2012-10-22 21:10 FC Barcelona Por: Administrador

La moción de censura (VII)



Godall, al ataque
Puede que sí, que nos estén pagando con la misma moneda, que nos estén haciendo pagar nuestra independencia, pues ni el presidente ni la junta tiene relación con ningún grupo mediático ni económico. Nos consideran unos extraños”. Godall mentía. El presidente y la junta mantenían una magnífica sintonía no con uno sino con varios grupos mediáticos, a alguno de los cuales se entregaría esa directiva sin reservas.

Le preguntaban a Godall por la aparición pública de Sandro Rosell, esa que Laporta recibió con alegría. El vicepresidente no estaba de acuerdo con su presidente: “Tenía que haber aparecido junto a los otros directivos dimisionarios en el 2006, cuando podía presentar un programa”. A Godall le habría gustado que Rosell hubiera aparecido en agosto de 2006 para desarrollar su campaña cuando los socios estaban en la playa. Así eran. Lo querían todo. “Ahora lo único que hace es dividir. Salir ahora es un error y no es bueno para el club ni para Sandro de cara al futuro”. Para Godall todo lo que no fuera aplaudir al presidente era dividir. Su mapa de la situación idílico contemplaba a su amigo de la infancia gobernando y a todos los demás callando. Esa sería la única manera de evitar una división que ellos ya se encargaron de crear en su momento y que tan bien les fue para alcanzar el poder. Alfons Godall, un hombre clave en la moción de censura de 1998, decía ahora que “la moción no sería buena. Afectaría a fichajes y a la gestión del club en todos los ámbitos. De hecho, la vida del club ya está viéndose afectada por este proceso. Se gestiona mejor la entidad desde la normalidad”. Eso mismo es lo que pensaba Núñez cuando Laporta y él trataron de afectar a la gestión del club en todos sus ámbitos con su ¿oportuna? moción de censura. Por cierto, cuatro años después Rosell sería el presidente más votado de la historia arrollando, entre otros, al propio Godall, que se perdió en la tercera candidatura, la de Ingla, para desespero de Laporta.



Una gestora traspasó a Suárez
Laporta hablaba de “descontrol y desestabilización” en caso de que ganaran en las urnas los partidarios de una moción “desproporcionada” . La respuesta de Giralt: “apelo a la responsabilidad de la junta para que no siga diciendo estas barbaridades. Lo digo como socio, pero también como abogado. Que deje de mentir porque es muy malo para la entidad. Todas estas declaraciones pretendían cambiar la opinión del socio, porque estaban ya comprobando la verdadera magnitud de la tragedia” y argumentaba que “la gestora está capacitada para realizar cualquier operación ordinaria, como fichar a un ejecutivo, pagar las nóminas e, incluso, fichar a un jugador. Lo que no pueden hacer son operaciones extraordinarias, como la venta de patrimonio. No pueden vender el Mini Estadi”. De hecho, el traspaso más polémico de la historia del club, el de Luis Suárez al Inter, fue realizado por una gestora.

“Ganará Laporta”
Mientras que la oposición maneja encuestas que dan una victoria rotunda a la moción de censura –más del 66 por ciento de los votos necesarios–, en el club existen otras que igualan mucho los resultados y que incluso darían el triunfo a Laporta por escaso margen”. Informaciones independientes como ésta, de Lluís Mascaró en Sport, aportaban una buena dosis de sensatez al panorama de la moción.

El traspaso de Deco
En pleno proceso de debate, el club no se paralizaba. Los 17 millones pagados por Martín Cáceres y los 14 por Keita minimizaron, y mucho, los 10 millones obtenidos del Chelsea por Deco, una de las estrellas de la Eurocopa disputada recientemente. Txiki tuvo que tragarse el marrón: “Deco tiene 31 años. Tuvo un rendimiento extraordinario en sus dos primeros años, pero no tan bueno en los dos últimos. Creo sinceramente que los 10 millones de euros es un precio correcto y el precio de mercado”. El precio de mercado era pagar 12 millones al Chelsea por uno de sus suplentes, Gudjohnsen, o 14 por Zambrotta. Txiki mostraba aquí su mejor faceta embaucadora. “Sólo teníamos la oferta del Chelsea sobre la mesa; si hubiera tenido otras ofertas hubiéramos podido negociar”. ¿Y para qué le pagaban a él? Algo habría hecho mal cuando sólo llegaba una oferta por uno de los más preciados tesoros de su plantilla. “Hemos llegado al mejor acuerdo posible, estamos muy contentos de haber sacado un gran rendimiento deportivo y ahora un buen rendimiento económico”. Estaban muy contentos porque ingresaron un poco más de lo que en su momento pagaron por Maxi López. Esa directiva se hizo acreedora al honor de haberle proporcionado a Abramovich el fichaje más barato de los 26 realizados hasta entonces en su trayectoria al frente del Chelsea. Y todo eso, en pleno proceso de la moción de censura.



