2012-08-31 09:08 FC Barcelona Por: Administrador

Mourinho-Casillas: ¡Es la guerra!



"El Barça ha sido muy profesional al quedarse a la entrega de la Copa", dijo Iker Casillas al término del partido de ayer  rompiendo las normas del catecismo impuesto por Mourinho en el vestuario: "Al Barcelona, ni agua". Casillas, doble campeón de la Eurocopa y campeón del mundo, se sabe "intocable" en un club en donde es un mito y se atreve con Mourinho, algo que jamás le había sucedido al técnico portugués a lo largo de su carrera como entrenador. Claro que nunca antes se las tuvo que ver con un símbolo del nivel de Casillas.

El portero blanco no se cortó. Alabó al Barça por su comportamiento, que es lo mismo que renegar de la actitud antideportiva y vergonzosa a la que condujo Mourinho a sus jugadores hace ahora un año retirándolos del césped del Camp Nou para no ver cómo el Barcelona recibía el trofeo. Casillas no está para estas tonterías, aunque es consciente de que alguno de sus compañeros prefiere recurrir a gestos como el de "robar y robar" en lugar de asumir con deportividad la derrota. Y Casillas está en el otro bando. En el bando contrario al de Mourinho, al que sólo le respaldan de forma ciega sus propios paisanos. Quizá por eso ha llenado el Madrid de portugueses, para sentirse respaldado incondicionalmente. Pero Casillas es de otra pasta, la que le ha llevado a ser nominado para el premio Príncipe de Asturias, y está más cerca de su amigo Xavi que de su jefe, al que ayer le dio donde más le duele, recriminándole públicamente por arrastrar a la plantilla madridsta por un camino que nada tiene que ver con el señorío.



Por su parte, Mourinho se comportó como se espera de él. Se marchó del campo al término del partido y no quiso celebrar el triunfo mezclándose con sus jugadores, tal y como ya hizo al ganar la Champions con el Inter, cuando prefirió ahorrarse los festejos del equipo en Milán. Mourinho se borró de la foto en el campo y se borró de la sala de prensa, desprestigiando una competición de la que ya había dicho que le importaba bien poco.  Esta dolido con Casillas y con Ramos, los mismos que unas horas antes le habían acusado de proteger a los portugueses de la plantilla y de crucificar públicamente a los españoles.

El asunto tiene mal arreglo, aunque de puertas para afuera se intente taparlo. El divorcio entre Mourinho y los jefes del vestuario es un hecho por mucho que la claca mediática afín a Mourinho trate de ignorarlo. Y ahí, sólo ahí, está la explicación de los cinco puntos perdidos en las dos primeras jornadas de Liga. O Mourinho cambia y se comporta como una persona ofreciendo una imagen que hasta ahora no ha sabido dar y cede una porción de su poder absoluto al criterio de los jefes españoles del vestuario, o esta temporada, aún con esa Supercopa que no le interesa, puede acabar en drama.

Detrás de las palabras de Casillas se esconde una intención muy clara. Tan clara como el mensaje que Mourinho ha lanzado a la plantilla borrándose de las celebraciones. Aunque en la capital no lo quieran ver, el vestuario del Real Madrid es un auténtico polvorín.



 






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