2012-10-17 20:10 FC Barcelona Por: Administrador

La moción de censura (II)



Sin partidos en el Camp Nou
Oriol Giralt no dispuso de ningún partido en el Camp Nou para recoger la firma a los socios. Ni falta que le hizo. Tuvo que conformarse montando sus carpas junto al Palau Blaugrana en los últimos partidos del playoff liguero que disputó el Barça ante el Iurbentia y el Joventut. Y allí explicaba Giralt: “Se trata de una moción de censura que viene a confirmar que el Barcelona es un club universal, porque hemos recibido peticiones de papeletas de todo el mundo (…) Hemos recibido numerosos mails para sumarse al voto de censura desde Tokio, Argentina, Kuala Lumpur, Melilla, Brasil...Estamos desbordados”. Una auténtica bofetada a la vocación imperialista de Laporta. En el primer día de presencia en el Palau Giralt ya recogía más de 400 firmas. El resto le llegarían directamente a la sede del hotel Derby.

Laporta, preocupado
El asunto no le hizo ninguna gracia a Laporta, que optó por no viajar a Murcia con el equipo para dedicarse a preparar la entrevista pactada para el programa Gol a Gol de TV3. El presidente pretendía recuperar parte de la popularidad perdida respondiendo a las preguntas de Xavi Torres, un amigo, en un escenario favorable. Mucho más favorable que el que se habría encontrado en la sala de prensa si su sentido de la transparencia no le hubiese aconsejado evitar su comparecencia ante todos los medios de comunicación para dar explicaciones. Según explicó José Luis Carazo, en Sport, Laporta y sus asesores escenificaron la entrevista interpretando uno de ellos el papel de entrevistador. El horno no estaba para bollos.
Sobre el tema sostenía Giralt que "puedo asegurar que en la junta están muy nerviosos. Hay mucho miedo en Laporta porque le podrían preguntar por la gestión de la junta y unas partidas sin justificar. Laporta ya está acostumbrado a hacer jugarretas a los socios y ahora se la ha hecho a los periodistas. Además, es un feo a la afición", dijo refiriéndose al tema de su negativa de explicarse ante la prensa.

Gastos sin justificar
Esos gastos sin justificar a los que se refería Oriol Giralt superaban el millón de euros en cada ejercicio. El inspirador de la moción de censura se preguntaba: “¿Por qué el presidente del Barça necesita un chófer, un coche oficial, guardias de seguridad para él y su familia y que todo eso vaya a cargo del club? Los socios necesitamos saber exactamente a qué corresponden esos gastos sin justificar. Entendemos que haya unos gastos por viajar con el equipo, pero hay que explicar el viaje a Dubai y por qué viajaron los familiares del presidente. Si fueron ellos, ¿por qué no puedo ir yo, si ninguno de ellos tenía nada que ver con el órgano de dirección del club?.”



Prisas por catalanizar el Barça
Durante el proceso de la moción el club manejaba encuestas propias al margen de las publicadas por los medios de comunicación. En ellas se hablaba de una rotunda victoria de la moción por un porcentaje superior al 70% (Giralt necesitaba superar el 66%). Lógicamente, Laporta no iba a quedarse con los brazos cruzados esperando a que se consumase la derrota. Envió a sus directivos a recorrer platós de televisión, emisoras de radio y redacciones de periódicos mientras él mismo se prodigaba como nunca en un ejemplo de transparencia informativa que no se había dado en los últimos cinco años. Además, con la presentación de Guardiola como responsable del primer equipo y la incorporación de Chichi Creus como director deportivo de la sección de baloncesto, se pretendía aportar al club un toque catalanista que hasta entonces sólo existía en las inquietudes políticas del presidente y de algún directivo. ¿Era necesaria una moción de censura para despertarle a Laporta la necesidad de colocar a gente válida catalana en puestos de responsabilidad?