Más contradicciones de Cruyff
Sandro Rosell no podía hacer pública su postura porque desestabilizaba. En cambio Johan Cruyff “estabilizaba” manifestando su intención de voto favorable al amigo Laporta. "Yo votaré ‘no’ a la moción. Yo votaré para que se queden los que están. No porque sean amigos, no tiene nada que ver. Votaré no porque están ahí para cuatro años y deben acabar la legislatura. Hay que aceptar la moción porque está dentro de las reglas, pero cuando se elige presidente, se hace para cuatro años”. Cruyff cambió su opinión. Rectificar es de sabios. Diez años atrás pensaba que cuando los socios votaban a un presidente con una amplia mayoría era para que el elegido gobernara cinco meses, el tiempo que tardó su socio Laporta en plantearle una moción que contó con su propia bendición. Johan Cruyff decía todo eso de manera inocente y sin querer influir en la opinión del socio, precisamente lo que había estado haciendo desde que en 1996 se convirtió en la cabeza visible del entorno del club. Unas veces para crucificar a los que mandan y otras para defenderlos con pasión según le fuera en la feria. Echando mano de la demagogia, algo que El Maestro Johan domina a la perfección, volvía a referirse a Laporta por sus cinco años de mandato. Él sabía perfectamente que se le juzgaba por los dos últimos años, ya que el argumento de las ligas y la Champions ya le sirvió para ser reelegido brillantemente en 2006. “Deportivamente, con dos Ligas y una Champions, está muy bien; a nivel de prestigio, el ‘més que un club’ ha cogido nivel mundial con el acuerdo con UNICEF; y a nivel de finanzas, sé que cogieron mal el club y, la verdad, esto no sé muy bien cómo está”. Tampoco era necesario que lo supiera. Con que lo dijera era suficiente.

Crítica constructiva y no acoso y derribo
El 3 de julio de 2008 Lluís Mascaró se lamentaba de que “ninguno de los últimos cuatro presidentes del club blaugrana han podido finalizar su mandato. Josep Lluís Núñez tuvo que dimitir en el 2000, acosado por el ‘Elefant Blau’, los inspectores de Hacienda y la soberbia de Van Gaal. Joan Gaspart, a pesar de ganar cómodamente las elecciones a Lluís Bassat, sólo pudo dirigir la entidad durante tres temporadas, víctima de su propia personalidad, de su desastrosa gestión económica y, nuevamente, arrastrado por la versión 2.0 de Van Gaal, que acabó siendo más mala que la original. Enric Reyna sólo tuvo tiempo de colgar la placa de mármol con su nombre y de enseñar unos sobres blancos en una asamblea que fue el preludio de la convocatoria de unos comicios anticipados. Y Joan Laporta, a pesar de ser el presidente más votado de la historia, acabó su primer ciclo por mandato judicial un año antes de lo previsto, y ahora se enfrenta a una moción de censura que le puede echar a la calle”.
Una cita sencillamente deliciosa. Cada presidente tenía una explicación negativa que justificaba su final. Laporta no. Laporta no había hecho nada mal. Sólo cometió el pecado de ser el presidente más votado y ahora se tenía que ver como se veía. La vida era cruel con él.
Por una vez, todos deberíamos mirar al Barça como al club que tanto queremos y no como ese oscuro objeto del deseo que provoca intereses personales y comerciales de todo tipo”. ¿Se estaría refiriendo Mascaró al propio Laporta cuando hablaba de intereses personales y comerciales de todo tipo?
Tenemos que empezar a aprender la gran diferencia que existe entre la crítica constructiva y el acoso y derribo. Por el bien del Barça”. Lo que Mascaró no explicaba es que el inventor del acoso y derribo en el Barça fue precisamente Joan Laporta. No debe extrañarse, pues, de que en su larga trayectoria blaugrana como crispador oficial del entorno y luego como presidente dejara muchas víctimas por el camino, muchas de ellas creyeron en él y ahora le tenían ganas y no le perdonaban que igualara y empeorara todos los pecados que él censuró de anteriores gestores con ese mal tono que también le conocimos ya instalado en la presidencia.

