2012-01-15 10:01 FC Barcelona Por: Administrador

Los árbitros le ganan la Liga al Real Madrid



Pero no, el árbitro se equivocó a favor de quien se tenía equivocar. Y no ha pasado nada. No hay alarma social por la actuación de Pérez Montero, que puede estar tranquilo, nadie le va a llamar al orden por sus errores y sabe que la línea a seguir en el futuro es la que tan bien ha desarrollado en Son Moix. Nadie habla del árbitro, sólo se habla de "ligas imperiales", "remontadas" y "campeonatos de invierno". Nadie habla de una clasificación manchada de "vergüenza" y de una liga adulterada con actuaciones repetitivas de errores que se reparten en la misma dirección y que benefician siempre al mismo.

A Mourinho no le da vergüenza ganar así. Al contrario, le produce mayor satisfacción. Era su sueño, poblar la liga española de Ovrevos que le echen una manita cuando sus jugadores se pierden en sus confusos mandatos tácticos. Ya lo tiene: los árbitros a sus pies. Por eso Caparrós dijo al término del partido que tenía "una sensación de rabia e impotencia", porque su equipo había merecido otro resultado que no fuera la derrota, pero el árbitro se encargó de evitar la catástrofe madridista saliendo en su auxilio.



En la jugada motivo de la polémica, el jugador del Mallorca no puede estar en posición de fuera de juego porque arranca desde su propio campo y el último hombre del Real Madrid estaba además detrás suyo. Según establece el Reglamento, la norma del fuera de juego solo puede aplicarse si el destinatario del pase está en campo del rival, nunca si en el momento de efectuarse el pase el receptor se encuentra en su propio campo. El partido pudo haberse puesto en un 2-0 a favor del Mallorca que probablemente hubiese pesado como una losa y hubiese impedido al Real Madrid protagonizar la remontada. Y, como mucho, los tres puntos cosechados, se habrían quedado en uno.

Decía Caparrós: "Pude ver alguna jugada , como la de Víctor (Casadesús), que es tremenda. La hemos visto repetida y Pepe rompe el fuera de juego. Me parece increíble que no me preguntéis por ella. No me quiero ni imaginar si hubiese sido al revés". Mejor que no se lo imagine. Lo que le sucedió ayer a Caparrós le ocurrió al Barça en Cornellà. Al margen del penalty en el último minuto, el árbitro se encargó de abortar dos contragolpes de Messi que le dejaban solo ante el portero españolista por entender que había un fuera de juego inexistente a todas luces. Parece una táctica meditada porque no se trata ni de gol anulado, ni de penalty ni de expulsión. Es simplemente una aportación puntual a la causa madridista. Como lo fue el penalty no señalado contra el Espanyol en el último minuto, como lo fue el gol anulado al Barça en Getafe, como lo fue el penalty señalado a favor del Madrid ante el Getafe producto de una falta que se produce un metro fuera del área, como lo fueron los penaltis no señalado a Leo Messi en Valencia, San Sebastián y Sevilla en el Camp Nou. Demasiadas casualidades como para no pensar que, por lo que sea, este año toca alirón blanco. Un cuarto año de hegemonía blaugrana sería ya demasiado para la capacidad de aguante del madridismo y seguramente también para el corazón de Florentino Pérez.

Si existiera justicia en el fútbol español y el Barça hubiera recibido un trato similar al que recibe de los árbitros el Real Madrid, el equipo blaugrana lideraría la tabla clasificatoria. Pero la realidad del fútbol español es la que es y contra eso tendrá que luchar también el Barcelona, al que habrá que reconocerle un mérito enorme si vuelve a revalidar el título de campeón. Tiene que superar a un gran equipo, el Real Madrid, y al elemento  más decisivo del campeonato, el colectivo arbitral.



 


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