2014-04-18 10:04 FC Barcelona Por: Administrador

La Semana Trágica es culpa de todos



Pedro Riaño

Las notas a final de curso, suelen decir los que viven de esto del fútbol para pedir paciencia. Pues bien, el Barça ha llegado al final de curso con tres suspensos. Y es hora de exigir responsabilidades.



Es hora de preguntarle a Andoni Zubizarreta qué espera para dimitir, pero de verdad. Un director deportivo que plantea una plantilla para llegar a los partidos decisivos sin centrales no sirve. Un director deportivo, que fue portero, que no es consciente de la importancia que tiene disponer de dos porteros con garantías, no sirve. La planificación de esta plantilla ha recordado mucho a Txiki Begiristain, que veía al Barça primero en la clasificación del teletexto y no encontraba motivos para ponerse a trabajar y buscar soluciones antes de que llegaran los problemas. Los problemas hay que preverlos, que para eso les pagan.

Ya sucedió el pasado año, pero no aprenden. Ante el Bayern el Barça jugó con un equipo de circunstancias y se fue de Europa con humillación incluida. Este año más de lo mismo. La plantilla de un club con el presupuesto que tiene el Barcelona no puede afrontar la final de Copa con un central que no es central y con un chico sin rodaje que además ha de saltar al césped lesionado. La ausencia de Valdés no puede dejar la portería del Barça en manos de Pinto, por muy amigo que sea de Messi. Tampoco hay que esperar a confirmar que Puyol ya no sirve. Hay que adelantarse a los acontecimientos. Y mucho nos tememos que la temporada que ha vivido este año Puyol se repita con Xavi el próximo año, y sin alternativas, porque se escapó su heredero natural que no era otro que Thiago Alcántara. La secretaría técnica, al margen de sus errores con la cantera, ha fallado de forma estrepitosa en la confección de una plantilla qe hubiera firmado la mismísima portera de Núñez.

Pero las responsabilidades no acaban en Andoni Zubizarreta. Esta directiva ha caído en la misma autocomplacencia que mostró la de Joan Laporta. Los errores sirven para aprender de ellos y evitarlos en el futuro. Pero no ha sido el caso. A Messi hay que renovarle de inmediato o venderlo. Pero no se le puede cuestionar desde dentro, como hizo Faus, y luego garantizarle que será el mejor pagado del mundo sin cumplirlo. O se le renueva ya o se le vende ya, pero no se le puede dejar en esta posición de interinidad que ha afectado directamente a su rendimiento. Esta directiva está más pendiente de llenar el Camp Nou de grúas que de apuntalar una plantilla ganadora. No hay más prioridad para el barcelonismo que su primer equipo, Bartomeu y su junta parecen distraidos con otros "business" que al culé le traen sin cuidado, especialmente porque ya se encuentra cómodo en su viejo Camp Nou.



El socio está defraudado y, aunque los estatutos legitimen a esta directiva, existe en el ambiente una corriente de decepción sólo comparable a la época de Gaspart. Hay necesidad de caras nuevas, de nuevos gestores, de gente que transmita ilusión. La continuidad de Bartomeu y sus directivos, ahora mismo, no parece otra cosa sino la prolongación de este estado de desilusión en el que se ha instalado el barcelonismo. Desilusión en los despachos, desilusión en el banquillo, desilusión en los jugadores.