“Acabar con el cruyffismo”
"Votar a favor de la moción de censura es acabar con el cruyffismo. Cruyff ha influenciado y muchas cosas que se deciden en la junta directiva se hacen porque él las propone. Si el domingo sale el sí, tenemos que abrir el Barça a nuevas personas, a nuevos referentes", dijo Josep Maria Bartomeu a EFE. Otro argumento que daba Bartomeu para votar sí a la moción era que el endeudamiento estaba en los mismos niveles que en 2003 porque el aumento de ingresos había llegado acompañado de un espectacular incremento de los gastos. Y comparaba la situación del momento con la que se daba en 2003: "Había un presidente (Gaspart) que también sufría pañoladas en el Camp Nou y que finalmente acabó dimitiendo. Después una comisión gestora acabó convocado elecciones anticipadas que fueron muy bien al club". Bartomeu justificó la moción, al margen de los resultados, "por las formas como actúa el señor Laporta y su junta" y recordó la imagen del presidente del Barça y del vicepresidente Ferran Soriano en el banquillo de los acusados o unas informaciones en las que se aseguraba que los directivos elegían localidades de privilegio en el Camp Nou pasando por delante de los socios. Bartomeu también denunciaba la falta de transparencia habitual durante el mandato de Laporta: "Se tenían que haber levantado las alfombras para informar a los socios sobre cómo estaba el club tras Joan Gaspart, pero en la tercera junta directiva se votó, y se votó en contra de facilitar la información. No fue por unanimidad, porque Moix, Rosell y yo mismo votamos a favor y los otros 12, en contra. Ese fue el primer gran error".

Y concluía: “Hace tres años que no estamos en el club. En este tiempo no hemos hecho oposición, porque somos todos del Barça. Ahora hablamos porque hay un proceso abierto. En cualquier caso, escucho a los socios y creo que la moción saldrá adelante". "La mentira por bandera"
Oriol Giralt tuvo que salir al paso de las afirmaciones de Laporta que situaban a Sandro Rosell detrás de la moción de censura y de todas las tramas que habían llevado al presidente ante los tribunales por diversos motivos. "Laporta ha hecho de la mentira una bandera. Él insiste en que hay una trama, pero es posible que sepa ya que las encuestas le son muy desfavorables y por eso ha iniciado este camino. Lamento que acabe el mandato mintiendo (…) El presidente del Barça mintió anoche dos veces: la primera, para afirmar que una junta gestora no puede firmar traspasos ni comprar jugadores. Esto es una barbaridad, porque sí que puede realizar actividad ordinaria. Si en estas últimas semanas la junta directiva había realizado un buen trabajo, Laporta lo reventó todo (…) Vertió unas gravísimas acusaciones al denunciar que existe una trama en la que Sandro está detrás de mí y que yo soy un hombre de paja de él. ¡Y que nos hemos reunido! ¡Que aporte pruebas!". Eso, lo de aportar pruebas, nunca fue la especialidad de Laporta. Lo suyo era pedirlas a los demás.

El diluvio que viene
Josep M. Artells extraía conclusiones el 3 de julio de 2008 en Mundo Deportivo sobre los nervios mostrados por Laporta en cuanto Sandro Rosell anunció públicamente que apoyaría la moción: “A Sandro Rosell le ha bastado una sola aparición pública para que a Laporta se le haya hinchado la vena y tenga a sus asesores al borde del infarto. El aún presidente desató la bilis que tiene acumulada contra el ex vicepresidente deportivo haciendo caso omiso de lo que le dicta la mejor estrategia cuando su futuro al frente del FC Barcelona está en juego. Laporta atacó a su fantasma predilecto acusándole de estar detrás de las demandas de inhabilitación y críticas de los últimos tiempos y de la propia moción de censura impulsada por el socio Oriol Giralt. La cansina teoría de la conspiración sigue siendo uno de sus mensajes preferidos. Nuevamente, Laporta hizo una eficaz campaña contra Laporta.
Laporta anunció el diluvio y las peores plagas sobre el Barça porque la junta gestora (que presidiría el nada neutral Xavier Sala i Martín) no podría llevar a cabo operaciones de compra y venta de jugadores. Evidentemente, la gestora, en una lectura ampliamente aceptada, está capacitada para pagar desde el recibo de la luz a fichar o traspasar. El ejercicio de la democracia no está reñido con la actividad normal que debe llevar a cabo el club. David Moner dirá el resultado de la moción a las 22 horas del domingo. Después no está previsto ningún Apocalipsis”.

