2012-11-08 23:11 Real Madrid Por: Administrador

Messi vuelve a liarla en el vestuario del Barça



Los trapos sucios, dicen, suelen salir a la palestra con más fuerza cuando las cosas van mal. Se podría decir que ayer el Barça perdió su primer partido de la temporada, si no contamos la derrota en el Bernabéu contra el Real Madrid en la Supercopa de España del mes de agosto. Habrá que ver qué se inventa la caverna mediática para tapar y hacer olvidar otra vez un asunto que ya se aireó con fuerza hace algunas semanas contra el Granada en el Camp Nou y que, en cuanto Messi y Villa han coindidido sobre el césped en otro momento de tensión, ha vuelto a hacer "sangrar" al vestuario culé.

Un gesto que coloca al argentino de nuevo en el centro de todas las miradas, pues es el responsable directo del mal rollo que está generando todo el asunto en Can Barça. La jugada de la discordia en Celtic Park, todavía con 1-0 en el marcador, llegó a falta de diez minutos para el final, según cuenta el diario AS. Villa decidió jugarse un balón tras una jugada combinativa y disparar con rapidez a portería en lugar de cederle el balón a Messi. El asturiano, que sabía lo que iba a pasar, evitó cruzar mirada con el albiceleste después de fallar. Sin embargo, Leo clavó su mirada en él y al final acabaron abroncándose. Es evidente que no se llevan nada bien, hasta el punto de que se buscan.



A Messi ya se le pudo ver nervioso, errático y desquiciado contra el Celta hace algunos días. Sus ansias por dedicarle un tanto a su hijo recién nacido, algo que sí pudo hacer finalmente ayer contra los escoceses anunque sirviera para poco, hizo que los aficionados culés vieran su versión más arrogante e individualista. Ahora descubre su desprecio por Villa, que desde hace meses tiene los días contados en el club azulgrana. Y si los tiene, es precisamente porque Messi no le traga.

Un Messi que pidió hace bien poco la cabeza del 'Guaje' en una bandeja, tal y como cuenta en exclusiva Siro López en 'Punto Pelota'. Cada vez cuesta más ocultar por parte de la caverna el carácter díscolo del argentino, cacique absoluto del vestuario culé que hace y deshace a su voluntad, eligiendo fichajes, abroncando a compañeros y despreciando canteranos. Sin embargo, allí saben muy bien que de él dependen en buena parte sus éxitos. Tienen, en casa, algo tremendamente parecido a lo que critican constantemente del Real Madrid con Cristiano Ronaldo. Y no pueden reconocerlo.

Todo el mundo, analistas culés incluidos, coincide en señalar que este Barça no está bien, que no juega igual que el de Pep Guardiola. Desde el principio de la temporada se ha salvado de la quema muchas veces en el último suspiro, jugando siempre en el alambre, evitando pinchazos por los pelos. Ayer, al fin, cayó. Recuerda, salvando las lógicas distancias, a aquel Real Madrid de Carlos Queiroz que terminó hundiéndose después de aguantar casi toda la temporada arriba en todos los frentes. Y lo peor para el barcelonismo es que, si ya se adivinan problemas con el marcador a favor, no se puede predecir qué pasará con los electrónicos en contra. Ayer tuvieron el primero.



 

 
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