2012-01-19 00:01 FC Barcelona Por: Administrador

¿Nadie le va a parar los pies a Pepe?



El primer hachazo del partido se lo dio a Messi en el minuto 3. Para marcar el territorio, no fuera a ser que a Leo le diera por complicarle la existencia. Trece minutos después veía la tarjeta amarilla por pisar con muy mala idea el pie de Busquets. Y tres minutos después saltaba a por un balón abierto disputado con Piqué y caía al el suelto al borde del fallecimiento hasta que consiguió que el árbitro picara y le enseñara la tarjeta a Piqué. Pero en realidad el blaugrana apenas le rozó en el salto con el brazo. Lo que no hay, de ninguna de la maneras es codazo, tal y como simulaba este proyecto de futbolista, y mal profesional,  retorciéndose en el suelo. Al colegiado debió remorderle la conciencia por haberle enseñado poco antes la tarjeta a Pepe y decidió así compensar. Y Pepe contento.

Apenas cinco minutos más tarde se repite la jugada en un corner con Puyol, y éste recibe un codazo de Pepe en el pómulo. Pero el capitán blaugrana no entiende de cuentos ni teatros y sigue el juego como si nada hubiera pasado. Hay clases y clases.  Y con la tarjeta amarilla a cuestas, Pepe no tiene ningún problema para protestarle en la cara al árbitro lo que haga falta. Claro juega en casa y no se atreverá a sacarle la roja en el Bernabéu. Para eso hay que ser extranjero y no era este el caso.



Afortunadamente, Pepe es un gran luchador, mejor golpeador y discreto actor -el cuento lo hace mucho, pero muy mal-, pero pésimo futbolista. Gracias a eso y al amor que le tiene Mourinho, hasta el punto de convertirle en el alma de su equipo, Puyol tuvo la oportunidad de machacar el empate en un gran remate. Pepe estaba allí, pero no se enteró de nada. Quizá porque se trataba de despejar y no de atizar, que es lo suyo. Poco después del empate, el Madrid responde con una entrada criminal de Sergio Ramo a Alexis directa a la tibia. Y, por si acaso, allí acudía, al lugar de los hechos, Pepe dispuesto a iniciar la tangana, su especialidad.

Y mientras Pepe iba repartiendo a diestro y siniestro con total impunidad, el árbitro le enseñaba tarjeta amarilla a Busquets por intentar interceptar un golpe franco desde una distancia no reglamentaria. Pero Pepe quería ver a algún blaugrana expulsado, por eso en un forcejeo con Cesc, que acabó con la mano de este rozando su hombro, Pepe se deja caer en el suelo retorciéndose con gestos de dolor en la cara. Pepe no se ha enterado de que esa jugada vista por cinco cámaras diferentes da el mismo resultado: cuento vergonzoso, teatro del malo, deportividad cero.

Y el fin de fiesta lo reservaba para pisar la mano de Messi de manera asquerosa, porque no se puede decir de otra manera. Disimulando, como aquel que pasaba por allí silbando y, sin querer, pisa con saña la mano de Messi, que se encontraba en el suelo víctima de una tarascada de Callejón. Debió pensar que nadie vería su maldad. No le llega ni para calibrar la repercusión de sus actos. Este hombre no está bien. Desde que el mundo le descubrió con aquella entrada criminal a Casquero, del Getafe, va dando señales de algo no funciona bien en su cerebro y su presencia en un campo de fútbol es un peligro para los demás. Su comportamiento en el clásico de esta noche ha sido vergonzoso. Pero el problema no es sólo él, porque luego sale su entrenador y le jalea y le felicita por el bochornoso espectaculo que ha servido para ensuciar de nuevo la imagen en el mundo del Real Madrid.



Flaco favor le están haciendo al Real Madrid esta pandilla de portugueses. Cuando no es uno es otro. Pero siempre son noticia y nunca positiva. Debe tratarse de eso.


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