Campaña de acoso y derribo contra Giralt
La guardia pretoriana de Laporta estaba preparada para pasar al ataque. A Lluís Mascaró le faltó tiempo para sacar toda su artillería pesada en lo que sería una campaña de continuo desprestigio (y desprecio) hacia los líderes de la moción. El 15 de mayo ironizaba en Sport sobre lo que él suponía que iba a concluir en sonoro fracaso: “A Giralt le deberían sobrar firmas”, decía con un punto de soberbia. Pues sí. Le sobraron. “Todos aquellos que han criticado tan duramente la gestión de Laporta a lo largo de los últimos meses deberían hacer cola en el Hotel Derby para firmar a favor de la moción de censura contra el actual presidente del Barça. Sería una manifestación de coherencia (…) Sólo hay catorce días hábiles para recoger 5.882 firmas. Aunque, teniendo en cuenta las multitudinarias pañoladas de los últimos partidos en el Camp Nou, no debería ser tan difícil movilizar a miles y miles de barcelonistas dispuestos a solidarizarse con Oriol Giralt y su grupo.” Eso, precisamente, es lo que ocurrió. Tenía razón Mascaró. No debería ser tan difícil, y no lo fue. Lo tuvo Giralt muchísimo más fácil que Laporta en 1998, aunque éste dispusiera de muchísimos más días y de varios partidos en el Camp Nou para buscar firmas hasta de debajo de las piedras. El descontento con el estilo del presidente era mucho mayor ahora.

Los vecinos de Les Corts, a favor de la moción
Hasta los vecinos de Les Corts le ofrecieron su apoyo a Giralt como respuesta a su desacuerdo con los planes de Laporta para el barrio y al pelotazo previsto para la zona. Laporta iba dejando víctimas a su paso y era el momento de pasarle factura. “Recomendamos a los vecinos que apoyen la moción”. Era el mensaje de la Coordinadora de vecinos del distrito, que no necesariamente debía estar conchabada con Giralt. “Es el momento adecuado de que los vecinos empiecen a decir basta ya, porque se pierde patrimonio, se pierden zonas verdes... Si quieren remodelar el Camp Nou, que parece que es el punto base de todo esto, pueden remodelarlo, me parece muy bonito que tengamos aquí el mejor campo de Europa, pero no a costa de perder patrimonio y zonas verdes. El socio debe estar al tanto, y no sólo el socio, sino también el simpatizante, que debe comprender que es el momento adecuado para apoyar el voto de censura que hace este señor (Oriol Giralt)". Eran palabras de Alfonso Huescar, portavoz de la Coordinadora.



Fermí Puig al ataque
Dicen que es bueno tener amigos hasta en el infierno. Para Laporta, en 2008, el infierno era el grupo Godó, integrado entre otros medios por La Vanguardia, Mundo Deportivo, 8TV y RAC 1, poco dados todos ellos al aplauso gratuito e incondicional. Sin embargo, en La Vanguardia disponía de un fiel escudero, el chef Fermí Puig, el mismo al que desviaba buena parte de comidas y cenas bautizadas como “institucionales” y que servían para ponerle, según sus propias palabras, como “un bacó”. Puig, un recalcitrante defensor fundamentalista del estilo Laporta, de Cruyff y de toda la camarilla de moscones que han revoloteado alrededor del centro de poder blaugrana en los últimos años, no desperdició la ocasión de utilizar su atalaya en La Vanguardia para echarle un cable a su ilustre cliente con el ya superado discurso de las fuerzas del mal y de las tramas y conspiraciones urdidas contra el inocente presidente que no ha roto un plato en su vida. Con el gasto que Laporta había hecho en su local, es fácil entender la defensa numantina de Puig sobre su cliente.