Los avalistas de Laporta
Miguel Rico, ahora en Mundo Deportivo, clamaba al cielo por los avalistas de Laporta: “Lo espectacular es que Calderón, presidente del Madrid, y Gaspart, agradecido ex presidente del Barça, hayan sido las dos únicas grandes personalidades del fútbol que le han dado su apoyo a Laporta ante su visita a las urnas. Dos compañeros de viaje que, por serlo y por ser quien son, casi justificarían el sí incondicional a la moción porque, está claro, a Calderón no le pueden ir mejor las cosas con Laporta. Dos años, dos Ligas para el Madrid. La primera, regalada. La segunda consecuencia de la anterior. Y en cuanto a Gaspart, ustedes mismos. Miren bajo la alfombra”.

Cruyff, de la mano de Laporta
Johan Cruyff acudió a votar del brazo de Laporta confiando inútilmente en convencer a algún indeciso con su presencia junto al presidente. Y, claro, aprovechó para despellejar a Sandro Rosell y lanzarle un capotazo a su abogado y amigo. Y se sumaba a la teoría del caos anunciando que, en caso de derrota de su patrocinado, no habría tiempo material para preparar bien las candidaturas de las elecciones. Nada se le oyó sobre ese mismo tema cuando Laporta convocó las elecciones de 2006 sin dar tiempo a nadie para prepararse. A diferencia de Núñez, que acudió a última hora para no interferir en el resultado final, el gurú de Laporta se presentó a votar a mediodía para seguir haciendo campaña y tratar de influir en los socios que aún faltaban por votar, el 85%.

Núñez, recibido como presidente
Josep Lluís Núñez se personó en las instalaciones del club para entregar su papeleta en la penúltima hora de votación. Fue recibido con gritos de “presidente, presidente” y ante una nube de micrófonos no tuvo más remedio que romper su permanente silencio para decir: “Estoy muy dolido y triste con la actual situación del Barça. El socio ha sido muy generoso con esta directiva porque se han producido hechos muy graves y ustedes (dirigiéndose a los periodistas) los han pasado por alto”. Recordó que con el cambio de Gaspart por Laporta se acumularon 25.000 millones de pesetas de pérdidas. “Antes teníamos 40.000 millones de pesetas en patrimonio y ahora sólo 3.000. Hemos estado 22 años en el club y ahora lo están vaciando”.

La mayoría no le quiere
Ese era el titular de portada del diario Sport una vez conocidos los resultados de la moción. 23.870 socios dieron su apoyo a Giralt (60,60%) mientras que Laporta movilizó a su favor a 14.871 socios (37,75%). Con las cifras de Giralt, Laporta hubiera conseguido echar a Núñez de la presidencia, pero en este caso los casi 15.000 votos contrarios a la moción lo impidieron. Laporta perdió, pero estaba legitimado para seguir gobernando porque Giralt no alcanzó el 66,6% exigido por los estatutos. Acudieron a las urnas 39.389 socios, lo que supuso un 33,2% de participación. “La grada no necesitó líderes ni oposición ni campañas electorales para levantar la voz y censurar a la directiva”, sostenía Francesc Perearnau en Pelikano.es. El resultado fue celebrado con algarabía y cava por el sector palmero y más fiel de la junta. Pero ocho directivos entendieron el mensaje del socio y optaron por dimitir: Soriano, Ingla, Vives-Fierro, Murtra, Vicens, Cambra, Rovira y Vilaseca.

