2015-07-08 18:07 FC Barcelona Por: Administrador

Laporta, independentista y poco antifranquista



Pedro Riaño

El 20 de octubre de 2003, sumido el club en plena efervescencia de cambio, podía leerse en El País que “los notables del Barça debaten si le quitan la insignia a Franco”. Angels Piñol, firmante de la información, especificaba que se trataba de “la medalla que el club le dio al dictador Francisco Franco en 1974  con motivo de la celebración de 75 aniversario de la entidad”. La petición le había llegado a Joan Laporta desde la Plataforma d´Amics de Josep Suñol y el semanario El Triangle, que consiguió recoger 3.000 firmas solicitando la retirada de la medalla. 

Que decidan los notables
El vicepresidente Alfons Godall se mostró partidario de dejar la decisión en manos de un particular Consell de Notables ideado por Joan Laporta y formado por una quincena de intelectuales. En declaraciones a EFE manifestaba que “es bueno separar de la gestión del día a día aquellos temas que son controvertidos y sensibles. Veremos lo que nos dicen y obraremos en consecuencia. Es un tema que pasó hace muchos años, pero no lo rehuimos”.
Curiosamente, el presidente del Consejo que debía tomar la decisión era Raimon Carrasco, hijo de Manuel Carrasco i Formiguera, fundador de Unió Democràtica y fusilado en 1938 por el franquismo. Raimon Carrasco, vicepresidente del club en la época de Agustí Montal, se negó a acudir en 1974 a El Pardo con sus compañeros de junta a entregarle la medalla del 75 aniversario del club al general Franco. Es fácil suponer que se mostraría partidario retirar una medalla que él personalmente se negó a otorgar. Pero no.

La medalla “no existe”
El País agregaba que “la propuesta causa cierta incomodidad en la junta después de que algún medio divulgara que Alejandro Echevarría, cuñado de Laporta, y que asesora al club tanto en asuntos económicos como de seguridad, era miembro de la Fundación Francisco Franco”. Curioso, sólo habían transcurrido tres meses desde las elecciones y Alejandro Echevarría, que no participó en la campaña oficialmente ni formó parte de la junta elegida, ya asesoraba en varias áreas del club desde la sombra.
Al día siguiente el mismo diario sorprendía con un título insólito en el seguimiento de la noticia: “La medalla ahora no existe (…) Laporta se muestra partidario de no retirarle la insignia a Franco porque no figura en los libros de actas y porque el Barça fue presionado para dársela”.
Informaba Angels Piñol que, al no figurar el dato en los libros de actas, “jurídicamente la medalla no existe”. Y asunto resuelto. Las imágenes gráficas de la época en blanco y negro que dejan constancia de la recepción concedida por Franco en el palacio de El Pardo a la directiva de Montal, toda ella perfectamente uniformada con su correspondiente chaqué, tampoco existieron. Son pura ilusión por decisión expresa y unánime, claro, de Joan Laporta, el independentista que no quiso indisponerse con el franquismo.

