2012-11-04 12:11 FC Barcelona Por: Administrador

La moción de censura (VI)



Oriol Giralt , harto de Rosell
Oriol Giralt endurecería su discurso contra la directiva harto de la insistencia de la junta y de determinados entornos mediáticos por relacionarle, sin ninguna prueba, con Sandro Rosell. Sobre eso escribía Sergi Pàmies en La Vanguardia: “Se viste de investigación una carambola de chismes y se reboza con la fanfarria adecuada (como se hizo con la diabólica actividad internáutica de Christian Castellví, repentinamente desatendida por los mismos que la elevaron a categoría de exclusiva) para contribuir al fenómeno, monstruoso pero rentable, de la información hinchable. Al final, se ofrecen más interrogantes que respuestas y en lugar de saber si hay conexión entre Giralt y Rosell, sólo sabemos que no ha podido demostrarse de una manera seria, lo cual, según la trilerosofía imperante, no significa ni que sí ni que no sino todo lo contrario (omitiendo un detalle tan relevante como la presunción de inocencia, suponiendo que sea delito simpatizar con quien te dé la gana)”. ?El promotor de la moción solicitó a la directiva que cortara de raíz “informaciones falsas” nacidas en el club y que le situaban como epicentro de una estrategia para desestabilizar a Laporta y su junta. Se refería a unas declaraciones del director de comunicación, Jordi Badía, en las que expresaba que Giralt formaba parte de "una trama" que pretendía erosionar y desbancar del poder a Laporta y su junta. "Se me ha insultado gravemente y por eso exijo que cese esta campaña insidiosa en la que se está envenenando todo este proceso del voto de censura. Si este señor (en referencia a Badia) es más laportista que Laporta, que se contenga, pero que no envenene más este proceso democrático", dijo Giralt.?

Gaspart apoya a su amigo Laporta
Dios los cría y ellos se juntan. Joan Gaspart, como Ángel Villar o como Ramón Calderón, amigos de nuevo cuño y de dudoso beneficio para Joan Laporta, ofrecieron su apoyo incondicional al presidente defendiendo la tesis de que “los presidentes deben cumplir sus mandatos”. Gaspart no lo hizo.

500.000 euros, el precio de la moción
Ferran Soriano y Alfons Godall anunciaron al mundo la fecha de la moción, el 6 de julio. Su coste, 500.000 euros, y la firme voluntad de la junta de continuar si Giralt no superaba el 66% de adhesiones exigido por los estatutos. Vistos los resultados y la decisión de Soriano de dimitir, su aparición ante la prensa para mentir le dejaba, una vez más, retratado ante un socio al que no se le podía engañar.
"Si la moción gana, nos vamos; si la moción pierde, nos quedamos", decía Soriano, que descartaba la posibilidad de dimitir en el caso de producirse un triunfo insuficiente de los partidarios de la moción.



Godall pierde la memoria?
Alfons Godall solicitaba en pública aparición ante los medios "estabilidad" porque "da la impresión de que la institución se está sumergiendo en una dinámica de anormalidad". Lo decía porque los últimos presidentes del Barcelona, Josep Lluís Núñez, Joan Gaspart, Enric Reyna y el propio Laporta, tuvieron que "interrumpir sus mandatos" . O había olvidado que él colaboró en esa inestabilidad como miembro del Elefant Blau y creando el ambiente necesario para que Núñez interrumpiera su mandato, o asumía con el paso del tiempo su culpa. Se trataba más bien de lo primero. Pero con matices, porque según Godall aquella moción contra Núñez  era "esencialmente diferente" a la actual. "Por higiene democrática pensábamos que 20 años con un mismo presidente no eran buenos para el club y además entonces no había limitación de los mandatos”. Su propia higiene democrática les impulsaba a despreciar la voluntad de la mayoría legítimamente expresada en las urnas para imponer la suya apenas unos meses después del plebiscito. ¿Quiénes se creerían que eran estos tipos para hablar de higiene democrática? ¿Quiénes eran ellos para decidir lo que le convenía al socio saltándose su propia voluntad? El socio, lógicamente, les dio con el voto en las narices.??

