2016-04-02 13:04 FC Barcelona Por: Administrador

Las exclusivas de Eduardo Inda se desmontan solas



La credibilidad de Eduardo Inda, el pintoresco personaje de las tertulias políticas en La Sexta y deportivas en El Chiringuito de Josep Pedrerol, queda en entredicho con el paso del tiempo. Se trata de un personaje friki de la Caverna mediática madridista al que se le presenta como vendedor de exclusivas que habitualmente carecen de fundamento. La última ésta, del pasado lunes, en El Chirihguito: "Los jugadores barruntan que pueda haber un cambio sorprendente, por lo que ven en los entrenamientos. Está viéndose que juegue Kovacic en el centro del campo". ¡Menudo exclusivón! Kovacic, junto a Arbeloa, ha sido el único jugador descartado por Zidane para el clásico por razones técnicas. Ni siquiera se ha desplazado a Barcelona. Quien lanza tan temerarias afirmaciones poniéndoles el lazo de "exclusiva" es uno de los abanderados de la lucha mediática sin cuartel contra el FC Barcelona. Es el mismo que inició la cruzada contra el fichaje de Neymar hinchando interesadamente sus números. Empezó diciendo que el montante final de la operación superaría los 100 millones y cada vez que habla del tema sube la cifra 25 millones más. Igual habla de 180 que de 200, según el día y su estado anímico. Su problema es que su credibilidad queda en entredicho porque cuanto más habla más se equivoca. El ejemplo de Kovacic no es más que una anécdota, pero suficientemente ilustrativa para retratar al personaje con plaza en el palco del Bernabéu como miembro de honor de la prensa útil del poder blanco. Además, Inda, que fue director de Marca en su época más tenebrosa y antibarcelonista, acompaña su feroz discurso contra el Barça con sus firmes convicciones anticatalanistas mostradas en otras tribunas de carácter político en las que también echa mano de su facilidad para ofrecer exclusivas de dudosa credibilidad. Kovacic no estará en Barcelona y verá el clásico por la tele. Basta que Eduardo Inda sorprenda a todos diciendo que va a jugar, para que no juegue. Es el valor de su palabra.

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