2015-03-03 18:03 FC Barcelona Por: Administrador

Laporta se hace el simpático entre los suyos



Joan Laporta es un tipo inteligente. Además, sus años en el mundo de la política le han permitido adquirir nuevos conocimientos de marketing para arañar votos de debajo de las piedras. Su "actuación" ante el juez del caso MCM contra el FC Barcelona, en donde participó como actor secundario, le permitió dar rienda suelta a su lado más populista tratando de imponer el uso del catalán en la vista. Eso son votos, simpatías, nuevos adeptos. Joan Laporta sabía muy bien lo que hacía cuando montó el numerito en el juicio tomándose su propia declaración a cachondeo. 

Por un lado entorpecía el éxito de la defensa del FC Barcelona, que no era la suya, predisponiendo al juez en su contra. Y, por otra parte, la más importante, se ganaba la ovación de su parroquia por su valentía de cantarle la caña al juez con un par de narices, las mismas que no tienen los que ahora gobiernan el Barça.



Sorprende esta actitud beligerante de Joan Laporta exigiendo el uso del catalán en un juicio -especialmente porque es abogado y sabe de qué va todo esto-, más que nada porque era plenamente consciente de que el abogado de la otra parte, Mario Conde, no es catalán. Y sorprende porque en anteriores comparecencias ante la Justicia, con motivo de la impugnación de la asamblea de compromisarios de 2010 y por el juicio de la Acción de Responsabilidad Civil, en donde se jugaba su propio patrimonio, no se tomó a güasa el asunto y respondió sin ningún problema en castellano a pesar de que todos los presentes allí eran catalanes, que no es el caso que nos ocupa.

La actitud de Laporta ahora, como actor secundario y sin protagonismo, le ha permitido acudir ante el juez en un grado tal de relajación, ya que no se jugaba su pescuezo, que le retrata ante el electorado. A algunos les ha servido para recordar que Laporta es quien más capacitado está para defender en el futuro los derechos del Barça ante quien sea. A otros les ha venido a la memoria el episodio de los calzoncillos en el aeropuerto, de su ambigüedad con la figura del Caudillo de las Españas, de sus novias enchufadas en el club o de esas fiestas pantagruélicas en las que se ponía como un bacó a la salud de los socios del Barça, que siempre pagaron todos sus excesos. Laporta es una moneda con dos caras. La cara buena y la cara mala. Y con eso hay que contar.

 




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