"Herencia miserable"
Hay quien piensa –escribía Puig refiriéndose a la polémica fecha de las elecciones de 2003- aunque yo no lo afirme, que fue un acto deliberado, sólo al alcance de finos juristas, perpetrado con objeto de propiciar el rápido retorno al club de algunos de los que se alojaron en su palco durante mucho tiempo”. Hacía bien Fermí Puig en no afirmarlo. Ni rastro de esos que según el chef querían regresar al club. “Recuerden bien la situación: un club en bancarrota, una plantilla miserable y tres años, y no cuatro, por delante”. En lo de la bancarrota no hubiera estado de más que Fermí Puig admitiera que buena parte de la deuda asumida por Laporta la generó él mismo liquidando a la brava a futbolistas en proceso de amortización ante su incapacidad, que luego sería habitual, de sacar por ellos un beneficio lógico. En cuanto a la plantilla miserable, supongo que no se refería a Luis Enrique, Cocu, Valdés, Puyol, Oleguer, Xavi, Iniesta o Messi. Si iba por los Christanval, Rochemback o Geovanni, lo cierto es que no se encuentran muchas diferencias entre ellos y Ezquerro, Albertini, Gudjhonsen, Zambrotta, Thuram, Maxi López, Cáceres, Hleb, Henrique, Keirrison, Chygrynskyi y tantos otros que han desfilado por el Barça de Laporta sin que nadie les califique de miserables, un adjetivo, por cierto, desafortunado.

Quieren que se cumpla la ley. ¡Qué desfachatez!
Lo normal era fracasar. Miren por dónde, estos jóvenes intrusos ganaron dos Ligas y una Champions, pero, a pesar de todo, la persecución en los juzgados por cualquier motivo, siempre derivado de la mina jurídica inicial, no cesó ni cesará”. Puig llamaba “persecución en los juzgados” a un simple deseo de una serie de socios de que se cumpliera la ley en el club. ¿O estaba quizá Laporta por encima de esas minucias? ¿Había que volver al "¿usted no sabe con quién está hablando?".
En paralelo y desde sus comienzos, esta directiva ha padecido casi todas las figuras delictivas del Código Penal. Desde micrófonos en la sala de juntas hasta el último episodio del robo del ordenador personal de Laporta. El acoso personal al presidente del Barça con métodos propios del Chicago de los años veinte merece capítulo aparte. Hubo un tiempo muy reciente en que grupos violentos, disfrazados de aficionados culés, campaban a sus anchas con la complicidad del club. El presidente Laporta se enfrentó desde el primer día a estos sectores y se comprometió a erradicarlos. Su determinación le costó, entre otras menudencias, desalojar su vivienda habitual, que fue señalada con pintadas amenazadoras, varios intentos de propinarle palizas ejemplarizantes, así como, muy singularmente, la trama para ejercer la violencia contra toda su familia, algo evitado in extremis por la diligencia de los cuerpos policiales, en un caso que implicaba judicialmente a personajes conocidos del entorno barcelonista con bandas mafiosas de los bajos fondos”.
Laporta no posee la exclusiva del padecimiento de figuras delictivas del Código Penal. Cuando él estaba en la oposición, Núñez también vivió un episodio de micrófonos ocultos en la sala de juntas y también recibió amenazas. La diferencia es que, como en el caso de la caridad, Núñez no lo publicaba en ningún boletín oficial del estado blaugrana. Tanto Oriol Giralt como Sandro Rosell se vieron perseguidos por detectives privados. A saber quién les contrató. De eso no decía nada Fermí Puig. Tampoco dijo luego nada sobre la operación de espionaje perpetrada por Laporta desde el mismo club contra sus propios vicepresidentes. Si se comportaban así con los suyos, ¿qué no harían con los demás? ¿No era eso, espiar a los vicepresidentes, una flagrante figura delictiva del Código Penal? ¿No era una práctica propia de Chicago años 20? ¿O cuando la perpretaban sus amigos/clientes había que mirar a otro lado?

