2015-02-02 21:02 FC Barcelona Por: Administrador

La ética de la FIFA exige trampas a los clubes



El Real Madrid en realidad no ha fichado a Martin Odegaard. Ha fichado a su padre. Eso es lo que quiere la FIFA que le digan y eso es lo que les ha dicho Florentino Pérez. Ha pagado 3, 8 millones por los derechos del jugador y le ha ofrecido a Hans Erik Odegaard, que así se llama el afortunado papá, un contrato de otros 3,8 millones de euros para que ejerza de técnico en los equipos inferiores del club y ya, de paso, que se traiga al chaval para aquí. A ver qué se puede hacer con él. Y es que el papá en cuestión debe ser un técnico cotizadísimo que sin duda aportará grandes conocimientos en La Fábrica.

Y así ha llegado Odegaard al Real Madrid. Acompañando a su papá, que es en realidad a quien ha fichado el Real Madrid. El chico se ha limitado a acompañar a su padre en su cambio de residencia. A la FIFA le gustan las cosas claras, le encanta que la engañen de acuerdo a sus leyes. Y el Real Madrid, que no engaña a nadie, lo ha hecho muy bien. Ha contratado al padre y, por el mismo precio, se lleva al niño.



Se trata de una pantomima. Pero es lo que quiere la FIFA. Que la engañen con trampas. Y que todo quede muy claro: cambio de residencia y contrato de trabajo del papá. Con Odegaard se ha hecho así y asunto resuelto. El problema lo tiene el Barcelona, que parece ser no estuvo tan espabilado en el engaño. O sea, no ha engañado lo suficientemente bien con el fraude del contrato de trabajo de los papás. Y por eso han castigado a Bartomeu, el de "La Masía no se toca". A la FIFA no le gusta que niños del tercer mundo puedan resolver su futuro como personas y como futbolistas atendidos en La Masía y gozando de todas las comodidades. Para la FIFA eso es accesorio. Lo importante es que los padres tengan contrato de trabajo. Y de ese burro no se baja.

Y eso es, ni más ni menos, lo que ha hecho Florentino Pérez: "¿Quieres contrato de trabajo? Toma contrato de trabajo". Y todos felices. En el caso de Odegaard no hay tráfico de menores. Todo está en regla. Y ahora, a comer perdices.


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