2012-02-28 09:02 FC Barcelona Por: Administrador

Messi y Pepe son iguales ante la ley de Villar



De las cinco tarjetas que ha visto Leo Messi en las 25 jornadas que llevamos de campeonato, ni una sola ha sido por juego peligroso: tres por entender el árbitro que el balón le había dado en la mano, una por protestar y otra por entender el árbitro -equivocadamente- que había simulado una falta. Es el bagaje de Leo Messi, a quien los árbitros tratan igual que a Pepe, un tipo que además de ir tocando el balón con la mano en su área sin que el árbitro se entere, goza de total impunidad para repartir estopa sin que quienes tienen la obligación de imponer la disciplina en los terrenos de juego hagan nada por evitarlo.

Lo vimos en Vallecas, pero no es novedad. Pepe no sabe jugar de otra manera. En todos sus partidos Pepe destacada por su facilidad para pisar tobillos, pisar manos, dar codazos, patadas, empujones, protestar a los árbitros, amenazar a los rivales y montar tanganas. Se trata del mismo personaje que protagonizó algo parecido a un intento de asesinato a Casquero en una acción que dio la vuelta al mundo y que le dejó retratado. Casquero sigue vivo, pero porque la fortuna así lo ha querido, porque lo que fue evidente es que el jugador del Real Madrid quiso hacer daño, mucho daño, a su rival. Y ese tipo ha visto en 25 jornadas el mismo número de tarjetas que Leo Messi. ¡El mundo al revés!



Cinco tarjetas ha visto Messi. Ninguna de ellas por poner en peligro la integridad de los rivales. Pero para los árbitros españoles es gravísimo que un balón vaya a dar a una mano, es gravísimo que un jugador le reclame una falta y es gravísimo entender que un futbolista simule una falta. En cambio, no tienen inconveniente en mirar hacia otro lado cuando un futbolista, como es el caso de Pepe, va por ahí repartiendo mamporros indiscriminadamente a diestro y siniestro. El ejemplo del pisotón en la mano de Messi es bien elocuente. Lo vio todo el mundo menos el árbitro, pero nadie actuó, quizá para no molestar a Mourinho, el mismo que va llamando "sinvergüenzas" a los árbitros. O a Casillas, que los envía a fumarse unos puros con los jugadores del Barcelona. Ellos no merecen castigo alguno. En cambio sobre Messi tiene que caer el peso de la ley si, harto de recibir patadas, invita al árbitro a intervenir. El tema es tan surrealista que el pasado año Leo fue castigado con una tarjeta amarilla y 2.000 euros de multa por levantarse la camiseta tras un gol y enseñar una frase en la que felicitaba el cumpleaños a su madre. En cambio, Mourinho fue castigado a pagar 600 euros por meterle el dedo en el ojo a Tito Vilanova. Debe ser que la agresión a un representante del FC Barcelona se cotiza barato.

La cuestión es que Leo Messi ha acumulado por primera vez en su vida 5 tarjetas amarillas. Nunca hasta ahora había cumplido un ciclo de tarjetas. El máximo número de tarjetas que había llegado a ver en una temporada era de cuatro. Así funciona este negocio en España: se castiga al virtuoso y se premia al zafio y violento. No es extraño que Pepe no cambie su actitud salvaje y se proponga poner en práctica un propósito de enmienda. ¿Para qué? Si repartiendo garrotazos no le expulsan ni apenas le enseñan tarjetas... Así contribuyen los árbitros de España a fomentar el fair play y el juego limpio en el fútbol español.

 






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