2013-11-08 19:11 FC Barcelona Por: Administrador

La Santa Inquisición que dejó Guardiola



Pedro Riaño

Y optó por irse. Que venga otro y ponga orden. Yo ya tendré tiempo de volver más adelante a arreglar los entuertos cometidos en mi ausencia. Y maquilló su traición al barcelonismo detrás de supuestas diferencias con Sandro Rosell, que así se entendería mejor su fuga. Pero no se ha ido del todo. Ha dejado como herencia a los garantes de su espíritu, a ese entorno mediático que ejerce de Santa Inquisición excomulgando de la fe verdadera a quien se atreve a cuestionar el famoso tiki taka, el término que inventó Maguregui y del que se apropió Guardiola aprovechando que pasaba por allí y allí había futbolistas majestuosos capaces de convertir un partido de fútbol en un excelso rondo sin fin.

Guardiola se aprovechó del legado que le dejaron sus antepasados (Valdés, Puyol, Xavi, Iniesta y Messi, la columna vertebral) y disfrutó con ellos sacándoles el máximo rendimiento a través de ese llamado tiki taka que sólo pueden poner en práctica los equipos -pocos o ninguno- que disponen de jugadores que alcanzan la excelencia técnica. Y ese era su Barcelona, un bloque compuesto por jugadores excepcionales sometidos a la disciplina de un entrenador respetado porque para nadie era un secreto que Pep era más que un entrenador, un símbolo en el club. Poca coña con él.

Pero llegó un momento en que el tiki taka dejó de sorprender. Y más cuando quienes lo ponen en práctica acumulan cinco años más y en lugar de ejercerlo  corriendo lo llevan a la práctica andando. Para controlar el balón hay que tenerlo y para tenerlo hay que recuperarlo en un plis plas. Y cada vez le cuesta más a este Barcelona cumplir con la premisa fundamental de la presión.

Y han llegado las dudas. Tito Vilanova se mantuvo fiel al sistema. Pero ahora está el Tata Martino. Y a este que no le vengan con milongas. Lo del tiki taka está muy bien si funciona, pero si no da resultado tiene que aportar otras fórmulas que conduzcan al mismo fin: los éxitos y la excelencia. A fin y al cabo, para eso lo han fichado.

Entonces a Martino, que no sabe dónde se ha metido, se le ocurre pedir un nueve por si hace falta tirar de ariete clásico para buscar con un Plan B la luz cuando el equipo se mete en un túnel. Y dice que si hay que hacer un pase de 40 metros, como los que hacía Koeman con Cruyff, se hace. Y si hay que solucionar una situación comprometida en defensa con un despeje, se hace y punto.

Y la Santa Inquisición, los encargados de velar por las buenas costumbres y los sabios mandamientos dictados por Pep en el Camp Nou, se le tiran a la yugular. No se pueden traicionar los principios fundamentales de Pep. Tiki y taka. No hay más. En todo caso, Taka y tiki. Pero de ahí no puede salirse el Barça. El Bayern sí. Ahí Guardiola puede evolucionar porque tiene otros jugadores para jugar de otra manera. Pero el Barça parece estar condenado por los siglos de los siglos a vivir de acuerdo a fundamentos ya demodés. El Ajax de Amsterdam, sin ir más lejos, atrapado también en un estilo, una idea, deambula por ahí sin pena ni gloria presumiendo de filosofía, pero sin futbolistas capaces de llevarla a la práctica. ¿Tiene que acabar el Barça como el Ajax, sumido en la mediocridad?

Ahí están ellos, copando el entorno, anclados en el pasado y reacios a cualquier cambio. Se han autoadjudicado la sagrada misión de preservar  los valores que instauró el que huyó. Los valores que aprendió del maestro que practica la caridad con el dinero de los socios del Barça. Y el Tata, como ya le sucedió al bueno de  Bobby Robson, está condenado al fuego eterno blaugrana si no se somete a las directrices que le marcan. Aquí está prohibido pensar. Ya pensaron Johan Cruyff y Pep Guardiola por los demás.

Que se vaya preparando el Tata y el que le fichó. Los goles del Barça deben alcanzarse con paredes y triangulaciones de pase corto que permitan a los jugadores llegar con el balón ante el portero y meterse en la portería con él. Todo lo que no sea eso significará pañuelos, mal rollo, bronca y gritos de dimisión.

La Santa Inquisición nunca entenderá que igual que su mesías se sintió cansado para entrenar al Barça, los jugadores que le hicieron grande van cumpliendo años y ya no son los mismos. Ante eso, hay que evolucionar. Si encontramos a otro Messi, otro Xavi y otro Iniesta con 20 años, a lo mejor podemos afrontar otra década sin cambiar nada. Pero de entrada, Thiago, el hombre que debía liderar la transición, ya no está. Alguien muy culé se lo llevó bien lejos. Está bien mantener la misma idea de juego, pero con jugadores que sean capaces de llevarla a la práctica. Y el Barça no puede vivir de canteranos con buenas intenciones. Aquí hasta los canteranos tienen que ser cracks, como ha sucedido en la historia reciente.

Tiempos difícles se avecinan para el Tata Martino. Que relea la historia y se documente sobre cómo las gastan en la lucha contra el infiel los apóstoles de la cruzada johan/pepista. Que se informe sobre el linchamiento al que sometieron a Bobby Robson. Sólo hay una verdad y el que se atreva a desafiarla pasará como un hereje del barcelonismo. El cadalso le espera, porque aquí prefieren la honra sin barcos que los barcos sin honra. Y sólo pensar en la posibilidad de ceder el mando del partido y buscar el contragolpe aquí es considerado como sinónimo de deshonra.

Era sólo por avisar.


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