primer equipo y relegarle al fútbol base, situación que le afectó causándole una crisis de ansiedad y también una depresión. Un problema de formas con alguien que también le había dedicado al club los mejores años de su vida.

Laporta y los estatutos

Por esas fechas Joan Trayter había criticado tímidamente las cuentas de Laporta y se había lamentado de que no le invitara a la asamblea por su condición de ex presidente. Respuesta de Laporta: “Trayter es una persona que conoce perfectamente los estatutos del club y debe entender que no tiene los derechos de presidente (…) El cargo vitalicio como compromisario sólo corresponde a los ex presidentes. Lo que no puede ser es que se atribuya unos derechos adquiridos. Las cosas cambian”. Curiosa la relación de Laporta con los estatutos. Cuando le interesaba no servían, se los saltaba y actuaba por libre. Cuando le convenía su redactado, se parapetaba tras ellos para salirse con la suya. “Las cosas cambian”, le decía a Trayter. Y se le entendía todo. Ahora nos toca a nosotros y recuperaremos los privilegios y prebendas que perdió la generación de Carabén para emplearlos en nuestro propio beneficio. Ya llegarán situaciones, como la final de París, que nos permitirán aprovecharnos y disfrutar de nuestra nueva condición de clase dirigente. Y llegarán también las oportunidades para mejorar en la vida a costa del Barça.

El Laporta de El Rondo y la crítica constructiva

Y aquel Laporta que el aficionado recordaba del programa televisivo El Rondo, el invitado que en más ocasiones acudió al espacio de Alfons Arús para decirle al presidente de turno cualquier cosa menos guapo, ofrecía un año después de su acceso al poder su particular punto de vista sobre las críticas: “Cuando la critica es constructiva es bienvenida, pero cuando es destructiva se intenta no hacer demasiado caso”. ¿Qué habría que entender por crítica destructiva? ¿Quizá la que más se parecía a la que salía de su boca cuando su misión en esta vida no era otra que desgastar, desgastar y desgastar al presidente del Barça? ¿A esas tampoco había que hacerles caso?

Amigo de Rosell

El 14 de octubre de 2004 el presidente sacaba a relucir su enorme capacidad de embaucamiento y ponía en juego la credibilidad de su palabra en el programa radiofónico de Jordi Basté: “Nunca se me ha pasado por la cabeza que Rosell deje la directiva. Es uno de los directivos que nos da empuje. Cuando hay discrepancias entre nosotros, que son muy pocas veces, son discrepancias positivas”. Más mentiras. En este nuevo orden blaugrana definido por los caprichos de su presidente uno podía pasar en un santiamén de dar empuje con discrepancias positivas a convertirse en el rey de la deslealtad y en el enemigo público número uno del club. “Muy pocas veces hay discrepancias entre nosotros”... ¿A quién querría engañar Laporta? ¿Qué necesidad había de mentirle tanto al socio? Las discrepancias con Rosell, ya por esa época, eran constantes, graves y notorias.
Consciente de que en las encuestas la popularidad de Sandro Rosell ya estaba por encima de la suya, Laporta optaba por intoxicar al barcelonismo en Mundo Deportivo con falsedades: “Con Rosell tengo una amistad que no puede quedar dañada por nada”. Poco después, en Sport, el medio más indicado para sus confidencias, insistía en su verdad sobre las recientes diferencias entre su amigo Rosell y su amigo Cruyff : “No hay que incentivar las polémicas entre barcelonistas. Además, no creo que estén enfrentados. Todo ha sido una anécdota”. Palabra de Laporta, el mismo que meses atrás creía firmemente que sí convenía “incentivar las polémicas entre barcelonistas”, sobre todo si en la refriega la imagen de presidentes anteriores podía quedar dañada. Como en tantas otras cosas, Laporta volvía a faltar a la verdad cuando minimizaba el “problema Rosell” y cuando negaba el evidente abismo que separaba a su “amigo” vicepresidente de su otro “amigo”, el que se encargaba externamente de agitar el entorno en la dirección más conveniente. El laportismo está repleto de “enfrentamientos anecdóticos” que acabaron estallando por la dejadez presidencial.

