2013-03-01 18:03 FC Barcelona Por: Administrador

La culpa del delito de Benzema es de "un culé rabioso"



En un tono crispado, histérico y rabioso, Tomás Roncero, haciendo gala de que la rabia la traslada a su propio trabajo, ha ofrecido su particular versión de los hechos sobre el delito cometido por Karim Benzema. Por lo visto, como en el caso de las hienas, el problema no es que Benzema vaya circulando por las calles de Madrid a 216 por hora (del tapado que iba a 260 nunca más se supo), el problema es que alguien se atreva a hacerlo público. La porquería es mejor tenerla escondida y que no salga a la luz.

Así se expresó Tomás Roncero en Punto Pelota: "No es casualidad que al día siguiente de machacar al Barça (?) estemos hablando del control de velocidad de Benzema. ¿Por qué no hablamos de que el Madrid están cambiando la historia del fútbol (¿a 16 puntos del líder y al borde de la eliminación europea?), de que Messi no ha ido al entrenamiento, de que le hemos dado un baño histórico al Barça (un baño histórico sería un 0-6 o un 2-7)  de que Mourinho ha quemado el Camp Nou (no hay noticias sobre ello), de que Cristiano es el mejor jugador del mundo (¿por marcar un gol de penalti y otro con la portería casi vacía?) Por qué no hablamos de eso?"



Curiosa la pregunta que se hace Roncero a sí mismo. Curioso porque él es un experto de hablar de lo que no se debe cuando se trata de desviar la atención para no admitir la superioridad del Barcelona sobre el Madrid: por ejemplo, dando pábulo a historias para no dormir sin pruebas con Messi de protagonista. Y sigue:

"Vamos a disfrutar de nuestra hegemonía (¿a 16 puntos del líder?). Mandamos nosotros, ahora manda el Madrid (¿ha ganado algo el Madrid?), y al que no le guste que le den morcilla, que coja la frontera y se pire, porque vamos a seguir mandando". Así digiere el madridismo radical y fanático los triunfos de su equipo. Con esa naturalidad,

Más: "El que ha filtrado esta noticia (el delito de Benzema) es un culé rabioso y ya le pillaré yo y pedirá perdón. Ya hablaré yo con quien corresponda (en Madrid no se ha perdido aquello de "usted no sabe con quién está hablando"), porque un culé rabioso no puede trabajar en eso. Los rabiosos fuera".



Y todo este discurso lo dijo Tomás Roncero rabiando y con la cara enrojecida por la ira. ¡Los rabiosos, fuera! Sí señor.


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