2016-02-02 15:02 FC Barcelona Por: Administrador

Las trampas pueden privar al Madrid de más títulos



Con la eliminación fulminante de la Copa del Rey de fútbol por alineación indebida de Denis Cheryshev, que curiosamente sí puede -a diferencia del Real Madrid ser campeón de Copa-, no se acaban las desgracias en la Casa Blanca por sus prácticas fraudulentas. Llegó la sanción de la FIFA y ahora asistimos al escándalo de los pasaportes falsos que permitió al club blanco saltarse la legalidad para alinear de forma fraudulenta a un jugador con el fin de tomar ventaja de forma antideportiva respeto al resto de rivales. El escándalo del pasaporte de Marcus Slaugther, unido al de Cheryshev y al de la FIFA, hubiera dado a Josep Pedrerol para un culebrón sin final si el tema afectara al Barça. Habría pedido la dimisión de Bartomeu -ya lo hizo- y que se depuraran responsabilidades. Pero estos tres graves errores de gestión en el Real Madrid, casi casi enlazados en el tiempo, no dan más que para informar sobre ellos con la boca pequeña. La manipulación de la información exige de estos sacrificios útiles.

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Pero lo cierto es que los errores de bulto están ahí, aunque nadie se atreva a exigir responsabilidades. El Real Madrid no funciona ni en el campo ni en los despachos y ahora se expone a ser desposeido de los titulos de Liga ACB y Copa del Rey obtenidos en la temporada 2014-15 por alineación indebida de su jugador Marcus Slaugther, que jugaba como comunitario sin serlo, después de la denuncia hecha pública por la embajada de Guinea Ecuatorial en la que consta que el número de pasaporte de Slaugther es el mismo que el de Andy Panko, del Fuenlabrada, otro que recurrió a la falsedad de documentos para poder jugar ilegalmente en la Liga ACB. La cuestión es que Slaugther jugó con el Real Madrid de forma indebida la Copa del Rey y 13 partidos de Liga, y la ACB y el FC Barcelona, como parte perjudicada, no están dispuestos a consentir que la trampa quede impune. El problema es que pueden pasar siete u ocho años, como en el caso del Obradoiro, para que la justicia haga justicia y ponga las cosas en su sitio.  

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