Martino, por su parte, que ya estaba molesto con el entorno cuando ganaba, ha confirmado que le viene grande este equipo. Manejar los egos de una plantilla de 22 megaestrellas no es fácil. Ha vendido su alma a Messi y a los jugones que quería Messi ha su lado y se ha sentido traicionado. El "salid y disfrutad" de Johan Cruyff ya no sirve, está pasado de moda. De hecho tampoco a Cruyff le sirvió de nada cuando un año después del éxito de Wembley Capello le arreó un 4-0 con el Milan en la final de Atenas. Hace falta algo más. No se trata de enseñar a jugar a fútbol a nadie, eso no se cuestiona, sino de sacar el máximo rendimiento de todos y cada uno de los jugadores. Y con Martino, nadie, nadie, ha dado la talla. Empezando por Messi y acabando por Pinto. Ni Xavi, ni Iniesta, ni Neymar, ni Alves... El caso más sangrante es el de Messi. El entrenador debe aportar conocimientos y recursos para prever una noche negra de su mejor futbolista, cambiarle de posición y buscar alternativas para que sus compañeros le vean, le busquen y le encuentren. Pero eso no está sucediendo en los últimos partidos. Messi no está y nadie es capaz de buscarle. Martino se ha encargado de generar un ambiente de provisionalidad a su alrededor y con las dudas sólo ha conseguido convencer a sus hombres que está de paso en el Barça y que no hay que hacerlo mucho caso. El problema de Martino no es que haya perdido tres títulos en una semana, sino la forma cómo se ha producido su fracaso. Un equipo del nivel del Barcelona, cuya calidad se da por supuesta, vive de motivaciones y Martino no ha sabido motivar a sus hombres. No se trata de ponerles vídeos de Gladiator, se supone que ya son mayorcitos, pero sí de imprimirles carácter, mentalidad ganadora, hambre de triunfo... Sus tibias broncas no han servido para nada. Y no parece que estos futbolistas tengan fe en él.

Y del ajuste de cuentas de final de temporada no se escapan los jugadores. Ayer Jordi Alba tuvo que borrarse en el descaso afectado por una lesión muscular. Jordi Alba fue capaz de empalmar hace dos años la Eurocopa con los Juegos Olímpicos. Ese sobresfuerzo lo está pagando esta temporada, en la que no sale de una lesión y ya se ha metido en otra. Lo mismo sirve para jugadores como Xavi, que han tenido que ser dosificados durante la temporada para que luego Del Bosque los encuentre frescos en el Mundial. Pero el club que les paga es el Barça, aunque no lo parezca. Pese a las rotaciones que han privado al Barça de su concurso precisamente para tenerle a punto en este momento, Xavi ha llegado muy mal a este final de temporada y ha arrastrado a sus compañeros. Él es el motor que mueve a todo el equipo y si el motor va al ralentí las demás piezas no se revolucionan lo suficiente.

Y lo de Messi es más que preocupante. El socio merece una explicación. El socio quiere a Messi por lo que ha hecho y por lo que puede hacer en el futuro. El socio estaría encantado si le renuevan una vez más el contrato que firmó en su momento con unas cantidades escandalosas que le conviertan en el mejor pagado del mundo. Pero a cambio el socio pide ver en el campo al Messi de siempre, al que marca las diferencias, al que se echa el equipo a la espalda, el que muestra su compromiso con el club, al que confirma en el campo que todo lo que cobre es poco. Lo que se vio anoche en Valencia, y en Granada y en Madrid en la última semana no es precisamente un jugador que esté en condiciones de exigir nada a nadie. Jugadores con ese rendimiento existen a puñados y cobrando la mitad de la mitad de la mitad de la mitad de lo que exige su padre para seguir. Con el Messi de anoche Guardiola no hubiera cimentado su leyenda como entrenador del Barça, porque en los éxitos de Pep Leo era la guinda del pastel, el que desencallaba partidos que estaban perdidos, el que se arremangaba cuando las cosas se complicaban, el que lo dejaba todo en el campo. Pero ese Messi no ha existido en la última semana. ¿Existirá en el futuro? Sería bueno que entre todos lo aclararan. Si pagándole más vamos a ver la mejor versión de Messi, adelante. Pero ojo con lo que se hace con el dinero de los socios. El Messi de los últimos días no merece contratos especiales.

El barcelonismo estaba dispuesto a disfrutar durante el Mundial deseando la victoria de la Argentina de un gran Messi. Esto ha cambiado. Si Messi se sale en el Mundial, el barcelonismo se sentirá engañado y estafado. Y lo mismo sirve para los fracasados del Barcelona que en junio se vestirán de rojo para defender otros intereses. "Primer el Barça" decía Joan Laporta. Primer el que paga. "Al socio no se le puede engañar", sostenía Núñez. Por favor, no le engañen más y den alguna explicación. Este Barça sólo transmite desilusión por los cuatro costados.


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