“El daño de la moción sería colosal e irreparable”
Estos hechos son incontestables y bastaría echar un vistazo a las hemerotecas para observar que la siniestra secuencia de acontecimientos, en especial los judiciales, sigue una lógica alejada de cualquier casualidad, y acostumbra a detectarse, en todas las estaciones del vía crucis, a algunos de sus actores principales y de reparto, hasta llegar a esta insensata traca final del voto de censura, que puede situar a la entidad en un callejón sin salida justo en un verano en que, por razones conocidas, urge una renovación importante de la plantilla. De prosperar, y en el supuesto de que unas nuevas elecciones tuvieran lugar, el daño al Barça sería colosal e irreparable. Alguien debería aportar una buena dosis de sensatez. Soy un firme convencido de la bondad intrínseca de la limitación de mandatos y, por consiguiente, del derecho de cualquier directiva elegida democráticamente a culminar su proyecto, más allá de errores o aciertos”. ¿Será el señor Puig también un firme convencido de que hay que respetar la opinión abrumadoramente mayoritaria del electorado en las urnas? ¿O no? ¿Entenderá por una buena dosis de sensatez la mostrada por Laporta montando una moción de censura apenas tres meses después de perder las elecciones de forma aplastante en un año en que el primer equipo logró el doblete y las secciones ganaron la liga mientras la salud económica del club marchaba viento en popa? Eso, precisamente, la no aceptación de un resultado democrático, puso al Barça en un callejón sin salida a finales del siglo XX, pero como el causante de tan “sensata” situación era su amigo y cliente, ¡Viva el golpe de estado! ¡Viva la revolución! ¡Viva el daño reparable! Si el presidente era Núñez no habia que dejarle "culminar su proyecto". Sencillamente había que acabar con él, como sostenía el Elefant Blau.

¿A quién quería embaucar?
Seguía Fermí Puig: "El cuerpo electoral sabrá pasar factura cuando corresponda. Y si bien es cierto que la moción de censura es también un derecho democrático, reconocido en nuestros estatutos, no lo es menos que el espíritu que de ellos emana persigue que, en caso de producirse la necesidad de ser presentada, tenga un carácter inequívocamente constructivo. Esta es claramente una moción destructiva. No basta con enumerar los motivos por los que se presenta. Deberían decirnos a los socios qué proyecto nos proponen, más allá de un salto a ciegas hacia un agujero negro, que comprometería el futuro inmediato del FC Barcelona, así como el de cualquiera que, legítimamente, tuviera un interés serio de gobernar el club en un futuro próximo. Conmigo, socio 12.727, que no cuenten”. No hizo falta. Mientras Laporta siguiera contando con él, Fermí Puig tenía suficiente. La moción ganó holgadamente sin necesidad de su voto. Seguramente, debió pensar Puig, “hay mucho necio entre mis consocios”, y tramas y conspiraciones capaces de embaucar a casi 24.000 socios mentalmente débiles. Qué curioso. Si la moción era contra Núñez, era constructiva. Si era contra Laporta, destructiva. Esa doble moral del laportismo, entre otras cosas, es lo que dio alas al triunfo de la moción. Un salto a ciegas, un agujero negro, futuro comprometido…O Laporta o el caos y las tinieblas. ¿A quién querría embaucar el socio Puig con semejantes maldiciones? El tiempo demostró que sin Laporta se podían seguir ganando Ligas, Champions Leagues y también reducir la deuda dejada por el amigo Jan en su pesada mochila.