Votan lo que quiere el presidente
Proseguía El País: “El consejo de Notables del Barça debía pronunciarse ayer para dar un consejo a Joan Laporta sobre cómo actuar ante la solicitud. Pero al final fue al revés: Laporta arguyó que el acto no figura en los libros y que el club fue presionado políticamente para llevarlo a cabo”.
Y Raimon Carrasco, a quien se le suponía un evidente interés por esclarecer el tema, se veía obligado a asumir y firmar una patética nota ante los medios de comunicación en su calidad de presidente del Consell de Notables, que a partir de ese momento pasaba a denominarse Consell Asesor: “El consejo tiene constancia de que la medalla de oro al general Francisco Franco nunca le fue concedida. En el año 1974 la junta directiva del Barça, presidida por Agustí Montal, se vio obligada a darle una medalla al general Franco. El consejo asesor también ha sido informado de que  en el libro de actas de las reuniones de las juntas directivas no consta la concesión de ninguna medalla al general Franco. El consejo asesor considera que el Barça no es responsable de actos hechos por imposición en una situación no democrática”. Intervinieron en esta decisión Raimon Carrasco, en calidad de presidente, Borja de Riquer, Antoni Vives Fierro, Anna Vicens Rahola, Marjoli Van der Meer (viuda de Carabén), Joan Gaspar, Xavier Folch, Paco Martínez, Josep Lorente, Miquel Horta, Carles Zinder, Montserrat Minobis, Antoni Ros Marbà, Pep Munné, Amadeu Cuito y Antón Maria Espadaler. Salvo honrosas excepciones, una auténtica pandilla de amigos del presidente dispuesta a firmar lo que hiciera falta con tal de hacerle feliz. Y en ese momento su felicidad dependía de que sus asesores dejaran a Franco en paz. El tema no le interesaba. No era en ese momento políticamente correcto.

“Nadie se acordará de esto en cuatro días”
El País desvelaba que alguno de los 15 integrantes del consejo era partidario de retirar la medalla, pero Laporta abortó el conato de rebelión esgrimiendo que “las autoridades franquistas obligaron a cumplir el decreto que establecía que el dictador era siempre el primer destinatario de la primera medalla de oro de cualquier entidad. Presionado por ello, la junta echó por la calle de en medio e ideó esta solución: obsequiarle con la medalla del 75 aniversario”. Según Laporta, la auténtica medalla de oro del club fue entregada a la Penya Barcelonista de Manresa.
Los argumentos del presidente plenipotenciario fueron muy convincentes porque el consejo de asesores nombrados a dedo decidió darlos por buenos, dejando en evidencia al vicepresidente Godall, el que afirmaba que “es bueno separar de la gestión del día a día aquellos temas que puedan resultar comprometidos o sensibles”. Laporta no hacía distinciones y gestionaba personalmente tanto en el día a día como en los temas sensibles. Y en lugar de recibir consejo de los notables prefería ejercer él como consejero adoptando decisiones de acuerdo con sus propios intereses. Descubría El País que el presidente se dirigió en estos términos a sus amigos del consejo: “Es mejor no remover el pasado. Dentro de cuatro días nadie se acordará de esto”. Estamos ante una constante en su trayectoria: guste o no guste, me salgo con la mía y nunca pasa nada. En este sentido hay que reconocerle una impresionante seguridad en sí mismo que le permitió afrontar temas tan indefendibles como éste, el de su cuñado, el numerito del aeropuerto, la venta de patrimonio, las entradas de París, el sponsor fantasma chino, el espionaje a sus directivos, el tráfico de influencias, la compra de Viladecans o el equipo de Miami  con la certeza de que su posición, por encima del bien y del mal, le permitiría salir airoso y sin sufrir rasguños de cualquier reclamación que, generalmente, nunca solía llegar... aunque acabaría llegando.

Laporta se saca un peso de encima
Jaume Rexach, director de El Triangle, se asombraba por la decisión: “La fotografía de El Pardo es suficientemente explícita. Los directivos vestían chaqué y es raro que fueran forzados. Queda demostrada la connivencia entre determinados convergentes y el franquismo. Muchos ayuntamientos han dado este paso. Creía que era un debate superado”. Para Carlos Carbonell, de El Mundo del Siglo XXI, “a Laporta le sacaron ayer un buen peso de encima. No deberá dar explicaciones a su familia política –de claro arraigo franquista-  sobre por qué el Barça le retira la medalla de oro que le fue concedida  a Franco en 1974. Sencillamente porque no se la retirará (…) La pirueta esbozada ayer por sus asesores le vendrá de perlas a Laporta para pasar por alto un tema que le incomoda. Aunque ello suponga no atender la demanda de los más de 3.000 socios barcelonistas que con sus firmas impulsaron esta iniciativa popular”. Debió pensar el presidente que se trataba de una exigua minoría a la que había que imponer la voluntad democrática de su mayoría, que, por supuesto, era la buena. Añadía Carbonell: “Curiosamente, los notables azulgrana no aceptaron algo tan democrático como atender a las preguntas de los medios de comunicación”. Eran los nuevos aires renovadores de una junta abierta y transparente.