Castigo al Que n´aprenguin
El 7 de julio de 2008, el día después de la moción de censura, Sergi Pàmies razonaba en La Vanguardia que el voto de castigo era “una inapelable bofetada contra el despotismo ilustrado que ha distanciado a los socios de un que n´aprenguin que ha ensombrecido los logros de esta junta. El factor humano ha podido con el cargo. Los clamorosos fallos de representación de los socios, castigados con la figura inoperante del síndic y con una asamblea que sigue recordando los peores simulacros de participación, no pueden repetirse y la directiva que sale de esta derrota debe revisar radicalmente sus modales y acelerar correcciones que refuercen su vulnerable mandato.
El resultado obliga a escuchar más y a explicarse mejor, no para cumplir el trámite de una transparencia impostada sino para, de verdad, comunicarse con esos socios activos, entusiastas o críticos…” . Laporta tomó nota y su primera decisión fue la de coger el avión y largarse a Suiza para reunirse con sus compañeros de la ECA (Asociación de Clubs Europeos) en Nyon. Y mientras eso ocurría, y en su ausencia, Soriano le preparaba el golpe de estado con ocho dimisiones pactadas.

Sale indemne de la asamblea también por los pelos
Joan Laporta pretendió legitimar su continuidad en el cargo concediendo a la asamblea una prerrogativa no contemplada en los estatutos: decidir la continuidad del presidente otorgándole a la votación carácter vinculante. Pensaba que así, dándose un baño de masas con los socios en un ambiente festivo y de ilusión, podría echar tierra sobre el delicado momento vivido con la moción. Sin embargo, el socio volvió a recordarle que su gestión y su talante ofrecían demasiadas dudas. Jordi Badía, su director de comunicación ya dimitido, explicó así los resultados del recuento en la asamblea: "La votación es otro voto de castigo. Laporta la ha superado por 150 votos de diferencia, 55% a 39%. De estos 150 votos, 48 se pueden considerar garantizados (los 25 compromisarios de elección directa, los 14 miembros de la Junta Directiva y los 9 miembros de las comisiones estatutarias). La diferencia sería de 102 votos, entonces. Y el 55% quedaría reducido a un 50'5% de la Asamblea ". Es decir, que también en la asamblea salió adelante por los pelos, en este caso las votaciones de sus propios directivos, de los compromisarios elegidos a dedo para solventar situaciones como ésta y de los amigos tipo Sala i Martín, colocados en puestos estratégicos con derecho a voto y dispuestos a echarle un cable siempre que hiciera falta. Laporta se presentó con 48 votos garantizados y casi pierde. Seguramente los agasajos, el cava y los canapés invertidos en el Senado de socios más antiguos a los que nunca había hecho caso, sirvió para garantizar el triunfo.
También resultó patético que en pleno siglo XXI la votación se realizara a mano alzada, quedando el rigor del resultado en manos de los empleados encargados de sumar las manos levantadas. Laporta movilizó convenientemente a todos sus efectivos. La prueba es que de los 1.000 asambleístas presentes, 400 se marcharon en cuanto acabó la votación de ratificación del presidente. La administración del club no les generaba ningún interés. Ellos habían ido allí a votar a Laporta, lo demás les traía sin cuidado.
Mientras Laporta sudaba para mantener su privilegiada posición, los compromisarios aprobaban de forma abrumadora el trabajo de los que se habían ido encabezados por Ferran Soriano.

Dudas sobre la composición de la asamblea
"Yo no sé si toda la gente que había allí eran compromisarios. Nadie sabe quién son, excepto el club, o sea la junta. No hay manera de tener ningún tipo de listado y me consta que hubo un momento en que hubo gran aglomeración y que los controles fueron extremadamente laxos: quien tenía pegatina pasaba". Son palabras de un receloso Oriol Giralt, quien tenía suficientes elementos de juicio para sospechar algún turbio manejo en la asistencia de compromisarios a la asamblea. Laporta se había atrevido a denunciar que con Núñez votaban los muertos. En la asamblea de su ratificación algo olió a podrido. Por ejemplo, el incumplimiento de los estatutos impidiendo a los socios expresarse antes de someter a votación el tema de la continuidad del presidente.
Josep Maria Minguella, por su parte, lamentaba que “debemos ser la única entidad, empresa o club del mundo que elige el peor día del mes de agosto para celebrar uno de los actos más importantes y me sabe mal porque los compromisarios van allí de buena fe, pero ni hay transparencia y sobre todo no hay posibilidad de repreguntar. Es decir, tú planteas un tema pero luego te contestan lo que quieren".

MAÑANA, PRÓXIMO CAPÍTULO

Rijkaard, la cuarta opción (I)

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