2011-09-21 13:09 FC Barcelona Por: Administrador

La realidad del "irreal" Madrid asusta, y mucho



Dice Defensa Central que "la realidad asusta a M-B". En algo sí tienen razón. Existe una realidad que nos asusta, y mucho. La realidad de un entrenador que va metiendo el dedo en el ojo a los demás y queda impune. La realidad de la violencia descontrolada de Pepe. La realidad de un equipo forjado en la cultura de la tangana. La realidad de una expulsión cada cuatro partidos. La realidad de un entrenador que ha perdido el oremus, que ha convertido al mejor club del siglo XX en un equipo pequeño más pendiente de destruir que de admirar con su juego. La realidad de quien se cree más guapo, más bueno y más rico que nadie y que va provocando a todas las aficiones con sus gestos y palabras. Esa realidad debería preocupar al madridismo de verdad. Eso no es manipulación ni sueños. Es lo que hay: un vestuario confuso y desunido, un entrenador contradictorio y peligroso, que además no gana, y un presidente pasota cuyas únicas decisiones pasan por sacar el talonario.

La otra realidad, la del Barça, habla de dos títulos oficiales en un mes de competición. Habla de un equipo que ha marcado más goles que nadie y que cuenta con el pichichi. Habla de dos empates cosechados dejando buena imagen. Habla de una línea definida que se basa en el buen fútbol y la deportividad. Habla de cantera, de mucha cantera, y de fichajes, unos acertados, otros no tanto, pero fichajes realizados pensando en el equipo y no en el bolsillo del amigo representante. Habla del reconocimiento unánime de todos sus rivales (todos menos uno).



El Madrid basa su estrategia en organizar conflictos. Cuando no los monta Mourinho, Pepe y Cristiano Ronaldo, el clan portugués, se encargan de secundarle. Y así les va. Hoy, por ejemplo, CR7 se extrañará de sentirse aborrecido por la grada de El Sardinero. Y no entenderá por qué. Como su entrenador, que sigue haciéndose preguntas de respuesta fácil. Pero el Barça no juega en esa guerra. Su guerra es otra y consiste en coleccionar títulos y no en abrir frentes enemigos en todas partes.

Aquí no tenemos miedo de que las cosas se le puedan torcer a Cesc. No podía haber empezado mejor . Eso es una realidad, lo que cuenta. Nada que ver, por ejemplo, con Coentrao, que costó lo mismo. Y su comparación con Ibrahimovic es del todo absurda (también lo podríamos comparar con Robinho, Kaká, Robben...). Ibra ni es catalán, ni tenía amigos en el Barça ni soñaba con jugar en el Camp Nou. Cesc siente los colores desde la cuna y es un extraordinario jugador. Por eso está en La Roja. La pena es que la mitad de los pocos madridistas de La Roja, campeones del mundo, se encuentren marginados por su entrenador porque, al parecer, les falta la mala baba que gastan Pepe y Carvalho, paisanos suyos. Eso sí que da pena. El Barça potencia lo suyo. El Madrid, en cambio, se ha convertido en Portugal II reforzado por jugadores de otras nacionalidades. Esa es la realidad de un "irreal" Madrid que nada tiene que ver con las señas de identidad que le convirtieron en grande en el pasado.

Es cierto que, como el Madrid, el Barça tira de talonario. Pero el dinero sirve, además de para ganar y no perder, para rodear y completar a los nuestros, esa base sólida formada con jugadores de casa que ha hecho grande al Barça y a España. Lo del Madrid no es más que una colección de cromos. Unos mejores, otros peores. Unos de aquí. Otros de allí. Serán buenos, pero no son un equipo competitivo. Al menos lo suficientemente competitivo para plantarle cara al Barça, que en los últimos titulos en disputa le ha endosado un 12-1.



Esta es la realidad. Si la quieren ver, bien. Y si no, están en su derecho de seguir instalados en la mentira y más preocupados por apuntarse a la teoría de la justificación de la derrota que por encontrar la fórmula que conduzca a los éxitos. Es bien cierto que una mentira repetida mil veces no se convierte en realidad. Y eso lo sabe muy bien el madridismo con Mourinho. Con mentiras, violencia y chulerías y obsecenidades de sus jugadores no se ganan títulos. Más bien se consigue la repulsa generalizada de todos. De todos, no sólo del cuadrante nordeste de la península, que eso es lo que duele a quien ha perdido también el título de "equipo de España".


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