Guardiola, contra la moción
Debía saberlo todo el mundo. Guardiola entraba en campaña. Al menos su apellido era utilizado por uno de los bandos, el del poder y sus satélites útiles. Lluís Mascaró se encargó de propagar la buena nueva en Sport: “Ya conocemos, al menos, un socio que votará en contra de la moción de censura. Se llama Pep Guardiola y es el nuevo entrenador del Barça. Seguro que hay muchos más, miles, que piensan seguir su ejemplo, pero no tienen la oportunidad de anunciarlo públicamente en una multitudinaria rueda de prensa ante todos los medios de comunicación que se ocupan del mundo blaugrana. Los partidarios de echar a Laporta intentan desprestigiar a todos aquellos que siguen apoyando la gestión del presidente y de su junta directiva acusándolos, despectivamente, de ‘palmeros’. Presumen de talante democrático y de respeto a la libertad de opinión, pero no entienden –o mejor dicho, no soportan– que alguien sea capaz de defender el trabajo deportivo, económico e institucional realizado en los últimos cinco años. Espero que ahora no se atrevan a decir que el voto del socio Pep Guardiola está condicionado por el nuevo contrato de dos temporadas que acaba de firmar”. Ni mucho menos. ¿Quién iba a atreverse a defender semejante barbaridad corriendo el riesgo, además, de ser excomulgado del barcelonismo por sectario? La pena de Mascaró sería que los miles de socios que defendían el trabajo de esa directiva serían minoría dentro del escenario blaugrana, un pequeño detalle, quizá para él sin importancia, pero real al fin y al cabo. Por otra parte, Guardiola nunca llegó a oficializar, al menos públicamente, sus simpatías por ninguna de las dos opciones. La libertad de expresión le jugó una mala pasada a Mascaró hablando por boca de quien no tenía interés en hacer públicas sus preferencias.
Seguía el director adjunto de Sport: “Sería de cobardes unirse ahora al pelotón de fusilamiento que espera al presidente detrás de cada artículo y de cada tertulia. A los que le tienen ganas desde el 15 de junio del 2003 porque no asimilaron su triunfo electoral, se les han sumado todos aquellos que se han sentido, de una u otra manera, ‘agraviados’ por las decisiones que ha tomado Laporta a lo largo de sus dos ‘minimandatos’. O, simplemente, por sus maneras. Tienen el derecho a manifestarse. También los envidiosos o los rencorosos. Y los que siempre llevan la contraria por llevarla. Sin embargo, no pueden arrogarse la posesión de la verdad. Porque la única verdad está en manos de los socios, que son los que deben manifestarse, masivamente, el próximo 6 de julio yendo a votar. Como hará Pep Guardiola”. Sorprende que un hombre íntegro e independiente como Guardiola no moviera un dedo para defenderse del uso que de su imagen se hizo durante el proceso de la moción de censura. Fue utilizado en un litigio que se ventilaba entre barcelonistas y en el que no había ni buenos ni malos, sino dos conceptos enfrentados sobre la dirección del club. Que se posicionara en un bando, aunque fuera el que le daba de comer con el dinero de los socios de ambas tendencias, hubiera sido un error grave en el que no cayó.  El socio, harto de embaucamientos, también pasó factura por esta triquiñuela barata y dijo basta también a un estilo casposo y trasnochado de defender lo indefendible. Hacía falta abrir la ventana para respirar aire puro sin fusiles ni rencores. ”Los socios –concluía Mascaró- deben decidir qué futuro quieren para el club. Y lo harán. No se van a dejar embaucar tan fácilmente”. Efectivamente.. Eso es lo que ocurrió.

También meten a Núñez en la campaña
Lluís Mascaró iba lanzado. Después de sumar a Guardiola a su causa, incorporaba a Núñez -que no había dicho esta boca es mía- a la de los partidarios de la moción. Un error estratégico que podía haberse ahorrado. Escribía Mascaró en Sport: “Personas allegadas al ex presidente del Barça han asegurado que Josep Lluís Núñez tiene previsto ir a votar el próximo 6 de julio en la moción de censura contra Laporta. Su voto es evidente: a favor de la moción”. Su voto era evidente para Mascaró, pero Núñez, con motivos más que sobrados para participar activamente en el proceso, mantuvo un elegante silencio para no influir en los resultados. Incluso acudió a emitir su voto a última hora para que sus palabras posteriores no tuvieran ninguna incidencia en la intención de voto de los socios durante toda la jornada.

