2016-11-28 20:11 El Soplo Por: Administrador

Luis Enrique medita seguir los pasos de su amigo Guardiola y dejarlo



Pedro Riaño Luis Enrique y Pep Guardiola son íntimos amigos. Coincidieron durante cinco años como jugadores del FC Barcelona y en ese tiempo se estableció entre ellos una química especial que ha perdurado con el paso del tiempo. Fue el propio Pep Guardiola quien recomendó su nombre al club para tomar el mando del Barça B cuando él dio el salto al primer equipo. Pasaron los años, sus vidas se distanciaron, pero la amistad sigue vigente y el contacto frecuente. Cuando Pep Guardiola se fue del Barça le confesó a su amigo Luis Enrique sus motivos. Uno de ellos, posiblemente el más importante, fue su deseo de anticiparse a los acontecimientos y decir adiós antes de que la convivencia en el vestuario se hiciera irrespirable. Pep era consciente de que aquel grupo triunfador se agrietaba, de que los egos de las estrellas le complicarían la existencia y de que podía producirse un borrón en el final de una trayectoria inmaculada al frente del equipo. Y Guardiola no quiso vivir el deterioro y derrumbe de su liderazgo en el vestuario, algo que veía venir y que le exigía hacer una operación limpieza en su plantilla que Sandro Rosell no estaba dispuesto a ejecutar.

Por qué se iría Luis Enrique del FC Barcelona

Luis Enrique no ha olvidado la explicación de su amigo Pep y empieza a notar ahora que la historia puede repetirse con él. Luis Enrique es feliz en el Barça, para él trabajar en el Camp Nou es como "vivir en Disneylandia", tal y como ha reconocido en más de una ocasión, pero  recuerda la experiencia de Pep y empieza a notar que a él le puede pasar lo mismo. Por eso da largas a su renovación y por eso espera a final de temporada para confirmar que sus jugadores le siguen viendo como a su líder y que mantiene intacto el respeto del grupo. Pero situaciones como la de Anoeta no ayudan. Luis Enrique se sintió traicionado por sus jugadores. No porque no fueran capaces de marcar un gol más que el contrario, sino porque ni siquiera lo intentaron y ofrecieron una imagen de indolencia que él no admite en sus futbolistas. Y no quiere ser un estorbo ni el causante de una época de fracasos. Seguirá si sus jugadores se lo piden con triunfos, esfuerzo y sacrificio. Eso llevará a los resultados. Si lo que recibe de ellos son partidos sin compromiso, sin actitud y sin intensidad, se echará a un lado antes de que, como decía Guardiola, "nos podamos hacer daño". Luis Enrique está viviendo un momento decisivo en su historia como entrenador del FC Barcelona a la espera de que lo de Anoeta, como sucedió hace dos años, no sea más que un punto de inflexión y de partida para el nacimiento de un Barça arrollador. Si, por el contrario, el tropiezo de San Sebastián no es más que el inicio de una época oscura en el Barcelona con más Anoetas en el camino, no lo dudará. A final de temporada anunciará su marcha. Luis Enrique ha dejado su futuro en manos de sus jugadores, y ellos lo saben. Serán ellos los que decidan.

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