2014-12-06 09:12 FC Barcelona Por: Administrador

Lo que comunica Bartomeu es triste y gris



Pedro Riaño 

Joan Laporta empezó a mirar con recelo a su vicepresidente Sandro Rosell cuando las encuestas informaban de que la popularidad de "Sandrusco" era superior a la suya entre los barcelonistas. Y es que mientras Laporta se quedaba en calzoncillos en el aeropuerto y tiraba de champán francés en sus públicas fiestas privadas, "Sandrusco" rentabilizaba su mejor seña de identidad: "Yo sé de esto, yo fiché a Ronaldinho".



Ronaldinho le dio mucho juego a Sandro Rosell. Incluso le permitió ser el presidente más votado de la historia del club porque su imagen iba ligada a la del simpático y excepcional futbolista brasileño. Intentó repetir la experiencia con Neymar, pero le salió mal. Tan mal, que tuvo que irse por piernas, sin contar la verdad a los socios, a los que les debe una explicación, y dejando en herencia a una junta dividida y huérfana de líderes carismáticos. 

Bartomeu se quedó con el marrón y, teniendo todos los medios a su disposición, en el terreno de juego y fuera de él, no ha sabido dar el tono como presidente del Barça ni sintonizar con el barcelonismo. Joan Laporta dejó la imagen de un tipo nada fiable y peligroso, pero con "collons" para defender al Barça y poner firmes a cualquier Florentino que se le pusiera delante. Sandro Rosell será recordado como un presidente "blandengue" que se vio superado por un cargo que le venía grande. Y Josep Maria Bartomeu pasará a la historia como un tipo gris y desconocido que no dejará huella.

El problema de Bartomeu es que no ha sabido venderse, le ha faltado maquillaje y no ha logrado generar a su alrededor una imagen de presidente respetable. Le ha fallado la comunicación. Como a Rosell. Cuatro directores de comunicación han desfilado por la zona noble del Camp Nou en los cuatro años de rosellismo con y sin Rosell.  Los cuatro han fracasado. Y todo hace indicar que el problema no ha sido del mensajero trasladando el mensaje sino del propio mensaje en sí, que ha resultado mediocre y sin fundamento. 



Bartomeu no ha sabido ganarse a sus suyos. No existe complicidad entre los medios barceloneses y el presidente. El Barça vende, y los medios son barcelonistas, pero no son adictos a Bartomeu como los de Madrid a Florentino Pérez. El club vive inmerso en un preocupante secretismo que aleja a los aficionados del club y de un Camp Nou que sólo se llena dos veces al año.  Messi bate dos récords históricos, en Madrid hablan de parar los partidos y aquí liquidamos el tema con un vídeo. ¡Y menudo vídeo! Y el problema no es que en el vídeo aparecieran Bartomeu y Zubizarreta y que fueran silbados. El problema es que el presidente del club y su ejecutivo deportivo más importante deban esconderse de los suyos para evitar el abucheo. Y eso no se consigue de la noche a la mañana. Se lo han ganado a pulso. 

Tienen secuestrado al club. Los jugadores no están próximos a su gente. Y sólo hablan cuando vuelan con sus selecciones, porque aquí se sigue la política de puertas cerradas, y con cuatro candados. En lugar de explicarse recurren al secretismo. Que no se escape nada. Y eso la gente lo relaciona con la mediocridad. Si hay tanto que esconder es que no merecen la pena. 

Tampoco han sabido ganarse a los medios de Madrid, cuyo altavoz llega a toda España. Por tierra, mar y aire, radio, prensa y televisión madrileños llevan años sometiendo al FC Barcelona a una vergonzosa campaña de desprestigio en la que se ha apoyado Florentino Pérez para levantar un Real Madrid regenerado y prometedor. Y no es que Florentino sea más simpático, porque al que se sale de la línea marcada en su catecismo le atiza sin piedad. Pero se ha hecho respetar. Y le respetan. Le respetan tanto como en Barcelona se ningunea a Bartomeu y los suyos. Lo que queda es que Florentino gobierna con mano firme mientras Bartomeu navega en un barco que hace aguas por todas partes con mil frentes abiertos.

Es envidiable el tratamiento mediático que el departamento de comunicación del Real Madrid ha sabido darle a la candidatura de Cristiano Ronaldo al Balón de Oro. Pura estrategia propagandística en la que intervienen todos. Y hasta saben darle la vuelta a dos actuaciones desafortunadas de Blatter y Platini para revertirlas a su favor y dejar ante el mundo a Cristiano Ronaldo como la gran víctima del poder establecido. Y se entiende que Leo Messi eche de menos esa facilidad que tienen en Madrid para arropar a los suyos. No es un problema de dinero, sino de hacerse respetar. Y eso se gana, no se impone.

En el ambiente queda el regusto de que los despachos madrileños vuelven a estar dominados por Florentino. De demostrarlo se encargan los árbitros jornada tras jornada. Da la sensación de que equivocarse contra el Real Madrid puede generar gravísimas consecuencias. En cambio, parece que exista barra libre para perjudicar al Barça. Incluso que eso sea objeto de felicitación. Mientras en Madrid hablan de querellas cuando TV3 explica algo tan evidente como que Franco era del Madrid, el Barça calla cuando se le insulta y menosprecia noche tras noche  desde los medios que controla Florentino. Y todo eso llega al aficionado. Florentino pone a raya a los revoltosos mientras que con el Barça todos se atreven.

Ahora han degradado al director de comunicación y tratarán de vender otra imagen, pero ya es tarde. Bartomeu y los suyos se han ganado a pulso la imagen de directiva triste y gris. Y aunque la mona se vista de seda, seguirá siendo mona. El envoltorio puede cambiar, pero lo que hay dentro no gusta. Falla el liderazgo y no existe carisma. No saben más y no son capaces de transmitir. Dos años más al frente del club convertirán su gestión en una travesía en el desierto con fecha de caducidad y sin posibilidad alguna de ofrecer sorpresas positivas. No gustan. Tampoco se gustan ellos, que andan peleados con guerras de sucesión intestinas. Serán dos años más de gestión triste. Dos años más robados al barcelonismo, que espera de Bartomeu una señal de grandeza abriendo la puerta, marchando y dejando paso a otros que traigan al club la alegría que él no ha sabido proporcionar. 

En lo deportivo venimos de un año en blanco. En lo económico hay muchas dudas. Y en lo social e institucional, detalles como el reciente fracaso en la defensa de Leo Messi por el botellazo de Valencia confirman que esta directiva no da la talla. Demasiados frentes abiertos. Demasiados litigios con la Fiscalía, la FIFA, Hacienda y sus propios antecesores les obligan a estar más pendientes de defenderse que de atacar. Y lo que la afición quiere es un presidente y una directiva que juegue al ataque, como el equipo. Que juegue al ataque y frene al Real Madrid.

 


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