¿Ya se ha pasado el cabreo?
En el imprescindible proceso de apaciguamiento del personal de cara al referéndum, Joan Vehils escribía muy convencido el 21 de junio de 2008 en Sport: “Empiezo a pensar que al socio del Barça ya se le está pasando el cabreo que tenía hace unas semanas. Empiezo a detectar que con las pañoladas y las 9.000 firmas en contra del actual presidente, el culé se está sacando de encima la rabia e indignación que llevaba acumulada. El proyecto Guardiola le está dando a la junta los primeros resultados”. Vaya, ¡qué grande era Guardiola! Ya daba resultados sin darlos. Un ejemplo más del cúmulo de virtudes que adornan al personaje. Había que desactivar la bomba de las 9.000 firmas. Nada mejor que extender entre el barcelonismo el bulo de que el soci ya estaba contento. ¿Cómo no lo iba a estar si Guardiola era el nuevo entrenador? Pues no. Ni con Guardiola se le pasó al socio el cabreo. La prueba de que el aparato de propaganda no las tenía todas consigo es que Lluís Mascaró se vio en la necesidad de propagar que “la participación es sinónimo de democracia y de victoria de Laporta”. También se apropiaban de la participación.  

“La moción ha ayudado a acelerar las incorporaciones”.
Eso podía leerse en Sport el 21 de junio de 2008.  Tres días después el directivo responsable de los fichajes sostenía lo contrario: "La moción supone un punto de presión adicional para cerrar las operaciones”. Quizá lo decía por las calabazas que le daban en Londres cuando intentaba fichar a Adebayor sin éxito. Ingla se presentaba en Highbury en metro para negociar por el goleador africano y tenía que volver a Barcelona con el rabo entre piernas porque nadie le había dicho que Arsène Wenger se encontraba en Suiza siguiendo la Eurocopa como comentarista de televisión. Eso sí era presión adicional. Pero lo fácil era cargarle la culpa a la moción de censura de los fracasos negociadores en los fichajes. Sostenía Ingla que si la moción prosperaba "no se podrían hacer traspasos ni contrataciones hasta principio de temporada y quedaríamos en desventaja con respecto a otros clubs". Tampoco la incapacidad para vender a Eto´o y fichar a un 9 de garantías era achacable a la moción. Más embaucamientos, más hipocresía. Ellos estaban convencidos de que esparciendo la teoría del miedo se saldrían con la suya. No contaban con que el socio sabía más que ellos de este negocio.
Todo el interés que no había mostrado la junta hacia las peñas se despertó en estos días. Alfons Godall les envió un SMS el 26 de junio de 2008:  "Apreciados amigos culés... Os invitamos a venir a una reunión el día 26 a las 19.30 horas en el Hotel Princesa Sofía para emprender la movilización contra la censura. Si queréis, podéis traer gente de confianza. Nos vemos y tendréis herramientas y recursos para trabajar, Visca el Barça i Visca Catalunya!!! Alfons Godall". Movilización contra la moción, herramientas y recursos para trabajar… Estaban asustados. Tanto, que necesitaban utilizar los medios que el club ponía a su disposición para movilizar al personal en su favor en una clara demostración del uso partidista de los recursos de la entidad.
El sistema e-mail también fue utilizado por los directivos para propagar el siguiente mensaje: “Amigos, como sabéis, el próximo domingo día 6 habrá una votación en el Camp Nou. Os escribo este correo para pediros que vengáis a votar... el Club se juega mucho. Sabemos que la mayoría de socios piensa que esta moción de censura no tiene sentido, que es una mala idea interrumpir el mandato de la junta directiva: Porque el trabajo que se ha hecho en los últimos cinco años es notable en todos los aspectos. El club está fuerte y sólido, porque le estamos dando un nuevo impulso al proyecto deportivo, porque la no consecución de títulos dos años no justifica una medida tan excepcional, porque pondríamos al club en una grave situación de crisis a corto plazo (resto del verano sin poder comprar / vender jugadores) y a medio plazo (inestabilidad garantizada para el futuro, más allá de la natural y democrática cita cada 4 años). Pero no basta con pensar eso y no ir a votar ... nos hacen falta los votos ".
"Nuestros opositores han sido muy activos en los últimos años, poniéndonos demandas sobre la duración del mandato y otras cuestiones legales y ahora con la moción. Sabemos, también, que si el resultado de la moción es ajustado, aunque ganemos, pedirán la convocatoria de elecciones con gran ruido mediático ... Sé que esta votación hace menos ilusión que otras pero es igualmente importante. Por eso os pido que vengáis a votar y lo haga a conciencia. Espero poderos saludar en el Camp Nou este domingo". El autor del mensaje estaba muy equivocado. El resultado no fue ajustado, no ganó Laporta y aún así nadie pidió convocatoria de elecciones con gran ruido mediático. No cambiaban. Siempre utilizando la política del miedo: o ellos o el caos.

