2012-11-24 13:11 FC Barcelona Por: Administrador

Mourinho no sería nadie sin la ayuda de la UEFA



Jose Mourinho no tiene motivos para quejarse de la UEFA como lo hace en esa obsesión que le persigue y que le convierte en el protagonista y víctima de una confabulación contra él. Su primera Champions League estuvo teñida de vergüenza, cuando necesitó tirar del árbitro amigo Collina para sacar adelante la semifinal contra el Deportivo. Markus Merk le echó un cable expulsando en Riazor a Andrade por una patada infantil que el portugués le dio a su íntimo amigo y rival Deco, que estaba en el suelo. Andrade sufrió peor castigo que Pepe cuando pisó la mano de Messi de forma alevosa y malintencionada. Y así, con diez, en superioridad numérica, Mourinho pudo llevar a su equipo hasta la final para ganarla. Y llegó a la final con todos sus efectivos, porque a pesar de tener en el segundo partido de la semifinal a siete jugadores amenazados de suspensión, ni uno sólo vio la cartulina que le hubiera dejado fuera de la final. Un arbitraje perfecto a su medida del que Javier Irureta todavía se acuerda. Pero antes, en e partido de Oporto, su amigo Collina se encargó de desactivar a la estrella del Deportivo, Mauro Silva, enseñándole una tarjeta por protestar que le apartaria del partido de vuelta, que ganó Mourinho ¿cómo? De penalti, naturalmente.

Después de presumir de una Champions League de dudosa reputación, Mourinho se enciende cuando le recuerdan a Ovrebo, un árbitro que no le pitó a él. Pero él se lo toma como cosa propia. Lo que no recuerda es cómo eliminó él al Barcelona de Rijkaard de la Champions, con un gol de Terry en el último minuto en el que se produce una falta escandalosa del defensa inglés sobre el portero blaugrana. De eso no se acuerda, pero sólo así era capaz de ganar al Barcelona cuando estaba en el Chelsea. Y callaba. Sólo gritaba cuando perdía. Cuando ganaba, siempre calladito. Seguramente le envió una placa a Collina. Es lo menos que podía hacer por alguien que se portó tan bien con él. Y también podría haberle enviado otra placa a la UEFA por el trabajo bien hecho.



Pero si su primera Champions está teñida de fraude, la segunda ya es directamente un fraude. El Inter de Mourinho alcanzó los cuartos de final después de eliminar al Chelsea en una ronda sencillamente vergonzosa por el desigual reparto arbitral de la justicia. El Inter cometió en esa eliminatoria cuatro penaltis que los árbitros no quisieron ver. Así llegó Mourinho a la semifinal ante el Barcelona, y ahí necesitó del atropello más escandaloso de la historia de la Champions League perpretado por su amigo y paisano Olegario Benquerença. En Milán no vio un fuera de juego de un metro en un gol de Milito. Tampoco vio un penalti  sobre Alves en el área italiana, ni una flagrante falta sobre Messi que dio origen a uno de los goles interistas. Luego, en el partido del Camp Nou, un gol de Bojan en el último minuto, que clasificaba al Barça, fue anulado sencillamente porque a Mourinho no le interesaba que subiera al marcador. Sólo así, con fraude y trampas pudo darse el gustazo de mojarse con los aspersores después de ir a provocar al graderío del Camp Nou, su auténtica especialidad.

Así se escribe la historia de este tipo que presume de ser "The Special One" y no es más que un aprovechado del trato de favor que históricamente le han proporcionado los árbitros. Sin ellos, no habría empatado contra nadie. Y éste es el que se queja.




 

 

 
//

Deja tu Comentario