“Le ciegan la desinformación y la ira”
El Pelikano.es valoró con cariño la ofensiva desenfrenada de Puig por salvar la cabeza de su cliente: “A Fermí Puig, chef del restaurante Drolma, el negocio le ha ido viento en popa desde que Joan Laporta es presidente de Barça. No en vano su restaurante se ha convertido, si es que no lo era antes, en el cuartel general del ‘laportismo’ y en el restaurante oficial de la directiva del FCB, tanto para darse generosos honores gastronómicos propios como para ofrecérselos a los ilustres invitados del club, que son muchos e importantes y que pasan todos por la buena mesa del mismo restaurante donde a menudo también almuerzan Cruyff y su séquito. Dicho sin rodeos, Fermí Puig es un proveedor del Barça, al que factura elevadas y sabrosas facturas, por supuesto que a cambio de excelentes platos y de un gran servicio.
La cuestión es si en su condición de responsable de empresa de servicios, cuyas elevadas facturas se pagan con el dinero de los socios, Puig puede escribir tan a favor del presidente Laporta y tan furibundamente en contra de quienes -también socios- no piensan como él sin despertar la sospecha de que su ideología azulgrana se integra en la cuenta de explotación de su restaurante y de su estrategia de marketing y publicidad mediática. Esta es al menos la reflexión de muchos socios escandalizados con su último artículo de prensa, publicado en La Vanguardia.
         Según estos socios, la desinformación y la ira parece cegar la mirada de Fermí Puig en un primer análisis del artículo, pues se refiere al fraude de la fecha de las elecciones de 2003 como el origen de todos los males que ahora acechan a la directiva insinuando pero sin decirlo, porque no se atreve, que el secretario de la Comisión Gestora que dirigió las elecciones, Josep Maria Coronas, fijó la fecha de las elecciones de forma que cinco años después los socios pudieran demandar a Laporta. Sin duda es la reflexión de una mente opaca y calenturienta, dicen, pues el propio Joan Laporta, entonces candidato, aseguró que la fecha del 15 de Junio era la mejor de las posibles. En lo tocante al fraude, efectivamente la Comisión Gestora pudo haberlo cometido en favor de la candidatura ganadora de las elecciones, pues no reunió los requisitos para tomar posesión el 22 de junio de 2003 pero le fueron validados para legitimar moralmente, que no legalmente, su triunfo claro y apabullante en las urnas. Conviene suponer, cosa que no dice Fermí Puig en sus escritos, que Joan Laporta conocía a fondo los estatutos y un principio jurídico básico: que el desconocimiento de la ley no exime del delito.

Uno de los  miembros de la comisión gestora se preguntaba, puestos a interpretar el trabajo de las comisiones gestoras, si la que presidió Sala i Martín, el mentiroso según Txiki Begiristain, en 2006 no cometió un fraude al permitir que la junta de Laporta tomara posesión, como en el 2003, otra vez sin la presentación del aval correspondiente. Pues si el juez les había obligado a convocar las elecciones porque su mandato concluía el 30 de junio de 2006 había que hacer las cuentas contando con el cierre del ejercicio 2002-03. Por otro lado, Fermí Puig, argumenta contra el voto de censura que ha habido un acoso personal al presidente con métodos de ‘Chicago años veinte’ y también una trama criminal organizada que, sin embargo, ningún juzgado ha podido demostrar del mismo modo que el ejército de seguridad contratado por el presidente no ha podido impedir que le robasen el ordenador. No habla, en cambio, de la agresividad y de los episodios de descontrol de Laporta, suficientemente documentados, ni de los derechos laborales de chóferes y guardias de seguridad, insultados y degradados por él, a ser respetados como cualquier ciudadano que honradamente se gana la vida trabajando. Por supuesto se refiere al voto de censura como “una insensata traca final” que en caso de prosperar causaría al Barça un daño “colosal e irreparable”, aunque no dice comparado con qué, ¿con dos temporadas en blanco, por ejemplo, teniendo la mejor plantilla de la historia y por supuesto del mundo?”

MAÑANA, PRÓXIMO CAPÍTULO

La moción de censura (III)

Minguella, a favor de la moción / A Bassat le proponen mentir con Henry / Detectives detrás de Giralt / Roser Casaus ofrece su firma / "Ni tan joven ni tan guapo" / Giralt, adivino / Del cielo al infierno / La táctica del miedo / "Esta moción es una frivolidad sin paliativos" / Socio engañado / Los Boixos entran en acción / 9.473 firmas / Sala i Martín  "Si no hubiera firmas inválidas dimitiría ya" / Giralt supera en firmas a Laporta / Migueli le invita a irse


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