Su público
Laporta recibió, como estaba previsto, el apoyo de ‘Veterans de Sitges-Plataforma Pro Jan Laporta’, que organizó un partido y una conferencia de prensa para advertir que fomentarían el ‘no’ al voto de censura. ?“Somos 1.750 socios y aficionados y todos nos vamos a volcar en el no a la moción porque el balance global es positivo”, aseguró uno de sus protavoces, Toni Llorià, en ‘COM Ràdio’. “Yo, si cada vez que se bajase los pantalones ganara una Champions League, ya firmaba”. Afortunadamente, los que pensaban así no eran la mayoría entre la masa social barcelonista. Al margen de títulos, los socios esperaban otras cosas de su presidente.

El transparente Soriano
Andrés Astruells respondía el 2 de julio en Mundo Deportivo a unas declaraciones realizadas por Ferran Soriano al diario Avui en las que presumía de transparencia, y se cuestionaba: “¿En la memoria del club es normal colocar una partida millonaria bajo el vago concepto de 'otros gastos'? ¿Cuántos millones de euros quedan pendientes de pago al Arsenal por Henry? ¿A cuanto ascienden los gastos de presidencia? ¿Está totalmente pagado el fichaje de Eto'o? ¿Quedan aplazados más allá de 2010 los pagos de algún fichaje de este verano? Si se han multiplicado los ingresos, ¿por qué no se dan más beneficios de gestión? ¿Se gasta todo lo que se ingresa? ¿Cuánto valía la nómina de la última plantilla de Gaspart y cuánto vale la actual? ¿Y la de los empleados del club?”. La transparencia de esta junta no daba para responder a las preguntas del informador de Mundo Deportivo.

Faus: “No ha hecho nada para unir al barcelonismo”
Javier Faus, uno de los directivos nombrados por deseo expreso de Joan Laporta y que dimitió tras dos años de estancia en la junta, manifestaba el 30 de junio a RAC1 que “no ha habido autocrítica, sino un tono insultante y populista, diferente al realismo que había cuando entramos hace cinco años”. Faus, que no se fue de la directiva con Rosell, acabó uniéndose a él en su nuevo proyecto de futuro para el Barça. Y lamentaba en Mundo Deportivo “la desidia de Laporta en sus funciones, lo poco que ha hecho para unir el barcelonismo y su discurso cruyffista y antinuñista”. Tampoco aprobaba su política económica: “La deuda es prácticamente la misma que hace cinco años y con una deuda tan elevada, con el ciclo económico como tenemos, plantear huidas hacia delante como el proyecto Foster, que es un proyecto de 300 millones, es un error muy importante”.? Sobre el milagro económico de Soriano Faus tenía muy claro que “la única variable que ha mejorado con respecto a la época Gaspart son los ingresos. Se ingresaban 120-130 millones y ahora se ingresan 315, pero se ingresan porque el club consiguió crear unas marcas globales que se llaman Ronaldinho, Messi, Deco y Eto´o (…) Los gastos se han llevado muy mal. Han gastado prácticamente lo que han ingresado, por lo que los beneficios ordinarios del club son exiguos. En estos cinco años el Barça ha facturado 1.235 millones y ha gastado 1.205”.