Dice que no es presidencialista

“No soy presidencialista –decía-. Yo, a pesar de que tengo mi carácter, siempre me he considerado y me considero demócrata. Todas las decisiones que tomamos son colegiadas”. Le faltó decir: todos votan unánimemente lo que yo quiero, y al que no está de acuerdo le señalamos con el dedo. Desconozco el concepto que tendría Laporta de la democracia y el respeto a las urnas cuando planteó una moción de censura apenas tres meses después de perder unas elecciones a la presidencia ante un candidato que obtuvo el respaldo del 75% de los votantes, algo que ni siquiera logró él en su brillante victoria electoral de 2003. La justificación a un hecho tan irresponsable, que por supuesto no contó con el apoyo de la mayoría de los socios, era que Laporta viajaba en la candidatura abrumadoramente derrotada en esas elecciones. Entonces no digirió bien la derrota. Quizá por eso creía luego que todo aquel que no le riera las gracias era porque no había digerido convenientemente su triunfo electoral. Pero los tiempos cambian. Ya lo decía él.
 
1000 actos oficiales en un año

Una información de Marcos López publicada en El Periódico sostenía que Laporta “en un año ha participado en casi 1000 actos oficiales”. O sea, unos tres actos oficiales diarios. Sport ofrecía unas cifras más modestas: 451 actos en los 365 días del año. Tampoco estaba nada mal. Y eso que él iba explicando por ahí que “yo cada mañana voy a mi despacho profesional de 8.45 a 11.45 y después me voy al club”. Tampoco sería extraño que la noticia fuera cierta, porque si antes el presidente del Barcelona era caro de ver, con Laporta su presencia se cotizaba a la baja. Igual acudía a un aniversario de la inauguración de un restaurante, que a la apertura de un local de moda, que a la clausura del festival de música clásica de Santa Florentina, que prestigiaba con su asistencia un rally de coches de época o participaba en una pedalada ecológico-popular o se dejaba ver en el torneo de golf de Luís Del Olmo o se presentaba al acto de entrega de 1.680 litros de vino del Priorat o se personaba a jugar a fútbol con sus amigos busca-firmas de Sitges, se vestía de minero en Asturias, se sumaba a una fiesta de Custo Dalmau en el Port del Fòrum o acompañaba, rodeado de ministros, a Sebastià Salvadó en la entrega de la medalla de oro al Mérito de la Seguridad Vial o regalaba su presencia al Torneo Godó para dejarse ver y recibir baños de multitudes y aclamaciones populares o se acercaba a un clinic de entrenadores en Lanzarote o concurría a la inauguración de un concesionario de coches o de un crucero o viajaba a Buenos Aires para asistir al nombramiento del nuevo alcalde o se iba a Extremo Oriente con su familia política o a Egipto a firmar personalmente un bolo o a Dinamarca para rubricar el stage veraniego del equipo o… Al término de su primer mandato Laporta pondría las cosas en su sitio aportando la dosis de realismo que no eran capaces de aplicar sus admiradores mediáticos. Decía en Mundo Deportivo el 13 de agosto de 2006: “En mi primer año como presidente acudí a 499 actos (ni 1.000 ni 451), y en el segundo y tercero, más o menos a los mismos. Somos gente normal y nos gusta ser muy próximos al barcelonista y dedicarnos a sus asuntos. No confundamos, sin embargo, los proyectos que interesan al club con los intereses personales de determinados nostálgicos y resentidos que lo que pretenden es asaltar la presidencia”. “Nostálgicos y resentidos que pretenden asaltar la presidencia”… De eso él sabía mucho. Pero lo que no había que confundir era la asistencia del presidente a eventos que interesaban al club con su presencia en actos de promoción o beneficio personal, aunque la diferencia fuera a veces inapreciable.

Mañana, capítulo 9

Buenas intenciones. Malos resultados /  ¿Todos los cracks quieren venir? /  ¿Equipo unido? /  El más transparente del mundo mundial /  Mentiras sobre Rijkaard /  Mentiras sobre Rosell / Aumento de cuotas /   La película “Centenari” /  El Barça, con Villar…y Gaspart  /  ”Se cree Dios en la Tierra” /  Réplica de Gerardo González /  La LFP pasa factura con Messi

 

 

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