2013-07-18 19:07 FC Barcelona Por: Administrador

Lío de faldas en el divorcio Tito-Guardiola



Pedro Riaño

Se cruzaron por casualidad mientras iban de compras por la Quinta Avenida de Manhattan cada una por su lado. Y Montse Chaure, la mujer de Tito Vilanova, no se cortó un pelo y le soltó a la cara todo lo que pensaba de ella y de su compañero a Cristina Serra, la pareja de Pep Guardiola. Fue un momento de mucha tensión que puso las cartas sobre la mesa y distanció de manera definitiva a los dos técnicos que habían conservado su relación de íntima amistad durante los últimos 28 años.

Guardiola tenía razón cuando afirmó en rueda de prensa que si no vio a Tito más veces en Nueva York no fue por culpa suya. Le faltó añadir que la responsabilidad de su inexplicable ausencia era de la propia esposa de Tito. Pep fue a ver a su antiguo amigo cuando acudió por primera vez al Memorial Sloan Kettering de Nueva York para obtener un diagnóstico sobre sus problemas de salud y una opinión diferente respecto a su tratamiento. Regresó a Barcelona y unas semanas más tarde viajó de nuevo a Nueva York para quedarse durante dos meses sometiéndose a duras sesiones de quimio y radioterapia. En esos dos meses Pep no se dejó ver ni por el hospital ni por el domicilio de su antiguo amigo. También huyó de la foto cuando poco antes Sandro Rosell aterrizó en Manhattan con toda su corte para inaugurar una penya en Nueva York. Pep cogió a su familia y las maletas y se fue con la música a otra parte para asistir como invitado a un torneo de golf. La inauguración de una penya barcelonista en Nueva York, y más con la presencia de Sandro Rosell, le importaba bien poco.



Los días fueron pasando y Pep no aparecía. Fue cuando se produjo el encuentro casual entre las dos mujeres, cuando la de Tito le dijo a la cara lo que se respiraba en el hogar de los Vilanova. Tampoco gustó el comportamiento de Xavier Sala i Martín, ex miembro de la junta de Laporta y colaborador necesario en el agujero negro dejado en las cuentas del club. Sala i Martín, con muchos años de experiencia en Nueva York y amiguísimo de Guardiola, aunque lo dejara verde en 2003, cuando se presentó a las elecciones como secretario técnico de Lluis Bassat, se desvivió para que la vida de Pep y los suyos en Nueva York fuera lo más cómoda posible, pero no movió un dedo por Tito. A Pep no le sentó bien que Tito aceptara sucederle en el Barça sin siquiera consultárselo. Y menos le gustó aún que Rosell anunciara el nombre de su sucesor el día que estaba marcado como suyo, con protagonismo absoluto del apellido Guardiola. La noticia ya no fue el anuncio de su despedida sino la elección de su sucesor. A rey muerto, rey puesto. Y él se sintió rey muerto y destronado. Y lo que peor le supo fue enterarse en aquella rueda de prensa de la decisión de Tito. A Pep le gusta tenerlo todo controlado y su despedida del Barça se le descontroló. Lo cierto es que Pep exige a su equipo de trabajo sumisión absoluta a sus directrices y le vino de nuevo que Tito se atreviera a tomar una decisión tan importante sin consultárselo antes. Ahora no tiene inconveniente como entrenador del Bayern Múnich, el club que le paga, en explicar antiguas batallitas del Barça y de Tito Vilanova que nada tienen que ver con su trabajo de pretemporada en el equipo bávaro. Egoismo puro. Su problema es que en Múnich ni es un símbolo ni un ejemplo de nada. Sólo un entrenador que tiene la obligación de mejorar lo que hizo su antecesor y no le van a tolerar sus ataques de divismo si su equipo -ya no tiene a Messi- no vence y convence sobre el terreno de juego. Pero Pep ha decidido convertirse en parte fundamental de ese entorno del Barça que tanto criticó. Ese entorno que enturbia el ambiente, desvia atenciones y desestabiliza al equipo. De eso Guardiola sabe mucho. Y esto no ha hecho más que empezar. 2016 está a la vuelta de la esquina. Por eso Tito tiene trabajo extra: blindar a su equipo de los ataques interesados y malintencionados que llegan del exterior y que forman parte de una estrategia definida que tiene como meta 2016. Con Guardiola y los suyos, que son muchos, en el lugar que ahora ocupan Rosell y sus amigos.

 


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