Ataque a Rosell a pocos días de las urnas
Sandro Rosell decidió finalmente dar su apoyo a la moción de censura, de la misma manera que otros amigos de Laporta optaron por prestar su apoyo al presidente. Nada había de delictivo en ello, aunque Laporta pareciera interesado en darlo a entender. A fin de cuentas se trataba de hacerle saber a la masa social que en caso de que Laporta tuviera que renunciar a su cargo, había una alternativa esperando su turno. Nada que no hiciera Laporta durante años y años. La única diferencia estaba en que Rosell no iba de peregrinación por emisoras, platós y redacciones para desacreditar al presidente.   
"Celebro que haya personas que, siendo un secreto a voces que estaban vinculados a una oposición y que no acababan de aparecer, se hayan manifestado (…) Es un equipo (la oposición) que lleva muchos años trabajando. Son los mismos que han presentado demandas para avanzar elecciones. Era un secreto que (Rosell) estaba vinculado al proceso de la moción de censura". A día de hoy el barcelonismo sigue esperando que Laporta pueda probar sus acusaciones. Calumnia, que algo queda.
Y lamentaba él, el hombre que con mayor saña ha ejercido su papel de opositor, que hubiera alguien "intentado erosionar a los que dirigen el club”. Poco se puede erosionar desde el silencio. Laporta no quería admitir que no necesitaba a nadie para ser erosionado. Él solito se bastaba para debilitar su propia imagen ante los socios.
El presidente quiso dejar muy claro que en su junta "nadie tiene una empresa que esté relacionada con el deporte", refiriéndose a Rosell. Por lo visto ese detalle, ahora tan importante, resultaba intrascendente cuando su amigo “Sandrusco” se incorporó a su directiva como vicepresidente en 2003. Tampoco decía nada Laporta de las empresas que él puso en marcha gracias a su privilegiada posición como presidente del FC Barcelona, y mucho menos de esos continuos y extraños viajes que nunca eran suficientemente explicados y que lindaban la frontera de lo institucional, el placer y el negocio privado. Cuando él trató de mediar a través de su despacho profesional en la venta del Mallorca a sus amigos de Uzbekistán agenciándose una comisión de 4,2 millones de euros, no debió entender que intentaba lucrarse con un negocio claramente referido al ámbito deportivo y aprovechándose su posición de presidente del FC Barcelona.

“Uno recoge lo que siembra”
Lo explicaba el ex directivo Moix en Sport: “Ha habido una disminución de confianza del socio hacia la directiva. Ejemplos: Se prometió no vender patrimonio y se vendió Can Rigalt. Esta venta provocó unos beneficios que permitieron a la junta no avalar. Vendieron el terreno en un momento concreto para no pasar por la asamblea. Tampoco genera confianza la gestión en los fichajes sin rigor con los precios de mercado. En mi época en el club se incorporó a tres laterales por seis millones de euros (Belletti, Sylvinho y Gio), el año pasado uno (Abidal) por 15 y el anterior otro por 14 (Zambrotta). Y ahora uno, que es bueno, por 35. También genera desconfianza llegar a la final de la Champions y copar 3.000 entradas por compromisos del club. Luego están los temas de imagen del presidente o que haya salido la designación de tribunas por unos miembros de la junta. Ya se debatió en mi época y yo, y algunos más, rechazamos la posibilidad de saltarnos la cola. Al final lo han hecho”.



MAÑANA, PRÓXIMO CAPÍTULO

La moción de censura (VII)

Godall, al ataque / Una gestora traspasó a Suárez / “Ganará Laporta” / El traspaso de Deco  / Más contradicciones de Cruyff / Crítica constructiva y no acoso y derribo / “Acabar con el cruyffismo” / El diluvio que viene / Los avalistas de Laporta / Cruyff, de la mano de Laporta / Núñez, recibido como presidente / La mayoría no le quiere / Castigo al Que n´aprenguin / Sale indemne de la asamblea también por los pelos / Dudas sobre la composición de la asamblea

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