2011-05-15 16:05 FC Barcelona Por: Administrador

Mourinho sólo habla para Catalunya



Los deprecios empezaron el martes por la noche, después del encuentro entre el Real Madrid y el Getafe, cuando escuchamos a Gonzalo Higuaín afirmar que el miércoles iban a "hacer el paripé". Es decir, el argentino afirmó que lo de la celebración del título de Copa del Rey delante de su afición iba a ser una farsa.

Estas faltas de respeto siguieron en el resto de jugadores del Madrid, que en ningún momento mostraron ninguna ilusión por celebrar el título de Copa del Rey ante su afición.



La sorpresa llegó cuando al día siguiente esta falta de respeto general se hizo patente en la celebración. Marcelo fue de los pocos que estaba un poco animado, el resto de jugadores no supo ni siquiera hacer "el paripé" del que hablaba Higuaín.

Vimos a un Cristiano Ronaldo escondiéndose detrás de una bandera mientras hablaba sin decir nada que tuviera un poco de sentimiento absolutamente. La cara de Sergio Ramos también lo decía todo, sobre todo con las "graciosísimas" y continuadas (hasta hacerse insoportables) bromas de Alberto Ruiz Gallardón.

Pero el colmo vino con la actitud más que lamentable y patética de José Mourinho. El luso le intentaba pasar el micro a Karanka, con una sonrisa más falsa que la de Jorge Valano cuando habla para los medios como si pintara algo en el Madrid. Finalmente el luso se dedicó a decir lo mismo que CR7, es decir, nada que tuviera algo de sentimiento. Lo que más sorprende en este caso es que José Mourinho si hablaba cuando estaba en el FC Barcelona y ganaba algún título y se celebraba en la Plaza de Sant Jaume. Ahí sí que cogía el micro para hablar y para dejarnos algunas frases para la historia como la de "hoy, mañana y siempre con el Barça en el corazón".



Ay Mourinho, como ha cambiado ese corazón... Y mientras tanto, los aficionados del Real Madrid aguantando el bochorno, que hasta a un aficionado del Barça le daría vergüenza ajena de ver el esperpéntico espectáculo de los madridistas.

Y que diferente de la celebración de los de Pep Guardiola. Una fiesta distendida, con los jugadores contentos, riendo de felicidad, la mayoría de ellos hombres de familia que llevaron a sus hijos a un momento tan importante como es celebrar un título con la afición, algo que nunca jamás entendrán los madridistas mientras sigan comprando a golpe de talonario unos sentimientos que se tienen, o no hay dinero que valga.


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