2013-03-06 00:03 Real Madrid Por: Administrador

El Madrid pone la directa hacia la Décima (1-2)



Al igual que en la ida en el Bernabéu, al Real Madrid le costó un mundo moldear el encuentro. Podríamos llegar a decir que esta eliminatoria ha sido como un auténtico parto. El United, disciplinado, seguro y sólido, ha demostrado ser un rival mucho más difícil de ajusticiar que en anteriores citas, pese a que quizá algunos nombres en su equipo no tengan tanto peso como antaño. Conducido por el imperturbable Ferguson, se mostró como un equipo mejor de lo que parecía en un principio.

También en el segundo acto de la eliminatoria. Old Trafford sigue siendo ahora mismo tierra grata para los madridistas, pero durante muchos minutos fue más bien un campo de arenas movedizas. De eso puede dar fe Diego López. Los esféricos lanzados desde las esquinas le rondarán la cabeza durante algunos días por el dolor de testa que fueron para el Madrid. El balón parado, los asedios aéreos fueron, una vez más, el caballo de Troya en contra de una zaga que ha encontrado en Varane su nuevo e ilusionante valor. Eso sí: Los balones, si llegan por abajo, mejor.



La primera parte comenzó con una sonora ovación a Cristiano Ronaldo por parte del respetable antes de echar a rodar el balón, y después mucho respeto por parte de ambos equipos. Cuando ese respeto se convirtió en análisis del rival, el Manchester comprendió que todo lo que fuera sacar las catapultas y resguardar la retaguardia era beneficioso.

Y logró llevar el partido a su terreno. Plantado en dos líneas muy juntas de hombres, nunca permitió un contraataque y minimizó la posesión del Madrid a meros rondos sin fundamento. Cristiano estaba perdido. De nuevo, Welbeck se erigió en el "chico para todo" en lo que a generar espacios y crear peligro se refería. Después de 180 minutos,  el Madrid nunca terminó de saber defenderle.

Bajo esas circunstancias, cada córner era un suplicio y un motivo de infarto. Vidic estrelló un cabezazo en el poste y Van Persie no acertó a enganchar una volea a escasos centímetros de Diego López. Por contra, apenas había noticias del ataque del Madrid. Sólo algunos disparos lejanos de Cristiano y un gol anulado a Higuaín por fuera de juego, aderezado todo ello por una mala noticia antes del descanso: Di María se había roto.



Kaká entró buscando reencontrarse consigo mismo en Old Trafford seis años después y se encontró con un enjambre de obstáculos, que se recrudecieron en el segundo tiempo. En el 48', el enésimo proyectil que voló por el área del Madrid fue objeto de sucesivos despejes en semifallo hasta que Ramos se marcó gol en su portería. El madridismo lo veía entonces bastante negro, pero precisamente fue el gol del United el que desató la tormenta.

Era obvio, por otro lado. Ante el 1-0 había que arriesgar. Lo desconcertante es que el Manchester arriesgó colgándose del larguero. Entregó la posesión de forma descarada y le dio a Mourinho la oportunidad de sacar a Modric, que se vio en el mejor escenario posible para él: Ante una muralla y con todo el tiempo del mundo para maquinar. Y en estas, Cahir acertó a ver un tremendo plantillazo de Nani a Arbeloa que le costó la expulsión. El portugués llegó mal y tarde.

Con un hombre menos, el campo se inclinó a favor del Madrid. La táctica del United parecía suicida, y su ventaja duró sólo diez minutos tras la expulsión. Modric encontró espacio para disparar delante de la fila de hombres rojiblancos y colocó un soberbio derechazo con rosca en el poste izquierdo de De Gea.

Ha costado, pero al fin se ha visto la mejor versión del croata. Fue, sin duda, el motor y el faro del equipo en el segundo periodo, justo unos metros por delante de Xabi. Tocó, combinó, se asoció y fue siempre una luz descubierta en medio de un mar de faros tenues para sus compañeros. De él partió una gran jugada colectiva que encontró la magia de Özil, emulando a Redondo, para asistir a Higuaín dentro del área con un taconazo y regalar el argentino el 1-2 a Cristiano en el 69'. En dos minutos, el Madrid había dado la vuelta al partido, la eliminatoria y el estado de ánimo general de todo el estadio.

El United eligió morir matando, fiel a su tradición, y quemó sus naves obligando a Diego López a sacar remates aéreos bajo palos. La figura del guardameta se hizo grande en los instantes finales, al tiempo que Cristiano, que no celebró el gol que "mató" a su ex equipo, pudo aumentar su cuenta en las contras blancas, ahora sí muy ventajosas por los espacios generados. También pudo marcar Kaká. Al final, todo quedó como estaba. El Madrid debe quedarse con los segundos 45 minutos, pero también con el pensamiento de que no siempre un gol en contra se puede remontar de esta forma en la Champions. Sin embargo, sobrevivir, es un comienzo. Y crea tablas para seguir caminando hacia la Décima. 


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