¿Rigor democrático?
El recordado maestro de periodismo José María Sirvent, también en el Mundo del Siglo XXI del 21 de octubre de 2003, resumía la decisión de Laporta: “Por decreto real. (…) El teórico adalid de la transparencia despachó ayer la petición de más de 3.000 socios con un simple comunicado, todo un prodigio de rigor democrático (…) Es una falacia decir que el Barça no es responsable de actos hechos por imposición en una situación no democrática. Si te obligan a entregar algo, de más razones dispones para quitarlo (…) La medalla en cuestión nadie sabe dónde está. Quizá podría aportar alguna pista Alejandro Echevarría, que fue miembro de la Fundación Francisco Franco y ahora es asesor del club en asuntos varios (…) Por cierto ¿Laporta convocará al consejo si decide quitar el nombre de Josep Lluís Núñez al museo?”.

Las ridículas explicaciones oficiales
Finalmente, tras el pase adelantado de los amigos “notables”, la junta directiva del club decidió no retirar la medalla en cuestión. Eso hay que agradecérselo a luchadores por la libertad como Pep Munné, Espadaler o la viuda de Carabén, firmantes del comunicado. El portavoz, Xavier Cambra, se limitó a explicar que “el club asume la teoría del consejo asesor”, posiblemente influido por ese “en cuatro días ya nadie se acordará de esto”, como en efecto ocurrió. Cambra explicó: “Fue algo impuesto. No hubo más remedio. Es un tema semántico, pero importante”. Respecto a la evidencia de la foto, se limitó a responder que “se obró bajo una situación no democrática”. Y se quedó tan ancho. Es más, incluso llegó a decir que “la junta actual habría retirado cualquier condecoración a Franco si se le hubiera otorgado de forma voluntaria”. ¡Qué más daría si Montal se la entregó encantado de la vida o bajo coacción! ¿Hay que mantener el nombre de Avenida del Generalísimo en la Diagonal porque su anterior denominación fue impuesta en una situación no democrática? Es difícil encontrar una argumentación más pobre y absurda para justificar un despropósito de este calibre. En un momento en el que la sociedad se regeneraba, el Barça seguía anclado a 1974 utilizando recursos irracionales. Como apostillaba Sirvent, si la medalla fue impuesta por obligación, razón de más para exigir su devolución. Quedaba claro que se trataba de no herir la sensibilidad de alguien próximo al presidente. Es decir, que lo de “Primer el Barça” quedaba en este caso para mejor ocasión.

El poder cambia a las personas
Y entre tanto, los medios de comunicación iban informando acerca de asuntos similares con una resolución bien diferente. Una muestra, en El Periódico del 19 de enero de 2007: “El PSOE pide retirar una medalla a Franco (…) Los socialistas salmantinos han presentado una moción para que el ayuntamiento retire los honores y distinciones concedidos al dictador, entre ellos la Medalla de Oro de la ciudad y el título de alcalde de honor perpetuo”. Algo tan sencillo como eso, en el Barça de Laporta, tolerante, transversal y sobre todo catalanista, era inviable porque, según el presidente,  “no podemos estar permanentemente revisando el pasado". Se confirma: el poder cambia a las personas. Y mientras el caso se archivaba en la sala oscura de las dependencias presidenciales del club, los medios de comunicación siguieron informando periódicamente con noticias como “Mallorca retira una medalla a Franco con el no del PP” y similares: estatuas, calles, símbolos. El supuesto Barça más catalanista de la historia no estaba por la labor.




Deja tu Comentario